El
estrés y la falta de ejercicio físico.
El
aumento de contaminantes, empezando por los metales pesados presentes en el
aire, en el agua y en los alimentos que consumimos.
Una
alimentación que nuestros intestinos no toleran bien y que conlleva la
inflamación del tubo digestivo y la porosidad intestinal, fuente de
innumerables males.



