viernes, 17 de mayo de 2013

Importancia del juego

No pocas veces hemos considerado, los adultos, el juego como "un simple pasatiempo, una manera divertida de pasar el rato" y... poco más. Se nos olvidó lo que ello suponía para nosotros cuando éramos pibitos.
Vamos a pararnos un poco en su significado, en su sentido y en su utilidad (tiene todas estas cualidades y no son carentes de importancia vital).
En esta primera parte abordaremos únicamente el asunto del "juego" y de su importancia, sobre todo en la etapa infantil.

1.- Importancia del juego.

No tiene el mismo valor el juego para el adulto que para el niño o niña.
PARA EL ADULTO:
PARA EL NIÑO O NIÑA:
- Entretenimiento.
- Auténtico trabajo: lo necesita.
- Rato de descanso.
- Ocupación para adquirir experiencia.
- Forma de evadirse.
- Aprendizaje de nuevas formas de expresión.
- Creación, ensayo.
- Identificación con la vida real: imitación.
- …

sábado, 11 de mayo de 2013

¡Mamá!,... ¡¡me aburro!!.

¿Qué hacer ante el grito de «¡Mamá, me aburro!»?.
(Artículo escrito por: M.ARRIZABALAGA ARRIZABALAGA11 / MADRID).

Llenar el tiempo de los niños, solucionándoles cada instante de tedio, coarta su capacidad de pensar e imaginar y les hace más vulnerables ante la adversidad.

El niño debe aprender a soportar el aburrimiento y salir de él solo.
«¡Me aburrooooo!». El temible grito resuena en el pasillo de la casa y el padre automáticamente se enfada recordando al hijo los cientos de juguetes que abarrotan su habitación. Un minuto después intenta entretenerlo de una u otra forma. Todo con tal de no verlo aburrido, sin darse cuenta de su error.
«Los niños deben aprender a soportar el aburrimiento porque es parte de la vida, es un ejemplo más para aprender a tolerar la frustración, la apatía y poco a poco sacar los aspectos positivos que éste tiene», explica la psicóloga educativa Consuelo Coloma del Peso, que constata cómo el aburrimiento «nos permite momentos de descanso y relajación y nos deja hacer actividades como pensar, crear, imaginar... que todo el mundo ve como muy necesarias, pero a las que no dejamos margen».

domingo, 5 de mayo de 2013

Fortalecer la personalidad de los hijos


Hemos estado abordando varios temas afirmando con insistencia la necesidad de "educar en la AUTOESTIMA". Si una persona vive sin esa cualidad o ésta se halla muy deteriorada o mal formada... va a tener serias dificultades para desenvolverse no sólo consigo misma sino también con todo su entorno; razón por la cual hemos querido cargar en ello las tintas porque supone el primer paso, el fundamento sobre el que edificar todo lo demás.
Vamos ahora a entrar en otras claves que ayudarán a complementar esta formación necesaria para nuestros hijos.

Criterios y estrategias educativas que ayudan a la madurez.
“Ayudar a madurar es fortalecer la personalidad”. “Fortalecer la personalidad es ayudar a crecer”.

lunes, 29 de abril de 2013

El modelo de los padres y la autoestima


El escudo de la autoestima.
Todos los padres queremos lo mejor para nuestros hijos: que sean buenos, que vivan felices, que sean competentes, que sean capaces de tener amigos, que aprovechen las oportunidades que se les presenten, que tengan éxito...
La tarea más importante que tenemos como padres es ayudar a los hijos a desarrollar una fuerte autoestima. La autoestima es el escudo que mejor protege ante las asechanzas de la vida: las drogas, el alcohol, las relaciones inadecuadas, la delincuencia y otras conductas asociales... Educar en la autoestima es esencial para prevenir.

martes, 23 de abril de 2013

Lenguaje asertivo


Ser "asertivos" en el lenguaje, en nuestra forma de comunicarnos con los demás, es una habilidad que se puede aprender y aportar grandes beneficios tanto en las relaciones laborales, como sociales, de amistad, de pareja y también con nuestros hijos.
Esta habilidad genera la afirmación propia y la de aquél con quien nos relacionemos; hace que los demás se sientan más a gusto con nosotros porque somos más transparentes, más claros al comunicar los pensamientos y sentimientos; aumenta la confianza en uno mismo y en los demás, reduciendo las posibilidades de agresividad y sumisión; incremente el autocontrol de las emociones y de las reacciones.
Ser más o menos asertivo depende del grado de autoestima que hayamos adquirido; si éste es bajo entonces:

miércoles, 17 de abril de 2013

Aprender a hablar con nuestros hijos


“Cualquier bien escaso es valioso. El elogio, por ejemplo”.

El lenguaje (palabras, expresiones, tono de voz…) que utilizamos en la relación con los hijos es el instrumento más potente que tenemos para edificar su autoestima.
1.- Es muy importante describir su conducta sin juzgarla.
  • Distinguimos entre la valía de nuestro hijo y su conducta. Nuestro hijo no es malo porque pega a su hermana ni es bueno porque comparte juguetes. Es bueno porque existe, porque le queremos y cuidamos, y porque es especial para nosotros. Y es capaz de hacer cosas buenas o hacer cosas inadecuadas, pero no es malo.

jueves, 11 de abril de 2013

Aprender a mirar a nuestros hijos


Ver a los hijos como son.
Primer paso para construir la autoestima de nuestro hijo: verlo como realmente es. Pero eso no es fácil porque a veces "su visión está teñida por nuestras esperanzas o temores, por lo que esperamos que sea, por lo que creemos que debe ser".
Cuando somos capaces de ver con precisión a nuestro hijo, lo recompensamos con una relación más gozosa, con expectativas más razonables y con menos conflictos. Y entonces contribuimos a su autoestima ya que:
1.     Reconocemos sus capacidades y dones específicos: les ayudamos a reconocer qué hay de especial en cada uno y lo reforzamos.

viernes, 5 de abril de 2013

Y... ¿qué es escuchar?

“Escuchar es centrarse en el otro” pero “centrarse en el otro” no es tan fácil: se consigue haciendo un esfuerzo: un vacío de nosotros mismos. Supone hacer callar al conjunto de voces que murmuran dentro de nosotros y que se llaman “recuerdos, remordimientos, alegrías, preocupaciones, prejuicios respecto del otro, sentimientos e ideas diferentes,...”. Por eso es tan difícil ESCUCHAR (a veces creemos que estamos escuchando y lo único que estamos haciendo es “oír” y con dificultades).
Decía un tal “Alemany” que “somos capaces de percibir, elaborar y comprender el mensaje contenido en 600 palabras por minuto, mientras que emitimos normalmente entre 100 y 140”. Eso evidencia que “tenemos mayor capacidad de escuchar que de hablar”, pero como ocupamos gran parte de la mente -tiempo libre mental- con las respuestas ya sabidas, prejuicios, etc... la capacidad de escucha disminuye ostensiblemente.