sábado, 31 de octubre de 2015

Adicción a internet

No es la primera vez que abordamos este tema, ya lo hicimos en "Uso educativo de internet", pero sigue habiendo demanda de este asunto buscando "pautas más concretas" que las que en aquel artículo proponíamos. Las sugerencias recibidas no van a caer en saco roto así que... allá vamos:
  • ¿De qué nos está hablando este artículo?, ¿qué nos llama la atención?.
  • ¿Por qué ha sido publicado este artículo en la sección de "SALUD, Psiquiatría Infantil"?. ¿Qué nos está diciendo esto?.
  • ¿Hay elementos de juicio suficientes para darle importancia a este tema?.
  • ¿Es la adicción a internet menos grave que lo que pueda ser a cualquier droga?.
Un vistazo a nuestra realidad.

La adicción a internet no es cualquier cosa: provoca daños cada vez más graves tanto en la psicología de la persona como en su capacidad para relacionarse con las demás personas, incluso en su desarrollo físico.
Salir de esta adicción no es tampoco sólo cosa de dejar de navegar y ya está; existe un proceso muy similar al que se sigue en toda adicción y provoca los mismos daños en cualquier familia en la que se produzca esta adicción como los que pueda provocar cualquier droga.
Pero hay otras cuestiones a valorar ya que el excesivo tiempo dedicado a estar pendiente de la red a través de ordenadores, telefonía móvil, etc... lleva a:
  1. Aumentar el riesgo de acoso escolar (grooming, sexting, cyberbullying). Hace sólo una década quien sufría acoso escolar por parte de algunos compañeros del colegio o instituto lo sufría en las horas de clase y hasta el día siguiente no volvía  a ver a sus acosadores ni recibía de ellos mensaje alguno, pero en la actualidad ese acoso es constante, las 24 de cada día, a través de las redes sociales, WhatsApp, SMS,... y se realizan vídeos, fotos, grabaciones de voz,... a escondidas y luego se suben a la red, etc... Y cuando por fin se logra borrar todo eso... el daño ya está sobradamente hecho.
  2. Agravarse los problemas de salud tanto físicos como psíquicos. Tratar de restringir a partir de ese agravamiento el uso abusivo de sus dispositivos conlleva a aumentar las tensiones y alterar las relaciones padres-hijos; no obstante... algo hay que hacer antes de dejar avanzar al problema.
  3. Disminuir el tiempo dedicado a los estudios al dedicar un promedio de más de dos horas diarias a internet a través de cualquier dispositivo y programa conectado a la red. Esto supone necesariamente un serio recorte en el ejercicio de la responsabilidad de los estudiantes (ya que esas más de dos horas diarias no son precisamente para "estudiar") y, por lo tanto, influirá negativamente en los resultados académicos.
  4. Crecer y expandir la vanalización de la sexualidad y cosificación de las personas a través del cybersexo. La pornografía se ha desarrollado exponencialmente a través de la red; la palabra "sexo" es la más buscada en la red y dentro de los 4,2 millones de páginas-web dedicadas a la pornografía hallamos un abanico inmenso de posibilidades, incluyendo pederastia, pedofilia, prostitución e incluso trata de personas camuflada de simple comercio con el sexo.
  5. Aumentar las pérdidas en empresas en las que hay empleados (peones y directivos) adictos a la red que llevan a disminuir rendimiento global, pérdidas millonarias e incluso despido de trabajadores.
  6. ...
¿Tienen nuestros hijos consciencia de todo lo que esto es y supone?.

Dicen quienes acuden a los centros docentes dando charlas al respecto y advirtiendo de estas cosas que "hay un gran desconocimiento de los riesgos en los cuales los menores incurren; tampoco son conscientes del alcance que puede tener el cyberbullying: lo que para algunos es una broma sólo "medio pesada" para quienes la sufren es un palo irreparable -porque lo es-".
En muchas ocasiones, añaden, "los adolescentes observan en esto la mayor naturalidad del mundo y no con poca frecuencia aseguran que en casa lo hacen también sus padres y... no pasa nada".
Cada vez en más casos de desapariciones "misteriosas" de niños y jóvenes -sobre todo chicas- se han descubierto relaciones de estos menores con gente que en realidad no eran quienes decían ser:
En las redes sociales, añaden, "nadie es quien dice ser; detrás de un nombre de mujer y de una edad adolescente puede haber un hombre de 40 ó 50 años o de menor edad que sabe muy bien a lo que va y cómo lo quiere conseguir".

Y... ¿qué hacemos?.

¿Eliminamos internet de los hogares?. ¿Atiborramos los equipos informáticos de sistemas de seguridad para que los hijos no entren en determinadas páginas o servicios?,...
La clave está en EDUCAR EN EL USO RESPONSABLE DE LA RED y de los dispositivos conectados a ella, ni más ni menos.
¿Por qué?,... pues porque aunque en casa echemos el cerrojo de mil maneras ese apaño no servirá cuando nuestros hijos estén fuera de casa y con el agravante, además, de que ni siquiera podremos tener ni idea de lo que ellos hacen en esos lugares.

Y... ¿cómo hacemos para "educar en el uso responsable de internet"?.
Vamos a insistir en algunas ideas en las que ya entramos en su día, pero también añadiremos algunas más en esta entrada:
  1. Informarnos nosotros mismos de lo que es la red y de sus casi infinitas posibilidades, riesgos, ventajas e inconvenientes.
  2. Informar a nuestros hijos de esto mismo pero de manera positiva más que negativa: darles pautas para manejarse en la red teniendo en cuenta el "para qué" y "cómo" para rentabilizar tiempos y esfuerzo; para que ello les suponga un beneficio y no lo contrario.
  3. Razonemos con nuestros hijos el porqué y, sobre todo, el para qué de nuestra propuesta al respecto y busquemos su implicación: propuestas que salgan de ellos mismos y prácticas coherentes que sirvan para un control y autocontrol efectivo en el uso de internet.
  4. Establezcamos unos mínimos familiares en los que todos, padres e hijos, nos comprometamos para llevar a cabo un uso no adictivo ni perjudicial para miembro alguno de la familia:



    • Marcar unos tiempos específicos de uso del móvil, ordenador, videojuegos,... a lo largo de la semana de tal manera que nunca los sobrepasemos y se acoten en unos horarios determinados.
    • Determinar, por ejemplo, que en cuanto llegue el momento de la merienda en casa se dejan los móviles en un cestito apagados completamente, y sólo se emplearán al finalizar las tareas que haya que realizar y durante unos minutos a la hora fijada.
    • En las horas de las comidas, no dejar jamás abierta ni la televisión ni tampoco aparato alguno conectado a internet; que las horas de la comida sean espacios para comunicarse, COMUNICARSE, la familia entre sí, más que en ningún otro momento del día.
    • Jamás encerrarse nadie en su habitación o en el baño con el móvil, comprometerse a dejarlo fuera.
    • El ordenador con acceso a internet... en un espacio común, no en las habitaciones.
    • ...
Y también:
  1. Busquemos el objetivo de que nuestros hijos ejerzan el autocontrol y aprendan a superar la ansiedad "por no tener el móvil u otros aparatos electrónicos pegados a sus manos a cada segundo".
  2. Siempre y en todo caso, inculquemos el respeto sagrado que merece toda persona, de tal manera que jamás se pueda decir de ellos que actuaron como verdugos de otras personas ni como cómplices de otros en ese acoso que otras personas puedan sufrir.
  3. Al mismo tiempo, enseñémosles a defenderse y prevenir el cyberacoso por parte de otros: evitando dar datos personales a través de las redes sociales (imagen real de su personas, nombres reales, señas de localización geográfica, etc...).
  4. Fomentemos la realización de actividades de tiempo libre en las cuales participemos todos sin necesidad de que intervengan videojuegos, móviles, etc... aportando con ello alternativas que mejoren la convivencia, la comunicación directa, real -no virtual- entre las personas.
  5. Y, sobre todo, seamos ejemplo para nuestros hijos. Si a los adultos nos puede llegar a costar despegarnos de un móvil... ¡cuánto más a nuestros hijos!. Prediquemos con el ejemplo: demostrémosles con los hechos y actitudes cómo vivir sin depender del móvil ni redes sociales, etc...
  6. ...
    PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR:
    PARA LA REFLEXIÓN EN FAMILIA:
    • ¿Sospechamos que podemos ser nosotros mismos adictos al móvil, a internet, al ordenador?. Busquemos información sobre el tema de los "síntomas" y veamos si se cumplen en nosotros.
    • ¿Sospechamos que alguno de nuestros hijos es adicto a internet, móvil,...?, ¿en qué lo notamos?. ¿Qué hemos hecho hasta la fecha para ayudarle a descubrir esa dependencia?, ¿ha funcionado?; si no ha funcionado ¿cuáles pueden haber sido las causas?.
    • ¿Qué podemos hacer cuando un hijo presenta claros síntomas de adicción, la reconoce pero no sabe cómo salir de ella?. ¿Qué recursos sociales conocemos que pueden orientarnos y ayudarnos a ayudar a nuestro hijo a salir de esa adicción?.
    • ¿Conocemos los nombres y contraseñas que nuestros hijos utilizan en las redes sociales, correo electrónico y...?. Puede ser perfectamente que nos fiemos totalmente de nuestros hijos pero ¿nos fiamos de todos sus contactos, sobre todo de aquéllos que no sabemos quienes son realmente?; si no es así,... algo habrá que hablar con nuestros hijos.
    • ¿En qué nos tiene que hacer pensar que un hijo o hija busque más el contacto con "amigos" irreales que con quienes estamos cada día a su lado?. ¿Cómo hacer cambiar esto?.