lunes, 2 de junio de 2014

Vivir la Eucaristía en familia

Si tenemos necesidad de conocer con amplitud y profundidad el significado del sacramento de la Eucaristía habremos podido comprobar que en internet hay ya sobrada información al respecto desde diferentes perspectivas y con distintos acentos, pero podemos hacer de todo ello una síntesis más que decente.
No obstante, hay dos formas mucho mejores de documentarse:
  1. Nuestra propia experiencia. Es viviéndolo, participando en las celebraciones eucarísticas, que mejor podremos llegar a conocerlo.
  2. Buscando recursos formativos presenciales. En nuestra propia parroquia o diócesis. Ellos nos permitirán afrontar al instante cualquier cuestión que al respecto se nos plantee al mismo tiempo que interactuamos con otras personas interesadas en el mismo contenido. El "aprendizaje colaborativo" es una herramienta de grandes posibilidades.
Es importante también que detectemos primero cuáles son nuestras lagunas, nuestras dudas al respecto, las necesidades,... pues de esta manera podremos dirigir mejor nuestros pasos y también podremos ser mejor ayudados.
Con este artículo pretendemos también apuntar hacia la "educación en la fe de nuestros hijos en relación con la Eucaristía".

"Vamos a Misa".

Con esta expresión estamos diciendo: "Vamos a dedicar un rato a nuestra relación con Dios pero no a solas cada uno con Él sino en familia, en comunidad con nosotros mismos pero también con otras familias que acudirán como nosotros a participar de la celebración de este sacramento; vamos además con el convencimiento de que acudimos respondiendo a una llamada, una invitación a VIVIR la Cena del Señor,... con todo lo que ello significa".
Pero nuestros hijos no siempre adoptan una actitud receptiva y se muestran críticos, reticentes y nos sueltan argumentos que... en parte compartimos, o hemos expresado alguna vez también nosotros:
- "Es que me aburro, siempre parece todo lo mismo".
- "No me gusta porque no entiendo nada, dicen palabras muy raras".
- "¿Para qué?, estamos allí una hora que podría emplear en hacer los deberes o irnos a jugar al parque".
Y nosotros, los padres, cuando ellos no manifiestan disposición positiva acudimos a mil argumentos más o menos razonables pero nos descorazona su falta de motivación y tampoco sabemos cómo darle la vuelta a esto.
¿Por qué sucede esto?. Los niños nos dan las pistas para poder entender:
  1. El formulismo repetitivo hace parecer que todo es lo mismo... (cuando en realidad sabemos que no es así); ellos lo perciben así no obstante.
  2. Hay un amplio desconocimiento de la simbología, de su significado y de su conexión con los lenguajes y signos de hoy.
  3. Si no hay "actualización de lenguajes, no hay conexión eficiente con su sentido". Utilizando el lenguaje informático: es "como intentar hacer funcionar bien un programa de última generación en la base de un sistema operativo que funcionaba perfectamente para programas de su época... pero no tenía previsto esto de ahora mismo".
  4. Y sobre todo: Estas respuestas, sobre todo la del "para qué", nos hablan de "falta de conexión de nuestra vida cotidiana con la Eucaristía y su significado". Aquí está el núcleo del problema.
Algunas sugerencias para ir cambiando la situación.

Sin ánimo de dar recetas, porque no las hay, vamos a enumerar al menos algunas propuestas:
  1. Vivir nuestra fe. Hacer vida lo que creemos y de manera especial el significado de la Eucaristía. Ésta es la primera, principal e insustituible manera de animar a nuestros hijos a darle importancia a participar de la celebración eucarística.
  2. Asumiendo que somos los primeros y principales catequistas de nuestros hijos, hagamos diálogo con ellos de este sacramento:
    • Acogiendo sus dudas y tratar de resolverlas buscando juntos una respuesta.
    • Dialogando sobre la Palabra de Dios escuchada en la Eucaristía, de lo que ella nos está diciendo, de su eco en nuestra vida cotidiana.
    • Compartiendo nuestras percepciones sobre lo que hemos visto, escuchado, sentido y vivido.
    • Buscando juntos alguna implicación práctica a vivir a lo largo de la semana relacionada con la Eucaristía vivida.
  3. Tengamos una relación más estrecha con la Comunidad cristiana de base o Comunidad parroquial, de manera que "podamos compartir los padres y madres todas estas cuestiones y aprender unos de otros maneras de afrontar mejor nuestra labor catequética o de educadores en la fe de nuestros hijos".
  4. Presentemos siempre y en todo caso la participación en este sacramento como:
    • "Una oportunidad de crecer en unidad consigo mismos": Jesús ha venido para curar a los enfermos no a los sanos. Por lo tanto recibirle a Él no es un premio sino una necesidad. Nuestros hijos -como nosotros- necesitan ver en Jesucristo alguien que les reconcilia consigo mismos, alguien que les acoge como son y les devuelve la paz que sólo Él puede dar.
    • "Una ocasión de unirse más a Jesús": recibiéndole en la Eucaristía forman uno con Él.
    • "Un medio para vivir la unidad con el resto del pueblo de Dios": Si todos le reciben, si participan de Él en la Comunión,... todos somos uno con Él y en Él.
    • "Camino y fortaleza para vivir en el mundo con las mismas actitudes que vivió el Maestro de Nazaret": Somos en la Comunión enviados a Anunciar el Reino de Dios COMO Jesús lo hizo, amar COMO Jesús lo hizo.
Y una última recomendación más:
Si bien es cierto que la Iglesia Cristiana Católica insiste mucho por activa y por pasiva en la necesidad de que el pueblo cristiano participe de este sacramento, al menos los domingos y "fiestas de guardar", no lo hace por obsesión del cumplimiento de una norma sino por la "convicción profunda de cuán importante y esencial para un cristiano es vivir este sacramento".
Si presentamos este sacramento sólo como una obligación... acabaremos creando la idea de que "es una cosa más, una carga, una obligación más,...". Cuando alguien que nos ama, como Dios nos ama, nos invita a participar de su vida ¿cómo puede entenderse que lo que motive nuestra adhesión a Él sea sólo una obligación que nos imponemos?.
No es ése el sentido de las recomendaciones de la Iglesia sino el de la coherencia con lo que Jesucristo significa para nosotros.
La participación en la Eucaristía es una oportunidad para el gozo, la alegría del ENCUENTRO con Él, con el resto de la Comunidad y fuente de vida cristiana. Ése es el sentido de tanta insistencia en que participemos en ella.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN:
  • ¿Qué nos contestan nuestros hijos cuando les decimos: "Vamos a Misa"?.
  • Si, por el contrario, son ellos quienes desean "ir a Misa" y somos nosotros los remolones... (suele suceder en algunas familias que llevaron sus hijos a la parroquia para la catequesis infantil y una vez que el hijo o hija tomó la 1ª Comunión ya se olvidaron completamente de la parroquia) ¿qué nos indica esto?, ¿qué podemos hacer?.
  • ¿Cómo hemos interpretado hasta ahora esto de "ir a Misa todos los domingos y fiestas de guardar"?. ¿Cómo ha influido o influye esto en nuestros hijos?.
  • ¿Hacemos conversación de este tema ("educar en la vivencia del sacramento de la Eucaristía") con otras familias de nuestra parroquia o comunidad cristiana?, ¿qué conclusiones obtenemos?.
PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR: