martes, 23 de julio de 2013

Programas terapéuticos y rehabilitación

Del mismo modo que a cada herida, enfermedad, situación problemática -la que fuere- le corresponde un tratamiento específico, lo mismo es aplicable a un problema de adicción a las drogas.
Razón por la cual ante un problema de adicción a las drogas tendremos que atender a la realidad concreta de la cual partimos y de las necesidades que observamos; a partir de ahí buscaremos aquellas respuestas que mejor se adecuen a estas necesidades.

Orientación y asesoramiento.
Es la primera medida que debemos tomar.
Ante un problema de adicción a las drogas ya evidente una de las primeras cosas que los padres y madres hemos de hacer es buscar ayuda para aprender a sobrellevar esta situación y poder ayudar adecuadamente al hijo víctima de esa adicción (no es fácil, menos aún si estamos solos).
Si el hijo nos plantea que quiere dejar el consumo de drogas el paso siguiente es ponernos a buscar el recurso que más se adecue a sus necesidades, a su realidad y a las metas que queramos alcanzar.
Proponemos la lectura de los siguientes artículos:

¿Qué hay ahora mismo al respecto?.
Ofrecemos a continuación información general que nos pueda ser de utilidad. Algunos documentos son bastante extensos pero consideramos que es buena una lectura atenta de cada uno de estos materiales:
En todos los ayuntamientos y comunidades autónomas existen departamentos a los que podemos acudir para recibir información de todos los recursos sociales públicos y privados a los que podríamos tener acceso y que responden a las situaciones que podamos presentar.
A continuación vamos a referirnos especialmente a algunos programas que por su integralidad de su intervención y su eficiencia en el trabajo desarrollado merecen un capítulo aparte:



Otros programas de especial interés (alcoholismo, drogadicción, ludopatía,...):
¿Cómo ayudamos los padres y madres en este proceso de rehabilitación?.


Ayudándonos a nosotros mismos.
Habrán observado que en los  aviones hay unas marscarillas de aire para poder respirar en caso de despresurización; el consejo de las compañías aéreas es que en caso de tener que utilizar este recurso "los primeros en colocarse esas mascarillas hemos de ser nosotros, los adultos, y cuando ya las tengamos bien aplicadas es entonces cuando se las ponemos a los  hijos (obviamente ambas cosas con rapidez... pero en ese orden). ¿Por qué?,... pues muy sencillo: "si no estamos bien nosotros no podemos ayudar a estar bien a los demás".
En el caso de cualquier adicción existe la misma lógica: "Si nosotros no estamos bien, es imposible que podamos ayudar adecuadamente a quien está mal también". Así que:
  1. Si tenemos alguna adicción lo primero es liberarnos de ella.
  2. Si no la tenemos pero sí alguno de nuestros hijos, busquemos ayuda, asesoramiento, orientación, formación para saber llevar el proceso ayudando en vez de empeorar más todavía las cosas.
Buscar y elegir el recurso más adecuado a la realidad y necesidades de nuestro hijo.
En este proceso es importante que se implique nuestro hijo tanto o más que nosotros; intentemos no resolverle el problema sin más, mucho menos sin él.
Necesitamos pues crear o mantener tal comunicación entre nuestros hijos y nosotros que podamos sentarnos, analizar la situación, ver alternativas, comparar pros y contras de cada alternativa, resolver dudas al respecto y finalmente optar por aquella solución que más satisfaga a todos.

Establezcamos y vivamos reglas eficaces.
Lo primero que debe quedar claro entre el hijo y nosotros es que "sea cual fuere la decisión tomada en la que ambos estemos de acuerdo, nosotros apoyaremos totalmente esa opción siempre y cuando también nuestro hijo se comprometa a cumplir su parte sin subterfugio alguno". Debe haber correspondencia total.
Pactemos de manera concreta esos acuerdos y llevémoslos a la práctica a rajatabla. Las normas no deben ser muchas sino pocas pero siempre muy claras, concretas y les debe acompañar siempre una sanción cuando éstas no se cumplan para que sean eficaces. (Las sanciones no persiguen "hacer sentir mal", menos aún el descargar frustraciones, sino reforzar la reflexión sobre lo realizado e impulsar cambios en la actitud que sean más beneficiosos para la persona).
En esto nos ayudará plenamente el proyecto o programa que hayamos elegido: él mismo nos irá pautando esas normas y la manera de controlar que se cumplan (para nuestro bien y el de nuestros hijos).
Mantengamos pues también un diálogo constante con este proyecto o programa: honestidad, complementariedad, apoyo y refuerzo mutuo son las claves de esta relación.

Trabajémonos a nosotros mismos.
"No es una desgracia haber llegado hasta aquí". Perdonen quienes han vivido calvarios e infiernos sin cuento a causa de las adicciones si nos atrevemos a decir esa frase, pero lo creemos plenamente, porque aunque el camino andado hasta este instante de agradable no ha tenido nada... al menos nos ha puesto en crisis, nos ha situado en un espacio nuevo, nos ha desinstalado y ha situado nuestras vidas ante una necesidad urgente de cambio, nos está llevando a replantearnos todo,... incluso el sentido de nuestras vidas y de todas nuestras cosas.
Aprovechemos el momento, las nuevas circunstancias, el mismo programa al que nos hemos apuntado, participemos en él con entusiasmo no como "una cosa más que hay que hacer" sino como la ocasión de emprender también en nosotros un proceso de renovación, reconstrucción personal y familiar, con valores renovados y más auténticos, pero... ¿por qué?, ¿para qué?.
  1. Porque la experiencia nos ha enseñado ya los frutos de esquemas o formas de hacer y de estar en el mundo que no nos hicieron felices.
  2. Para que este hijo nuestro que parecía perdido vuelva a nosotros pero no a lo que le llevó a perderse sino a una realidad nueva con la que pueda ilusionarse tanto como todos los demás.
PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR: