domingo, 29 de marzo de 2015

La externalización

«La pequeña nube desapareció, la tristeza se fue… Archibaldo levantó la nariz hacia el cielo y sintió como un rayito de sol le acariciaba» (Cuento “La pequeña tristeza” - Anne Herbauts).

Leamos los extractos de cuento que se muestran a continuación. Debemos fijar la atención en la emoción que sienten los protagonistas (la tristeza) e intentar discriminar dónde está la diferencia esencial de la narración:
Esta es la esencia de la herramienta que vamos a compartir a continuación. Externalizar un problema consiste en sacarlo fuera de la persona, hablar como si estuviera fuera de él, poniéndole un nombre y diferenciarlo de la persona misma.
Es la creencia, como hemos comentado ya en varias ocasiones, que las personas son las personas y los problemas son los problemas (White y Epston, 1991; Freeman y Epston, 2001; Payne, 2002). Esta sencilla frase refleja una gran idea de fondo, con grandes repercusiones a la hora de considerar a las personas y, por consiguiente, a la hora de entablar determinadas conversaciones con ellas.

Planteamientos erróneos.

Se nos vuelve a encender una lucecilla en nuestras cabezas que nos avisa de que algo no funciona. Esa luz es la de las etiquetas, los diagnósticos, los carteles que le colgamos a los niños, chicos, otros padres y madres, profesores,… que les hace asumir la condición de esa etiqueta como si fueran ellos mismos y que usamos tanto: "niños hiperactivos, vecinos ruidosos, chicos desafiantes, adolescentes malcriados", y tantas y tantas expresiones que hemos oído y utilizado. Planteémonos seriamente las siguientes cuestiones:
  1. ¿Qué motivación para cambiar estamos inyectando en un niño o un adolescente cuando le llamamos de esa manera?.
  2. A pesar de que lo que deseamos es que cambie, ¿qué mensaje le damos cuando le hacemos creer que el problema está dentro de él, que él es así, que tiene esa etiqueta o ese diagnóstico?.
  3. ¿Qué margen de maniobra tenemos o le damos al hijo para empezar a producir cambios?.
  4. ¿Qué tipo de pensamiento lineal ayuda a sentir algún tipo de autoría, capacidad o posibilidad de cambiar o mejorar la situación?. (Capítulo aparte pero relacionado es el de las calificaciones: ¡cuánta obsesión incluso institucional en la escuela por calificarlo todo y además hasta el extremo de la casuística que quieren que sea universal -cuando cada persona es un mundo aparte- bajo la excusa de una supuesta “objetividad” que nunca será porque en cada trabajo hay mucho más que lo evidente y en cada conducta o reacción, en cada destreza o habilidad manifiesta en unos momentos y lugares hay también muchísimo más que lo concreto, palpable o constatable!. Clasificamos, encasillamos,... llegamos a creer que un niño es capaz de tal o cual cosa según nuestras formas de evaluarle y nos atrevemos incluso a aventurar cuál va a ser su futuro según nuestra evaluación hecha en un momento y circunstancias determinadas sin tener en cuenta que ese niño puede reaccionar de mil maneras distintas y cuando él lo quiera echando por tierra todas nuestras previsiones).
No ayudamos mucho así. Es una contradicción: queremos que nuestros hijos cambien pero introducimos el problema en su interior, lo que los convierte en un problema que no se puede cambiar, o que si cambia es a través de un cambio en lo más profundo de su ser. La mayoría de nosotros nos resistiríamos a un cambio de esta naturaleza.

Cambiando el enfoque.

Sin embargo, si utilizamos la metáfora de situar fuera de la persona el problema, todo cambia: convertimos el problema irresoluble en resoluble; transformamos algo difícil en fácil, algo interno y permanente en algo contextual y relacional. Podemos provocar cambios desde muchos “lugares” y “posiciones”, podemos formar equipo con otras personas para luchar contra “aquello”; y se abren las puertas y los caminos para acercarnos al cambio. Las palabras se vuelven magia. Hacemos magia con las palabras y el lenguaje.
Observa el siguiente video que versa sobre las etiquetas-diagnósticas utilizadas en los niños. Se trata de un video-spot de Citizens Commission on Human Rights International:
Pasos para externalizar un problema.
  1. Se escucha la historia del problema, a través de la Escucha Activa, la Validación, las Preguntas: “¿Qué es lo que te preocupa?, ¿cuál es la dificultad?, ¿Qué te gustaría mejorar?, etc.”.
  2. Identificamos la narración limitante y le ponemos un nombre, desde lo general a lo concreto y, o bien acordamos ponerle un nombre con el hijo o bien ya está puesto y lo usamos externalizando. Ejemplo: “Después de escuchar todo esto, parece que la 'desgana' o la 'mala fama' está influyendo en tus ganas de atender en clase”, “¿Cómo sueles llamar a esto que te preocupa o que te molesta?” “¿Cómo podríamos llamarlo?”.
  3. Identificar el contexto relacional de la narración limitante, es decir, la influencia del problema en la vida de la persona, explorando cuál es la pauta del problema (conductas, emociones, pensamientos), las relaciones con los demás, etc., haciendo preguntas circulares: “¿Qué te impide hacer “la mala fama” en clase?, ¿Qué sentimientos te produce “la desgana” cuando se apodera de ti?, ¿Qué pensamientos mantienen a “la tristeza” en estas situaciones?, ¿En qué momentos, lugares, circunstancias se apodera “la rabia asquerosa” más de ti? ¿Cómo afecta a tus compañeros “la desgana” que se apodera de ti?, ¿Ese “mosquito feo y peludo que te pincha y te inyecta el virus del mal comportamiento”, qué más te hace sentir, hacer y pensar? ”.
  4. Seguir separando a la persona del problema, creando distancia entre ambos, conociendo otras facetas de los efectos del problema, conociendo lo que representan estos efectos para la persona: “¿Con qué aliados cuenta “la mala fama”?, ¿Qué porcentaje de poder tiene sobre ti “la desgana”?, ¿En qué otras facetas de tu vida influye?, ¿Qué significa todo eso para ti?, ¿Cuándo hablas de esta manera es “la voz del problema” o tú misma quien habla?”. Se puede hacer una lista de efectos que produce el problema en la persona y su entorno.
  5. Ayudar a la persona a que decida luchar contra el problema. En niños puede ser algo explícito: “Este “pipí traicionero” es muy fastidioso, ¿le declaramos la guerra, luchamos contra él para que te deje en paz?”, pero con adultos a veces no es necesario, este espíritu de lucha ya está implícito en la conversación.
  6. Identificar un logro aislado (es buscar excepciones). En este momento se buscan excepciones o avances, alguna situación significativa para la persona: “¿En qué ocasiones mantienes a “la mala fama” alejada?, ¿En qué facetas de tu relación no te domina “la desgana”?, ¿En qué momentos has logrado separarte de la opresión de “la rabia asquerosa”?, si le preguntara a tu profesor/a sobre estos momentos, ¿qué dirían ellos?”. Si no hay excepciones totales, entonces se buscan las sutilezas: “Es posible que en algunos momentos “el mosquito peludo y feo” esté más débil por algún motivo ¿puedes hablarme de esos momentos? ¿cuándo te pica menos? ”. Si no hay excepciones, se buscan soluciones intentadas ineficaces para bloquearlas o secuencias problema: “Cuando aparece la “mala fama”, ¿qué haces para alejarla de ti?, ¿Te funciona?, Cuéntame cómo “te ataca”, qué pasa primero, después, cómo acaba, qué piensas, sientes o haces…”.
  7. Explicar el logro aislado. Se intenta dar locus de control, que la persona asuma el control en la lucha contra la situación-problema y lo que le ayuda: “¿Cómo lograste controlar a “la rabia”?, ¿Qué motivos, intenciones o deseos te llevaron a ello?, ¿Qué pensaste, sentiste o hiciste?, ¿Qué fue lo que te ayudó?, ¿Quién hizo algo y a quién con respecto a esta nueva situación?, ¿Qué significa para ti que lo consiguieras?, ¿Y qué crees que significa para tus profesores y nosotros, tu familia? ¿Qué crees que piensan tus compañeros del colegio de todo esto?”.
  8. Posibilidades sobre otros logros. Se consigue hablando del contexto con preguntas circulares y del futuro, con preguntas presuposicionales sobre el hecho aislado y su explicación: “¿Qué conocimientos te aporta esta nueva situación?, ¿Y qué posibilidades?, ¿Es esto lo que necesitas que siga pasando para que te sientas bien, para que “la mala fama” que te persigue en el colegio se marche?, ¿Qué crees que debes seguir haciendo o pensando?, ¿Qué has descubierto?, Cuando esto sea lo habitual ¿cómo te sentirás, qué harás y qué pensarás?, ¿Qué dirán los demás y cómo reaccionarán?, ¿Cuáles son los siguientes pasos que podrías llevar a cabo?, ¿Qué va a pasar cuando hayas vencido totalmente a “la mala fama”?”.
  9. Difusión de logros y posibilidades. Para terminar: “¿Qué significa lo que has conseguido para ti?, ¿Y para la gente que te quiere?, ¿Cómo va a ayudarte esto en otras facetas de tu vida?, ¿Qué has aprendido o descubierto de ti?, ¿Qué posibilidades te abre a las relaciones con tus compañeros, a las relaciones con el profesorado de tu colegio?”. Una vez alcanzado el objetivo, realizamos este tipo de preguntas para que el niño/a, adolescente elabore una nueva narrativa de la situación-problema en versión solucionada.
  10. En este momento se utilizan las re–narraciones. Consisten en conseguir que otras personas significativas del niño/a o adolescente escuchen su historia desde la certeza de quien se ha superado y alcanzado sus logros. Se puede utilizar a través de una narración o los documentos elaborados al efecto: diplomas de felicitación (sobre todo con los niños), y cartas explicando su proceso para ayudar a otras personas a superarlo (se convierten en expertos para luchar contra ese problema).
Para que nos hagamos una idea de cómo podría ser... veamos este ejemplo:
La Externalización es una herramienta que puede utilizarse desde el principio de la conversación, desde el momento en el que hablamos de la situación-problema, antes incluso de construir la demanda. Después se puede hacer todo lo demás: hacer proyección al futuro, buscar y ampliar excepciones, etc., mientras se externaliza, es decir, es una herramienta que puede usarse transversalmente a todas las demás.
Como resumen y para concluir, podemos decir de la externalización que:
  1. Es la herramienta estrella de las intervenciones más narrativas: “somos lo que hablamos”.
  2. Se trata de situar el problema fuera de la persona, dándole un nombre y hablando de su influencia en su vida y de cómo será su vida sin su influencia.
  3. Crean disonancia y distancia entre la persona y el problema.
  4. Ayuda a asumir el control de la situación.
  5. Disminuye los sentimientos de culpa y predispone hacia el cambio.
  6. Amplía los recursos de las personas y consigue disminuir la influencia de los problemas.
  7. Se trata de deconstruir esas narraciones que nos atrapan y construir nuevas narraciones que nos den esperanza.
Para utilizar esta técnica es necesario que esté ajustada a la persona, que la persona entienda el discurso, que le encaje en su forma de ver las cosas. No hay una fórmula concreta para realizar la externalización, surgirá del discurso y la imaginación de la persona con la que hablamos y de nuestra habilidad para integrar sus aportaciones con los objetivos que buscamos alcanzar.
(Basado en la documentación del Curso "Comunicación y Convivencia en las relaciones familiaalumnadocentro". Desde la óptica del Modelo SistémicoNarrativo.