jueves, 11 de abril de 2013

Aprender a mirar a nuestros hijos


Ver a los hijos como son.
Primer paso para construir la autoestima de nuestro hijo: verlo como realmente es. Pero eso no es fácil porque a veces "su visión está teñida por nuestras esperanzas o temores, por lo que esperamos que sea, por lo que creemos que debe ser".
Cuando somos capaces de ver con precisión a nuestro hijo, lo recompensamos con una relación más gozosa, con expectativas más razonables y con menos conflictos. Y entonces contribuimos a su autoestima ya que:
1.     Reconocemos sus capacidades y dones específicos: les ayudamos a reconocer qué hay de especial en cada uno y lo reforzamos.
2.     Comprendemos su conducta en el contexto de quienes son ellos y la entendemos correctamente: no interpretamos la timidez como una muestra de inamistad o la necesidad de intimidad como rechazo. Incluso las conductas negativas se vuelven más comprensibles.
3.     Si hay que cambiar alguna conducta, nos centramos en las importantes: las perjudiciales para ellos, las que les aíslan socialmente, las que molestan a la familia…
4.     Quienes se sienten entendidos y aceptados realmente por sus padres, en lo bueno y en lo malo, son más auténticos: no tienen que ocultar nada por temor a ser rechazados.
Aprender a ver al propio hijo.
Para aprender a ver realmente a nuestros hijos y contribuir a su autoestima podemos realizar el siguiente ejercicio, que nos ayudará a entender lo que encontramos en ellos. Recomendamos llevarlo a cabo en grupos de padres y madres siguiendo las pautas que se indican en las propuestas de actividades. Es todo un proyecto que puede durar varios meses. Durante ese tiempo se puede compartir en el grupo cómo le va a cada uno, qué ha descubierto, qué le cuesta llevar a cabo, qué resultados va obteniendo…
El conocerles no es fácil a veces, les miramos deseando que sean como nosotros queremos y no les vemos como son en realidad; necesitamos aprender a aceptar su realidad y así poder ayudarles.
Les proponemos en esta ocasión un "aprendizaje desde la experiencia":

¿Cómo se está manifestando nuestro hijo?:
1º)- Descripción por escrito.
La descripción será lo más detallada posible. He aquí algunas pautas:
  • Cómo es en su aspecto físico: retrato completo.
  • Cómo actúa con los demás: en la familia, con los amigos…
  • En qué destaca…
  • Qué fallos tiene…
  • Qué le enfada, qué le pone contento.
  • Qué supone un reto para él.
  • Qué le gusta hacer cuando está solo.
  • Cómo se comporta en la escuela.
  • Cómo satisface sus necesidades de seguridad, satisfacción, afecto…
  • En qué se parece a nosotros mismos, y en qué se diferencia…
  • Qué es lo que más nos molesta de él…
  • Cuáles son sus gustos: música, deportes, cine, juegos de ordenador, libros, asignaturas…
  • Qué prefiere: situaciones estructuradas o libertad, orden o caos, salir o quedarse en casa…
  • Cuáles eran y cuáles son sus frases o expresiones más repetidas…
  • Cuáles son sus rasgos característicos…
  • Alguna anécdota significativa de su infancia…
- Comenzamos a escribirlo un día y lo dejamos reposar. Lo releemos durante la semana y vamos añadiendo nuevos aspectos o detalles en los que no habíamos caído.
- Como si buscáramos el tesoro de sus talentos, completamos la descripción con las opiniones de otras personas que conocen a nuestro hijo: maestros, amigos, padres de los amigos… Les preguntaremos directamente (si lo vemos conveniente) "qué les llama la atención, qué recalcarían de él…" Y de seguro que nos alegraremos al descubrir mil detalles y cualidades que nosotros no habíamos descubierto.
- Nos fijaremos también y sobre todo en sus dotes potenciales y seremos sinceros con sus limitaciones, hábitos molestos y fuentes de conflicto…

2º)- Lista de cualidades.
Con esas cualidades, elaboramos dos listas, una al lado de la otra.
  • Cualidades positivas: habilidades, intereses, talentos, áreas potenciales de crecimiento que queremos fomentar.
  • Aspectos negativos: límites, malos hábitos, problemas potenciales…
3º)- Reforzar lo positivo.
Una estrategia clave para cultivar la autoestima es reforzar las cualidades reales positivas. Cada vez que reforcemos esa conducta, con elogio, recompensa o reconocimiento, haremos más probable que nuestro hijo la vuelva a practicar de nuevo.
1.     Nos centramos en la lista de las cualidades positivas y elegimos dos aspectos que vamos a reforzar durante un tiempo (¿dos semanas?). Han de ser capacidades reales de nuestro hijo, no algo que nosotros desearíamos que tuviese.
2.     Al sentirse reforzado en algunas áreas, el hijo se sentirá bien, pues destaca extraordinariamente en algo, aunque tenga problemas en otras áreas.
3.     Este refuerzo se puede llevar a cabo de tres formas distintas:
o    Reconocimiento: "Veo que has ordenado tu habitación".
o    Alabanza: "Has demostrado tener habilidades para el orden".
o    Tiempo y oportunidades: "Quizás esto no salió muy bien esta vez pero si sigues poniendo empeño lo harás mucho mejor en la próxima ocasión".
4º)- Reconocer lo negativo.
Nos centramos también en los aspectos negativos de la lista. ¿Qué necesidad se esconde detrás de cada una de esas actitudes?. Así podremos convertir los problemas en oportunidades.
Un hijo desafiante puede que necesite tomar más elecciones en la vida o que le impongamos unos límites congruentes a su conducta… Un niño que se pelea con sus hermanos, que molesta o actúa regresivamente, es señal de que necesita algo. Puede ser más presión o más atención o más retos…
  • Reconocer necesidades:
    • ¿Qué necesidad expresa con esa conducta?.
    • ¿Hay expresión de alguna cualidad positiva en esa conducta?.
    • ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a expresar esa cualidad y a satisfacer sus necesidades de forma positiva?.
  • Ignorar algunas conductas:
    • Volvemos sobre la lista de aspectos negativos. Excluimos de ella los aspectos que son cuestión de gusto, preferencia o estilo personal. No merece la pena que derrochemos tiempo y energía en cambiar estos aspectos, ya que esto enturbiará las relaciones con nuestro hijo. (Ejemplos: Peinado, vestido, preferencias musicales… tienen que ver con el mundo de los gustos personales).
5º)- Los hijos diferentes.
A veces tenemos la sensación de que nuestro hijo hubiera encajado mejor en una familia diferente, pues “no se parece nada a nosotros”. Incluso puede ser muy difícil reconocer las facultades de un hijo cuando son realmente diferentes de las habituales en la familia.
Es un reto ver al hijo tal como es y no como no es. Si intentamos hacerle encajar en nuestro molde, el hijo se sentirá frustrado e infeliz y terminará por creer que hay algo malo en él. Si reconocemos sus dotes específicas, aunque no encajen en nuestro patrón, puede tener un alto concepto de sí mismo y una buena autoestima.
Si uno de nuestros hijos parece no adaptarse a la norma familiar, es importante reconocer, reforzar y admitir sus diferencias de forma positiva. (No hacerlo le lleva a perder una oportunidad de autoestima y realización). Lo haremos con el siguiente ejercicio:
1.     Escribimos una breve descripción del muchacho ideal según el patrón familiar que tenemos: aspecto, intereses, rasgos de personalidad, aficiones en las que destaca, cosas que le molestan…
2.     Releemos lo escrito, subrayamos las cualidades ideales y preparamos una lista con ellas.
3.     Colocamos una "S" junto a las cualidades que son similares y una "D" junto a las cualidades que son diferentes (no tienen por qué ser negativas) entre las del chico ideal y las de nuestro hijo.
4.     Nos fijamos en cada aspecto marcado y vemos si podemos cambiar el enfoque de lo que el chico no es a lo que es: anotamos lo que le gusta, aquello en lo que es competente… Y describimos sus cualidades, aunque no coincidan con las que a nosotros nos gustaría que tuviera.
5.     Nos planteamos: ¿Tienen las cualidades de nuestro hijo algo que valoramos en su raíz?. ¿Coincide en algo con las nuestras?.
6.     Revisamos la primera lista positiva y negativa para incluir los nuevos descubrimientos.
7.     Reforzaremos durante dos semanas (aproximadamente: tiene que haber un tiempo mínimo para obtener una buena observación y pueda empezar a afianzarse el aprendizaje) alguna cualidad positiva del hijo que es diferente a las del resto de la familia.
8.     Podemos también subrayar la forma en que nuestro hijo es parecido a la familia, aunque la cualidad se exprese de manera diferente: “A todos nos gusta aprender cosas nuevas, unos en los libros y otros con la experiencia”.


ACTIVIDADES Y PROPUESTAS PARA TRABAJARLAS EN FAMILIA:
1.     Realizar el ejercicio ¿Cómo se está manifestando nuestro hijo?:”. Seguir los pasos que se indican en el ejercicio. Recomendamos llevarlo a cabo en grupos de padres y madres. Si esto no es posible, llévese a cabo al menos en el ámbito de la unidad familiar.
2.     5º)- Los hijos diferentes. Llevar a cabo el proceso descrito. Buscar formas originales de hacer presente a los propios hijos lo que vamos descubriendo, la nueva visión que de ellos tenemos… Y llevarlas a cabo.
3.     Lo importante en una actividad y la otra no es tanto el seguirlas al pie de la letra (si hallamos formas más adecuadas... adelante con ellas) sino el hacer algo que "nos lleve a conocer a nuestros hijos lo más ampliamente posible, aprendamos a valorar y hacer notar sus cualidades fijándonos más en ellas que en los aspectos negativos (que también los hemos de tener en cuenta -una verdadera AUTOESTIMA no ignora la realidad de lo negativo- pero ve en ello más una oportunidad, un reto, mucho más que un problema)".

PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR: