domingo, 24 de marzo de 2013

¿Qué es la educación con personalidad?

La Educación con Personalidad se logra mediante la aplicación de tres normas básicas y progresivas de acción:
  1. La primera, es la adecuada comunicación con sus hijos.
  2. La segunda, es no quedarse en palabras, sino respaldarlas con hechos cada vez que sea necesario.
  3. Y la última, es fijar clara y firmemente las reglas del juego, para que cada hijo, difícil de corregir y orientar, sepa siempre a qué atenerse y cuál será la consecuencia si persiste en su mala conducta.
EN ESTE TEMA TRATAREMOS ESPECÍFICAMENTE DE HABLAR CLARO:
Hablar claro: Significa la forma más conveniente de expresarse para lograr que sus hijos le escuchen. Esto requiere de los padres:
  • Hablar en forma adecuada.
  • Saber cómo manejar las discusiones y reconocer las buenas conductas, reforzando sus palabras con gestos y actitudes.
Ejemplo.: Apagar la TV y prestarle atención.
Los padres deben de tener en cuenta, al utilizar esta técnica, que su propia capacidad de convencer es el arma más efectiva para alcanzar el nivel necesario de comunicación con sus hijos.
La mayoría de los padres no se da cuenta de lo ineficaces que son a veces sus reacciones ante un comportamiento indeseable de sus hijos.
Existen cuatro técnicas de comunicación:
a) Adecuado lenguaje asertivo.
b) Mensaje sin palabras.
c) Manejo de las discusiones.
d) Reconocimiento de buenas conductas.
Adecuado lenguaje asertivo.
La experiencia de muchos profesionales a lo largo de los años ha demostrado que cuando los padres están decididos a que sus hijos con malas conductas, se comporten como es deseable, se dirigen a ellos con frases firmes y directas. Esta actitud es útil y correcta y se refleja en mensajes claros de los padres, por ejemplo:
- “Quiero que ordenes tu dormitorio EN ESTE MISMO MOMENTO” o:
- “Tienes EXACTAMENTE CINCO MINUTOS para ordenar el baño antes de venir a la mesa”.
- “¡Deja de molestar a tu hermano AHORA!”.
Estos mensajes directos no dejan duda en la mente de sus hijos sobre lo que usted quiere exactamente que hagan y cuando.
Cuando hable con sus hijos sea concreto. Evite frases vagas e imprecisas, como “sé bueno”, “pórtate bien” que no le indican claramente lo que desea de ellos.
Mensajes sin palabras.
Para trasmitir a los hijos mensajes claros e inequívocos, hay que acompañar el uso de las palabras con la forma adecuada de decirlas.
Si cuando usted le ordena a su hijo/a que arregle su cuarto, “¡Ya mismo!”, lo hace gritando y con enfado, le mostrará un descontrol autoritario que torna negativo el resultado de su orden.
Para que su instrucción tenga el necesario buen efecto, es tan importante lo que le decimos a los hijos como la forma en que se lo decimos.
Para lograr ese mejor resultado y que las palabras adecuadas tengan mayor fuerza de comunicación observemos los puntos siguientes:
·         No pidamos algo ni demos una orden gritando.
·         Hablemos siempre en tono firme, pero tranquilo.
·         Transmitamos tranquilidad al dar una orden, lo cual le comunicará al hijo que controlamos la situación.
·         Siempre hablemos a los hijos mirándolos a los ojos.
El contacto visual es fundamental para la comunicación humana.
Mirar a los hijos a los ojos mientras se les habla, aumenta la eficacia de cualquier mensaje al reflejar la mirada el cariño y la firmeza que hay detrás de lo que un padre les está diciendo.
Un punto importante: A menudo el hijo eludirá la mirada paterna, bajando la cabeza o dando la vuelta. En ese caso, levante suavemente la cabeza de su hijo o hágala girar hasta que sus ojos se encuentren.
Utilicemos gestos firmes pero no amenazantes, por ejemplo, con las manos, para dar mayor fuerza a las palabras.Estos gestos generalmente comunican al hijo que estamos hablando en serio. Pero tengamos presente la enorme diferencia entre el gesto útil y el contraproducente: Si un niño obedece porque está aterrorizado o esperando que pase la tormenta, su mensaje fracasó. Habremos acertado si lo hacemos porque entendemos que así necesitamos hacerlo; si el hijo o hija saca la conclusión de que “papá/mamá hablan en serio, así que por algo será y aunque no me guste mejor hago lo que dicen”... es un síntoma de que lo hicimos bien.
EN MUCHOS CASOS, LA MANO DE UN PADRE SOBRE EL HOMBRO DEL HIJO TENDRÁ MÁS PESO Y SIGNIFICADO QUE LAS PALABRAS.
“Un gesto puede valer más que muchas palabras”.
Manejo de las emociones.
Hay cinco técnicas para manejar las situaciones que se presentan cuando los hijos, en lugar de obedecer una orden paterna, responden con diferentes tipos de argumentos que intentan plantear una discusión. Son técnicas dirigidas a evitar que los padres caigamos en una estéril discusión con los hijos cuando éstos no dan razones valederas sino que intentan plantear excusas para ignorar la orden paterna.
Estas técnicas se conocen como: "disco rayado, banco de niebla, interrogación negativa, extinción y tiempo fuera".
Técnica del disco rayado:
Cuando usted usa esta técnica, suena como un disco rayado que sigue repitiendo siempre lo mismo hasta que logre la aceptación del mensaje.

Técnica del banco de niebla:
Busca conseguir que los hijos no lo saquen de sus casillas, haciendo oídos sordos a sus actitudes provocativas cuya finalidad es hacer que los padres pierdan el dominio de sí mismos y de la situación.

Técnica de interrogación negativa:
Esta técnica lo va conduciendo gradualmente hasta llegar al motivo real de la respuesta agresiva inicial. Recuerde que cuando sus hijos le hacen críticas agresivas están buscando sacarlo de sus casillas. Dé respuestas que neutralicen la agresión y ésta se esfumará, sobre todo si se presenta una solución.

Técnica de extinción:
Es útil para suprimir una determinada conducta indeseada en su hijo. El mantenimiento de una conducta depende de los resultados que consigue. Cuando un niño con un comportamiento negativo obtiene lo que esperaba, tenderá a repetirlo. Cuando una conducta negativa no logra lo que pretende, es decir, se elimina lo que la refuerza, tiende a desaparecer. Por ejemplo: si cada vez que un niño de cinco años se pone a llorar su madre le da una golosina para consolarlo lo estará reforzando y la conducta de llorar a cada rato, (cuando esto ocurre sin razones justificadas) continuará.
Hay un principio psicológico que establece que todo estímulo que no es respondido, se extingue. Cuando no se responde a una reclamación inadecuada de los hijos, habrá inicialmente una explosión de llanto para llamar la atención y conseguir lo que quiere. Luego, si se sabe controlar la situación, esta conducta irá extinguiéndose poco a poco. Pero es necesario tener fortaleza para no ceder.

Técnica de tiempo fuera:
Consiste en cortar el comportamiento indeseado del hijo separándolo de la situación donde se produce su mala conducta.
Por ejemplo: Un niño pequeño tira trozos de pan durante la comida y sus hermanos le ríen la gracia. La madre le ordena que deje de hacerlo, pero animado por sus hermanos continúa con su “proeza”. Lo más eficaz será sacarlo de la mesa y llevarlo a comer a otra habitación, donde nadie festeje sus malas conductas, y deje de ser el motivo de enfado y caos familiar.
La aplicación de esta técnica no es sencilla, hay que mostrarse firme demostrando que quien pone las reglas del juego es usted. Logrará marcar los límites y mantener un orden respetuoso en el hogar.
Las cinco técnicas propuestas pueden no ser las únicas, pero con frecuencia resultan las más útiles a la hora de aplicar la autoridad.

Reconocimiento de las buenas conductas.
La firmeza mostrada por los padres al comunicarle claramente a los hijos lo que quieren que ellos hagan, debe estar acompañada, con mucha frecuencia, con el reconocimiento de la buena conducta.
Cuando escuchen y hacen lo que se les indica, por su bien, es importante alabarlos: esto les animará a perseverar en el buen comportamiento. El elogio y la alabanza son tan importantes como la firmeza.
Estos le darán confianza en sí mismos por el reconocimiento de su padres.
Su hijo necesita de su atención. Si no la obtiene de forma deseable y positiva, la buscará portándose mal para que se le atienda. El elogio, en el volumen y momento adecuado, demuestra a los hijos la atención, el cariño y la preocupación de los padres y los ayuda a mantenerse en el buen camino.
El elogio.
El elogio o halago es lo que más ayuda a los hijos. Su utilidad se registra cuando usted le dice a su hijo/a (siempre que se lo merezca) cosas como:
- “Que bien que preparaste solo todas tus cosas”.
- “Te felicito por lo bien que hiciste tu tarea”.
- “Gracias por lo mucho que colaboraste hoy en casa”.
Cuando elogie a sus hijos es conveniente tener en cuenta las siguientes indicaciones:
a)    Dígale, en concreto, qué es lo que está haciendo o ha hecho que a usted le gusta.
b)    Cuando lo haga esté cerca, mírele a los ojos o tóquele para aumentar el impacto de lo que dice. Una caricia, un abrazo, dicen mucho.
c)    Es bueno alabarle delante de algún adulto.
d)    El elogio no debe ser impensado sino medido y con verdad.
e)    Evite el comentario burlón o negativo. Decirles: “Ya era hora que por una vez te portaras como es debido”..., es una manera de frustrarlos para el futuro.
Actividades y Propuestas para realizar en las familias o en grupos:
ACTIVIDADES:
A. Familia:
  1. Analizar la situación en la familia, con relación a lo leído anteriormente, solos o en pareja.
  2. Recordar y poner por escrito lo positivo y lo negativo de, al menos, dos ocasiones en las que haya ocurrido algo semejante con sus hijos.
  3. Establecer una pauta de conducta siguiendo las indicaciones que se le han ofrecido.
  4. Tratar de ser concretos e ir poco a poco. Revisando lo establecido.
B. Grupal:
  1. Poner en común lo trabajado.
  2. Tratar de aclarar algunas dudas.
  3. Comentar lo positivo en esta reflexión.
PARA REFLEXIONAR:
  • Reflexionar, en pareja o solos, si no es posible, sobre cómo van las cosas en la familia en relación a los hijos con respecto al tema: Hablar Claro y con Firmeza-Elogiar.
PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR: