viernes, 2 de noviembre de 2012

Acoger los sentimientos



Empecemos por una dinámica:

INDIVIDUALMENTE:
  1. Cada cual piense en “qué momento de su vida destacaría como aquél en el que mejor acogido se ha sentido por alguien”.
  2. Destaque los “pensamientos y sentimientos que aquella experiencia le produjo” y “por qué cree que se produjeron aquellos efectos”.
EN PAREJA O EN FAMILIA -PADRES E HIJOS-:
  1. Poner en común lo reflexionado personalmente sobre las dos cuestiones anteriores.
  2. Dialogar y debatir sobre lo que significa o debe significar el “acoger nuestros sentimientos”:
      ¿Qué significa acoger nuestros propios sentimientos?.
      ¿Qué significa acoger los sentimientos “del otro”?. 
¿A qué conclusiones llegamos y a qué prácticas nos invitan esas conclusiones?.

 De los capítulos anteriores habremos obtenido como mínimo esta síntesis:
1.- Condiciones para acoger nuestro mundo emotivo.
Acoger nuestros propios sentimientos significa en primer lugar y sobre todo: No limitar ni impedir expresarlos de algún modo:
a)    Si tenemos “ganas de llorar”… hagámoslo.
b)    Si estamos tristes o alegres…, si sentimos dolor o gozo,…  démosles cauce: seamos sinceros con nosotros mismos.
El único criterio o norma que al respecto valdría la pena observar sería que "esa expresión no acabe haciendo daño a los demás ni a nosotros mismos"; a partir de ahí todo son beneficios.
2.- Toma de conciencia.
Tomar conciencia de nuestros sentimientos, sean del tipo que sean, es:
  1. RECONOCER que están ahí. No los neguemos (si lo hacemos nos privamos de una buena ocasión para nuestro propio autoconocimiento y crecimiento interior).
  2. Están ahí POR ALGO. No se dan “porque sí”: hay siempre unas causas, motivos o razones; busquémoslas.
  3. Tienen un NOMBRE: Démosle a cada sentimiento su nombre preciso y formulémoslo verbalmente.
3.- Aceptarlos tal como son.
Aceptar nuestros sentimientos es RECONOCERLOS como parte nuestra:
  1. A veces nos resultan agradables (es bueno saber porqué).
  2. A veces se presentan como desagradables (hay que saber también el porqué).
  3. Sean como sean… son nuestros, aceptarlos es aceptarnos a nosotros mismos.
4.- Integrarlos en nuestra realidad.
Integrar los sentimientos es permitirles VIVIR DENTRO DE NOSOTROS aprovechando su energía y encauzándola en función de los valores que tengamos interiorizados:
    1. Descubriendo lo positivo o negativo que ellos produzcan en nosotros.
    2. Verbalizando interiormente sus causas y efectos.
    3. Formulándolos ante quien creamos conveniente de forma “adecuada”. Resolver juicios.
5.- Expresarlos con naturalidad.
Es fácil expresar verbalmente aquellos sentimientos positivos,… pero se hace difícil cuando son negativos (ira, rencor, envidia, rabia, celos, …):
  1. Porque tememos dar “una mala imagen” a los demás si lo hacemos.
  2. Porque “no sabemos cómo hacerlo ante aquellas personas con las que sentimos directamente estos sentimientos”.
Sea como fuere, es preferible hacerlo, mucho antes que “tragar” reprimiéndolos o rumiándolos interiormente.
Los sentimientos no son buenos ni malos:
a)    Nos dan INFORMACIÓN de cómo andamos por dentro.
b)    Si indagamos en ellos:
  • ¿Qué estoy sintiendo?. 
  •  ¿Por qué me siento así?. 
  •  ¿Qué puedo hacer para transformarlo en algo más positivo?.
Hallaremos grandes beneficios si realizamos este ejercicio de interiorización, sean esos sentimientos los que sean.

6.- Ellos en los demás.
De igual manera que hacemos con nuestros sentimientos hay que hacer con “los sentimientos de otras personas”:
    1. Tomar conciencia de su mundo emotivo.
    2. Aceptarlo.
    3. Permitir que expresen con libertad esos sentimientos.
    4. Ayudarles a encauzar eso que sienten sin avergonzarse de ello.
    5. Animarles a mantener esa naturalidad y espontaneidad en el trato siempre de forma “adecuada”.
ALGUNAS DIFICULTADES INTERNAS:

A veces achacamos a los demás o al ambiente social nuestras dificultades para ser más libres en la expresión de nuestro mundo emotivo pero casi siempre, por no decir siempre esas trabas vienen de nosotros mismos.

  1. No acertamos muchas veces a reconocer, aceptar y entender los sentimientos de los demás porque tampoco hemos hecho ese ejercicio con nosotros mismos.
  2. Nos importa tanto la imagen que los demás puedan obtener de nosotros si expresamos abiertamente nuestros sentimientos, sean los que sean, que preferimos reprimirlos, esconderlos y dejarlos para los momentos de soledad en vez de darnos  a conocer a los demás mediante su expresión.
  3. Hay sentimientos que al ser expresados nos hacen experimentar mucho desagrado y dolor y ante el recuerdo de esta experiencia preferimos callarlos, no volver a hablar de ello... provocando que se aletarguen en nuestro interior sin asumir o afrontar lo que en ellos subyace.
  4. Tenemos pre-juicios respecto a estos mismos sentimientos y también respecto a quien está a nuestro lado;  presuponemos muchas veces que "no van a saber comprendernos o va a ser inútil hablar de ello"... y nos cerramos puertas nosotros mismos.
  5. ...

ALGUNAS DIFICULTADES EXTERNAS:

Ninguna de las que vayamos a citar a continuación debiera ser determinante ya que al fin y al cabo siempre es nuestra toda decisión: nadie nos obliga a decir o callar aquello que sentimos.
  1. Cierta corriente cultural que identifica la expresión de los sentimientos, especialmente de impotencia, dolor o tristeza,... como signos de "debilidad" y son intrepretados tambien como muestras de "falta de carácter". (A nadie le gusta que le traten de "debilucho" o "falto de carácter").
  2. El ritmo social (laboral y extralaboral) es frenético. Nos movemos a mil por hora, el corre-corre de cada día nos lleva a una inercia que hace difícil el pararnos un poco, encontrarnos con nuestro yo interno, dialogar con él, abrirnos a los demás y recomponernos.
  3. ...
 CUESTIONES PARA LA REFLEXIÓN EN FAMILIA:
  • ¿Qué otras DIFICULTADES, internas o externas, añadirías a las expuestas?. ¿Con cuáles de ellas te identificas más y en qué lo notas?.
  • ¿Qué podrías hacer para contrarrestar la influencia de esas dificultades e incluso superarlas completamente?, ¿qué ayudas necesitas personalmente para ello?.
  • ¿Existe en la familia una comunicación tal que sea sencillo, natural y fácil la expresión del mundo emotivo de cada miembro?. ¿Qué nos resulta más fácil: interactuar cada cual con sus propios sentimientos o interactuar con los sentimientos de los demás?, ¿por qué?.
  • ¿Para qué madurar, crecer, ampliar y profundizar en la acogida de nuestros propios sentimientos y en la acogida de los de los demás?, ¿qué frutos podremos lograr con este trabajo?.
  • ¿A qué nos podemos comprometer cada miembro de la familia al respecto?, ¿y como familia al completo?. Si nos proponemos algo, debe ser concreto, revisable, algo que pueda realizarse en el espacio y tiempo que vivimos y podamos evaluar si lo estamos realizando o no, así como sus frutos.
PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR: