miércoles, 23 de octubre de 2013

"¡Le han pegado a mi hijo!, ¿qué colegio es éste?.

¿Es algo normal eso de las peleas entre niños en un colegio?.
Contestaremos con otra pregunta:  "¿Es normal que haya peleas entre hermanos en casa?". ¡No debiera haberlas!, eso es lo que contestaríamos todos; debieran afrontar sus conflictos de manera respetuosa, dialogante,... piensen en la manera de superar dicho conflicto de manera satisfactoria para todos y luego actúen de manera coherente. La teoría la sabemos todos de sobra.
De todos modos, ¿qué padre o madre no se asusta cuando ve llegar al niño a casa y le observamos un moratón, o la marca de unos dientes en su brazo, o a lo mejor un chichón que no es de caerse al suelo sino fruto de otro tipo de "caricias"?. Todos podemos comprenderlo también.

Las agresiones no son el problema, forman parte del problema.
¿Cómo que no son el problema?, ¡pues bien que duelen!.  Pues sí, pero las agresiones físicas o verbales no son ni más ni menos que la expresión de una manera de expresar frustraciones, conflictos,... que no se resolvieron adecuadamente.
Si a los adultos nos sucede que "perdemos los papeles" al menor roce que alguien produce en nuestro coche mientras conducíamos... ¿cómo no va a suceder eso entre niños?.
Hay cuestiones de fondo que no estaban bien; ese roce,  una mala mirada o unas palabras desagradables o mal interpretadas... pueden ser en un momento dado el detonante de una bronca descomunal: agarrones de pelo, puñetazos, patadas, insultos abominables,... El asunto no es que "Menganito me dio", el asunto es "¿qué pasó para que Menganito reaccionara de esa manera?"... o cómo fue que hicimos lo que hicimos o dijimos sin pensar en las consecuencias.

Con nuestros hijos.
Y cuando nuestro hijo llega a casa de determinada guisa y luego nos cuenta,... ¿qué hacemos nosotros?:
  • ¿Montamos en cólera peleando al niño por "meterse en peleas" y luego pasamos de analizar la situación?.
  • ¿Nos volvemos al colegio hechos una furia ese mismo día o al día siguiente dispuestos a armar una buena "porque a mi niño no le toca nadie"?.
  • ¿Analizamos con nuestro hijo el asunto pero con calma?:
    • ¿Cómo fue que tienes esto?.
    • ¿Por qué te hicieron esto?, ¿qué habías hecho o dicho tú antes?.
    • ¿Se llevaban bien antes de esta pelea o ya había algún problemilla antes?.
    • ¿Se hubiera podido evitar esto?, ¿cómo?.
    • ¿Qué crees que hay que hacer cuando alguien...?.
    • ¿Para qué adoptar maneras nuevas o mejores, más adecuadas, de afrontar un conflicto?.
    • ¿Qué podemos hacer ahora?, ¿qué vas a hacer tú cuando mañana vuelvas al cole?, ¿cómo lo vas a hacer?.
  • ¿Le resolvemos nosotros el conflicto... o le aportamos instrumentos, recursos personales para que nuestro hijo sepa cómo resolver sus conflictos?.
Con nosotros mismos.
Somos modelo para nuestros hijos, somos sus primeros y principales educadores; nadie conoce mejor que nosotros a nuestros hijos. Y si acaso necesitáramos mayor orientación al respecto... ahí están los docentes, el servicio de orientación familiar, apoyo de especialistas,... aprovechemos los diferentes puntos de vista sobre la misma situación y propongamos una reflexión conjunta:
  • Analicemos las causas del conflicto, causas de todo tipo (incluso aquéllas que puedan estar influyendo de manera indirecta).
  • Observemos las maneras en que se expresa el conflicto: sus consecuencias.
  • Busquemos formas alternativas de responder ante el conflicto mejores que las conocidas.
  • Ensayemos sobre ellas y analicemos el por qué y para qué emplear unas formas y no otras.
  • Dispongámonos a poner en práctica lo reflexionado y asimilado e insistamos en ello aunque cometamos errores; lo esencial es mantener en ese empeño la constancia.
Con el colegio, con el resto de la comunidad.
La escena es harto elocuente:
Una madre llega al colegio llevando a su hijo consigo a los pocos minutos de haber terminado las clases del día e inmediatamente se dirije a Recepción donde pregunta por la tutora del niño y en cuanto la ve le suelta:
- "¡Mire a ver usted si esto es normal!" -y la madre muestra a la maestra la marca de una patada en una pierna que su hijo sufrió por parte de otro niño durante el horario de clase-. La madre sigue hablando:
- "Este colegio es una vergüenza y usted es una negligente,  una irresponsable". La maestra responde:
- "Pues sepa usted que ni sabía que el niño hubiera sufrido esto; no le vi pelearse con nadie ni vi que se quejara de esto. ¡A saber si eso se lo hizo en el colegio o se lo hizo en su casa!, así que no me venga usted con esos aires fuera de tono".
- "¡Pues eso pasó hoy, y aquí!, ¿qué hacen ustedes con los niños?, ¡¿es que no vigilan nunca?!". La maestra observa que la cosa se altera y trata de suavizar la situación:
- "Créame que lo siento; si quiere, podemos pasar a la sala y hablamos sobre lo sucedido y así sabré qué hacer y cómo mañana cuando estén de nuevo todos los niños y niñas en el aula".
-"¡No va a hacer falta!, no es la primera vez que pasa esto y ustedes ni se enteran. Voy a denunciar al colegio y a usted la pienso citar como principal culpable".
La madre sale con el niño agarrándolo con fuerza de la mano y sale del lugar a paso muy ligero con voces de amenaza al profesorado y también a la familia del otro niño, según ella culpable del daño que sufre su hijo.

Analicemos:
  • Aunque podamos comprender la reacción de esta madre ¿qué nos parece su actitud respecto a la profesora y delante de su hijo?.
  • ¿Qué podría haber hecho antes de hacer lo que hizo?.
  • ¿Qué consecuencias pensamos que se producirán de lo que hizo y dijo?.
  • ¿Podría la maestra haber evitado llegar a este final?, ¿cómo?.
  • ¿Por qué la maestra no fue conciliadora desde el primer segundo?.
  • ¿A qué puede deberse que un niño esconda lo que pasa con otros niños en el aula y, por lo tanto, lleve a que se haga difícil detectar las agresiones de otros niños sobre él?.
  • ¿Es creíble siempre, por otra parte, todo lo que los niños dicen, tal cual lo dicen?, ¿puede que exageren, incluso y desplacen los hechos de lugar y también de las verdaderas causas del problema?.
  • ¿Cómo actuar, pues, en consecuencia?. ¿Cómo hacer para resolver un conflicto como éste?.
Nuestra reflexión.
  1. Los gestos de violencia entre los niños pueden ser tan "habituales" en el ámbito escolar como en el de nuestro hogar; si en nuestra casa hay peleas entre hermanos no tiene porqué sorprendernos que en el colegio haya lo mismo con otros niños.
  2. Siempre y en todo caso, cuando nuestros hijos nos hablen de problemas que tienen con otros compañeros del colegio escuchemos con atención lo que nos cuenta: para los niños sus problemas son SUS problemas y los valoran tanto como nosotros los nuestros.
  3. Para ayudarles a resolver sus conflictos, dialoguemos de manera crítica, analizando paso a paso -como antes mencionábamos- la situación tratando de llegar siempre, al  final, a conclusiones prácticas y desde una perspectiva positiva, constructiva.
  4. Los equipos docentes de los centros escolares no son nuestros enemigos sino bien al contrario. Hablemos con estos profesionales de la enseñanza con respeto -como nos gustaría que nos hablaran a nosotros-, demostremos que buscamos la mayor objetividad posible, contrastemos informaciones y no nos dejemos llevar demasiado por el natural afecto que tengamos a nuestros hijos (a todos los padres nos parece que nuestros hijos son la perfección encarnada, unos angelitos y unas pobres víctimas de los demás).
  5. Busquemos conjuntamente la mejor manera de educar a nuestros hijos y alumnos suyos en su manera de afrontar los conflictos y resolverlos; establezcamos acuerdos que podamos revisar conjuntamente hasta ver el asunto resuelto y a nuestros hijos mejor preparados de cara a futuras situaciones similares.
  6. Sepamos también que "la pelea de un niño con otro hoy... puede parecer la tercera guerra mundial"... pero mañana cuando se vuelvan a encontrar "puede que los veamos jugando en el patio como si fuesen amigos íntimos de toda la vida"; para los niños todo empieza y llega a lo más alto en menos de nada. No hay en sus esquemas el rencor prolongado o la malicia eterna.
  7. Cuando lo que se observa, objetivamente, es auténtico acoso de unos niños sobre otros y eso se da no una vez sino con cierta frecuencia, entonces toda la comunidad educativa (familia y profesorado) debe implicarse buscando formas de solucionar esta situación conflictiva; por desgracia el acoso escolar no sólo trae sentimientos y actitudes de rechazo a la escuela sino también llega a provocar fuerte ansiedad, depresión, pérdida de la confianza en uno mismo y de su autoestima.


PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR: