viernes, 14 de diciembre de 2012

Nuestros miedos ante la muerte


Trataremos de responder con varios artículos (nos parecen las aportaciones hechas sobre el  artículo anterior "Qué es el duelo" lo suficientemente importantes como para dedicarle a este tema algo más de la extensión que teníamos prevista en principio) a las cuestiones planteadas como comentarios al respecto y trataremos de enriquecerlo lo más posible.
El esquema que seguiremos en esta sucesión de entradas que abordarán el tema del "duelo" será el siguiente:
a)- Nuestros miedos ante la muerte y maneras de afrontarlo (contenido del presente artículo).
b)- Etapas del duelo y nuestra forma de intervenir en cada una de ellas.
c)- El duelo en los niños.
d)- Muerte, duelo y creencias.
Miedos compartidos.
Con gran frecuencia los miedos en relación con la muerte son compartidos, aunque sean distintos, entre la persona que sufre, por ejemplo, una enfermedad que se presenta como insalvable y también la persona que cuida o ve el sufrimiento de la enfermedad en el otro.
Abordaremos estos miedos en relación con las personas que sufren enfermedades que pueden acabar con la vida de la persona enferma.
Miedo a que el ser querido vaya a sufrir mucho en su enfermedad.
Aumenta a medida que la persona enferma se va deteriorando y van a apareciendo nuevos síntomas que demuestran empeoramiento de la situación. Estos miedos se manifiestan en las personas allegadas al enfermo en que reclaman constantemente explicaciones claras sobre lo que va sucediendo y lo que ocurrirá de seguir adelante ese proceso de empeoramiento. Ante esto:
  1. Los familiares deben sentirse en la confianza de poder plantear todas las dudas que tengan al respecto, con amplitud, toda la necesaria.
  2. Los profesionales de la salud ofrecerán al respecto una gran ayuda si acceden a aportar esa información requerida ya que esto con toda seguridad aliviará la ansiedad y ayudará a que se sitúen gradualmente en la realidad que va sucediendo.
  3. Disminuir la ansiedad comprendiendo bien esta realidad ayudará a aceptar mejor el desenlace final; llegados a este punto lo único que sí se pedirá será que la persona enferma pueda acceder a la muerte de una manera digna.
Miedo a que el ser querido no vaya a recibir la atención adecuada en el momento preciso.
De esto suelen hablar mucho los profesionales de la salud: observan este miedo en muchos familiares (muchas veces debidos a experiencias negativas o bien a historias que les contaron otras personas y que les llevan a desconfiar de estos profesionales). Este miedo se acentúa aún más cuando se observan gestos o formas de actuar de algún profesional que recuerda a esas malas experiencia pasadas o a las habladurías negativas. Ante esto:
  1. COMUNICACIÓN con el personal médico: expresar abiertamente nuestros miedos (quienes se dedican a trabajar por la salud de enfermos comprenden muy bien todo lo que nos pasa por dentro, lo ven a diario en los pacientes como en sus familiares).
  2. Buscar la manera de establecer la confianza mutua que necesitamos poniéndonos de acuerdo en la formas de cuidar adecuadamente a la persona enferma, colaborar mutuamente para lograr el mejor acompañamiento posible de las personas.
Miedo a hablar con el ser querido.
Cuando sabemos ya que "no hay vuelta de hoja" y no sabemos cómo se lo está tomando la persona enferma, o creemos que no lo sabe o quizás sí sabemos que lo sabe y no quiere aceptar la situación. En estos casos optamos por el silencio, la no comunicación verbal,... incluso llegamos a evitar lo más posible el estar con el enfermo. Ante esto:
  1. Hemos de entender los familiares que no hay "palabras mágicas" ni "respuestas exactas"; no tenemos obligación de acertar en todo y siempre, nos basta con expresar nuestra humanidad. La persona enferma no oirá nuestras palabras -si las callamos- pero sí observa nuestra comunicación no-verbal (ésta se da tanto con nuestras presencias como con nuestras ausencias).
  2. En vez de "evadir el tema"... invitemos a la persona enferma a hablar de sí misma, de cómo se siente en su interior,... hagamos lo propio también nosotros,... practiquemos la actitud de ESCUCHA, de acoger el mundo emotivo del otro.
  3. Mostremos con nuestra actitud nuestra plena disponibilidad, saber ESTAR con o sin palabras,... pero acompañando, aportando a la persona enferma la convicción de que nos importa realmente y de forma incondicional (es o debería ser siempre así pero solemos expresarlo menos de como sentimos).
Miedo a que la persona enferma adivine su gravedad.
Tenemos este miedo porque sospechamos que quizás "si sabe que su enfermedad o lesión es gravísima" puede que se desanime y se abandone, así que optamos por engañarle, decirle que lo que tiene no es nada o en breve saldrá de todo. ¿Qué puede esperarse de una respuesta así por nuestra parte?. Ante esto:
  1. Lo ideal es poder hablar con la persona enferma con total honestidad sobre la situación real de su enfermedad o lesión pero si no sabemos cómo hacerlo sin hacer más daño que bien... no eludamos la ayuda de personal especializado que nos pueda orientar en el modo de hacerlo.
  2. Pensemos también en que a mayor honestidad en nuestra comunicación, mayor confianza y naturalidad generaremos en la relación y eso es tan beneficioso para la persona enferma como también para nosotros.
  3. Por otra parte... hay que decir que al respecto como en toda relación humana... no hay recetas:    a veces vale mucho más apuntar hacia las esperanzas y hacia las cosas que se pueden hacer todavía -por parte de la persona enferma- porque es una manera de abrir caminos a la esperanza sin negar la realidad actual.
Miedo a estar solo con el ser querido en el momento de la muerte.
Tiene que ver con nuestro temor a enfrentarnos con la realidad, con los sentimientos tan intensos que la muerte provoca -y más si es presenciando su llegada-, con las angustias de ver cómo se han desgranado los últimos momentos sin poder haber llegado a algo mejor con la persona que fallece. Ante esto:
  1. Si realmente este miedo es tan fuerte que pensamos que no podremos superar... obviamente, busquemos el acompañamiento siempre de alguien que comparta con nosotros esos momentos en que acompañamos a la persona enferma.
  2. Busquemos previamente maneras de "ponernos a bien con la persona enferma", "saldar nuestras cuentas", reconciliarnos mutuamente, compartir sentimientos,...
Miedo a no estar presente cuando muera el ser querido.
Al revés que en el caso anterior y lleva a que tratemos por todos los medios de no separarnos nunca de la cabecera de la persona enferma, hasta el punto de llegar al agotamiento,quedarnos completamente dormidos y al final ni siquiera darnos cuenta de la muerte del familiar. Ante esto:
  1. Admitir este sentimiento de miedo, como todos los demás anteriores también; analicemos para ello también las diferentes situaciones que se pueden producir cuando ya no respondemos ni de nosotros mismos cuando llegamos a esa dosis de agotamiento.
  2. Busquemos alternativas, de manera que siempre pueda haber alguien que vele por la persona enferma y siempre esté dignamente atendida. Esto evitará muchos sentimientos de culpa.
Últimas consideraciones.
Podemos vivir el duelo antes y después de la muerte de un ser querido de manera bastante distinta según cómo actuemos, según sean nuestras actitudes y hechos vividos con la persona enferma. Es muy distinto que con ella hayamos observado las recomendaciones -éstas y otras- anteriormente expuestas y lo hayamos hecho con nuestra mejor intención al menos -no siempre llegamos a todo- a que "hayamos rehusado ayudar más y mejor" pudiéndolo haber hecho de otro modo cuando estuvimos a tiempo.
La persona enferma no sólo necesita medicinas, alimentación, descanso físico,... necesita también y sobre todo captar que es aceptada incondicionalmente por quienes le rodean, especialmente de aquéllos a los que quiere y por  los que se ha sentido querida; necesita seguir viviendo la amistad y confianza, la honestidad y honradez con que nos comunicamos siempre con ella; necesita experimentar el respeto, el apoyo, acogida de sus limitaciones y que trabajemos con ella de manera integral, como siempre fue. Necesita también reconciliarse consigo misma y con su entorno.
Establezcamos siempre una buena comunicación entre nosotros y la persona enferma, entre nosotros y los profesionales de la salud y también entre nosotros con nosotros mismos; necesitamos ESTAR BIEN para poder ayudar a estar bien; es precisa la total coherencia y unidad de cada cual consigo mismo y con los demás.

PARA LA REFLEXIÓN EN FAMILIA:
  • ¿Con cuáles de estos miedos nos identificamos más?. ¿Qué otros miedos no descritos aquí apuntaríamos y creemos que merecen al menos un comentario al respecto?.
  • ¿Nos parecen suficientes las orientaciones que presentamos para afrontar esos miedos?, ¿qué otras señalaríamos?.
  • ¿Qué necesitamos mejorar en nuestra familia para que el cuidado de nuestros mayores -que ya no pueden valerse por sí mismos- y el de algún familiar que tenga que ser ingresado en un hospital o quedarse en cama durante mucho tiempo en casa... sea mejor que el que hasta ahora le hemos dispensado?. ¿Cómo conseguir esa mejoría?.
PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR: