domingo, 25 de diciembre de 2011

Educar en el consumo responsable

En el último capítulo, "Hay alternativas", proponíamos una serie de actitudes y formas de caminar hacia el "consumo responsable":
    - Relacionando este consumo con la filosofía del "Comercio justo".
    - Desarrollando elementos de juicio no sólo personales sino también colectivos.
    - Evidenciar conductas coherentes con esos criterios, aún a costa del coste económico que ello pudiera suponer cuando ese consumo sea inevitable.
En el actual capítulo vamos a centrarnos en "cómo trasnmitir, cómo educar en el auténtico consumo responsable a nuestros hijos".
1.- REALIDAD FAMILIAR EN RELACIÓN CON EL CONSUMO.
Hay que reconocer que por desgracia no es aplicable muchas veces la filosofía que en este espacio venimos proponiendo al respecto, por varias razones:

  1. El comprar uno u otro producto o el decidir reparar un electrodoméstico en lugar de comprar otro que nos podría resultar incluso más barato que repararlo, etc... dependen de lo que tengamos para poder gastar:
    • "Si una prenda en un comercio "de todo a" o de "ciertas procedencias" sabemos que ha sido fabricada en condiciones laborales infrahumanas, con graves injusticias de todo tipo hacia sus operarios -a veces en edad infantil-, nos cuesta 10 €.... y luego resulta que otra prenda de muy similares características la hallamos en un comercio que vende productos en los que ha habido el adecuado seguimiento de todo el proceso de producción de esa prenda y se ha hecho en condiciones dignas para el ser humano... pero resulta que en éste último me venden esa prenda a 30 €... muy probablemente acabaremos optando por el más barato, aún a  pesar de nuestros convencimientos".
    • ¿Qué indica esto?. Sencillamente que el "sistema" se aprovecha de la precariedad del propio consumidor para imponer su lógica productivista: "lograr el máximo de beneficio con la mínima inversión" independientemente de todo código ético que propugne valores tales como la justicia, igualdad, equitatividad, respeto a los DD.HH.,... ya que lo que importa, a ciertos bolsillos sin escrúpulos, no es realmente el ser humano sino sólo el beneficio económico a corto plazo.
    • A este respecto los gobiernos y la O.M.C. debieran llevar un mayor control de esos procesos productivos y garantizar la justicia, respeto a la dignidad humana y al Medio Ambiente desde el instante en que se extraen los recursos naturales para la obtención de un producto hasta que se pone a la venta en un comercio.
  2. Llevar a la práctica las tres "R": reducir,  reutilizar y reciclar, implica que se facilite esto por las administraciones públicas (cosa que es efectiva en menos casos de los supuestos) y exista:
    • Mayor control sobre la  publicidad engañosa: aquella que no menciona todos los elementos que el producto supone tener en cuenta.
    • Información y concienciación social a través también de los medios de comunicación de lo que es realmente esencial y de aquello que es accesorio.
    • Promoción de sistemas para la reutilización de envases en lugar de comprarlos todos y botarlos después aunque sea en contenedores de reciclaje.
    • Dotación de mayor número de contenedores o puntos de recogida de productos de desecho (a veces son inexistentes en la zona y obliga tener que botar todo mezclado en los contenedores genéricos, inutilizando el proceso de separación de esos productos en los hogares).

  3. Llamar la atención sobre la publicidad y sus campañas de captación de la atención del público infantil en las que parece como si "los criterios educativos de los padres y sus medios económicos" no contaran para nada:
    • Hacen consistir el afecto de los padres y madres en "regalar a los hijos aquello que éstos les pidan": "según cuánto te den o qué cosas concretamente... así es el valor de su afecto" (así se traducen muchos anuncios que propugnan constantemente el valor del TENER muy por encima del SER o tratando de hacer creer que "uno es más según cómo vista, los juegos o juguetes que tenga, lo que consuma, etc...").
    • Los niños y jóvenes, más los primeros obviamente -son más fácilmente manipulables- tienden por lo tanto a identificar "las cosas" que reciben de sus padres con el valor de sus afectos, provocando constantemente en los propios padres dilemas nada fáciles de resolver; máxime cuando ya otras veces se han rendido a la lógica del mercado.
2.- ¿QUÉ HABRÍA QUE HACER RESPECTO A LOS PRODUCTOS QUE NECESITAMOS Y QUEREMOS ADQUIRIR?.
Es fácil hablar, decir lo que "hay que hacer", es muy fácil teorizar... cuando la realidad es tan contradictoria, pero hay que planteárselo cada vez más y más incisivamente. Si no generamos juicio crítico frente a la realidad acabaremos siendo domesticados por este sistema que pone a "la persona" en último lugar y sólo sirve en cuanto que es instrumento para el "enriquecimiento económico" de unos pocos que es realmente su único criterio.
  1. Informarse sobre el origen de cada producto y de las condiciones en que ha sido fabricado (si no hacemos esto y lo ignoramos estamos dando por buenos todos los medios empleados para la obtención de ese producto).
    • Si lo hacemos, obviamente nos iremos decantando por aquellos productos que sí sean respetuosos con la dignidad del ser humano, con el Medio Ambiente y aporten justicia en el proceso productivo.
  2. Adquirir productos que cumplan con ese respeto al medio socioambiental y garanticen los principios de justicia en el proceso productivo.
    • Quienes no cumplan con esos principios éticos observarán que sus productos tienen cada vez menos aceptación y tendrán que aplicarlos si quieren ser competitivos. La oferta está siempre en relación con la demanda.
    • El abaratamiento de muchos productos viene dado no tanto porque realmente sus componentes hayan bajado de precio sino porque se han reducido los gastos en mano de obra y en medios para evitar o reducir el daño sobre el Medio Ambiente (muchas veces ciertas empresas prefieren pagar multas por ese deterioro ambiental o por las condiciones infrahumanas en que se lleva a cabo el proceso productivo que invertir en medios para evitar esa degradación: les sale más barato pagar esas multas, si es que las pagan).
  3. Hacer partícipes a nuestros hijos de estas cuestiones, darles cancha para su participación en este proceso de información y adquisición de productos.
    • De esta forma van tomando conciencia de lo que esto supone y se van haciendo conscientes de lo que significa "consumir responsablemente" y descubrir que "consumo responsable" no es sólo lo que la publicidad dice (hasta ahí llega la inteligencia de quienes la mueven: saben que eso del "consumo responsable" tiene prestigio y tratan de aprovechar su tirón): "consumir con moderación".
    • Enseñarles que "consumo responsable" no es  sólo "consumir con moderación" sino mucho más que eso: adquirir sólo lo que es necesario, hacerlo con criterios éticos y solidarios con el resto de la humanidad y la naturaleza,... (cuanto ya vimos en el primer capítulo de este tema: "¿Qué es el consumo responsable?").
La norma esencial es que de igual modo como hagamos nosotros les propongamos a ellos que hagan también; es más, harán lo que nos vean hacer y darán importancia a lo que nosotros le demos importancia.
Una madre me decía estos días pasados cuando hablábamos de los hijos, cómo van creciendo y se van haciendo más independientes y relativizando todos nuestros mensajes:
- "Ahora parece que nos hace algo más de caso y valora cuanto vivió estando con nosotros (su hija está en plena juventud tras abandonar la adolescencia recientemente, está estudiando y residiendo lejos de su casa paterna) y hablamos más y mejor que nunca; parecía que nada importaba pero estamos viendo que sí importaba y sí le llegaba".
Para mis adentros pensé: "Esa experiencia me gustaría poder contar yo también".
Quienes de estos asuntos entienden más que este servidor confirman eso que esta madre me comentaba, razón por la cual les animo a todos ustedes a actuar con autenticidad, coherencia y honestidad con sus hijos (cualidades y actitudes que he visto escritas en todo lo que al respecto he leído y también en la experiencia de quienes conozco personalmente).
No se trata de darles consignas sino de razonar con ellos durante todo el proceso de búsqueda de actitudes coherentes con lo que pensamos realmente con los criterios de solidaridad con el resto de la humanidad,  con el Medio Ambiente y con nosotros mismos.
Educarles en el "consumo responsable" es:
  • Empezar por enseñarles a valorarse a sí mismos: dando más importancia al SER  que al  TENER (con frecuencia la gran insatisfacción personal que sufrimos mayores, jóvenes y pequeños no viene dada por los problemas que tengamos sino por el esperpéntico valor que le damos a las cosas por encima del valor que es en sí ya la presona).
  • Resaltar lo que ya tienen, enseñándoles a valorarlo en vez de lamentarse por lo que no tienen, desarrollar el sentido de la gratitud.
  • Primar el sentido de "necesidad vital" por encima del "capricho de tener" o "necesidades impuestas" (la inmensa mayoría de las "necesidades" que decimos tener son creadas por nosotros mismos o por nuestro entorno social y comercial).
  • Llamar la atención sobre las implicaciones o consecuencias de aquello que adquirimos o queremos adquirir, no sólo para nosotros mismos sino también para nuestro entorno socioambiental.
  • Promover la búsqueda de información sobre los productos que queremos adquirir, de manera que al hacerlo seamos más responsables -y no ignorantes manipulados- de la  compra a realizar.
  • No olvidar a quienes no tienen la capacidad adquisitiva que podamos tener nosotros y que por desgracia ni siquiera tienen garantizado su derecho a la existencia... mientras nosotros corremos detrás del último modelo de teléfono móvil, por citar un ejemplo de incongruencia.
  • Animarles a cuidar lo que ya poseen: mantenerlo en buen estado;  consiguiendo así que esto les dure más, se evite el aceleramiento de la producción de basura además de reducir el gasto pudiendo dedicar más recursos a asuntos más trascendentes o importantes.
  • Cuestionar, analizar críticamente la realidad, la publicidad,... siempre con ellos, de manera que vayan estableciendo criterios de actuación frente a esa realidad y puedan luego seguir con plena autonomía sus propias decisiones.
  • ACOMPAÑARLES en los razonamientos que se generan a partir del instante en que nos dicen: "Papá, mamá, quiero tal o cual cosa" y sean cuales sean las conclusiones finales mantener siempre nuestra actitud dialogante y siempre reflexiva acerca de aquello a lo que vayamos llegando juntos.
3.- HACIA LA ESENCIA DEL "SER" POR ENCIMA DE LOS CANTOS DE SIRENA DEL "TENER".
Nuestra labor como padres y madres y educadores de nuestros hijos abarca toda la persona, su esencia por encima de todo lo demás.
Con excesiva frecuencia subvertimos ese orden porque, de facto, damos gran importancia a la "imagen" de la persona más que a lo que ella ES en primer lugar; la valoramos por lo que TIENE en lugar de por quien ES.
Hemos dejado en el olvido aquello de que "el ser humano fue hecho a imagen y semejanza de Dios" (Gn. 1,26) despojando a la persona de toda su dignidad que, ante los ojos de Dios, es sagrada y está llamada nada más ni nada menos que a la plena identificación con Él. Sólo en Él podemos llegar a SER y sin Él... todo es vacío y sin sentido (así lo creo, así lo siento).
Pero el sistema que impera va dando vueltas de tuerca -en la  medida en que cedemos espacio y eludimos nuestra responsabilidad- aprovecha muy bien nuestra obsesión por ignorar nuestra esencia, nuestro origen y nuestro destino, la potencia y desarrolla (no le interesa Dios, no le quiere en su modus operandi y menos aún al Dios cristiano).
Despojada la convicción de que somos todos hijos de Dios y, por lo tanto, hermanos unos de otros,... ya sólo queda la lógica del "sálvese quien pueda", el darwinismo social más salvaje y cruel: el que nace del egoísmo de unos pocos por encima del bien de toda la comunidad. De ahí arrancan las raíces del sistema que domina hoy el mundo; no es apocalíptica, es la realidad.
Necesitamos recuperar conciencia de quienes somos. Sólo desde esa raíz podremos construir relaciones humanas sanas, justas, solidarias y fraternas. Ésa es la razón por la que no hemos de renunciar jamás a hablar de Él,  darlo a conocer: es derecho de todo ser humano y nadie ni ideología alguna es quien para negar esa libertad.... aunque lo dicte el capital, aunque lo mande el laicismo ("casualmente" de la manita en este asunto con el sistema que impera). Si al ser humano le privamos de Él... ¿qué será de sí mismo?.
La respuesta está en una clave muy simple: la felicidad. ¿Qué camino nos llena de felicidad incluso antes de llegar al final del trayecto?.  Cada cual se responda a sí mismo y sabrá elegir sus referencias.
Les dejo con unos enlaces-web que hacen referencia también al momento que estamos celebrando y aportan la perspectiva que nos debe orientar y alternativas viables desde la experiencia: