lunes, 7 de noviembre de 2011

Un vistazo a la catequesis familiar y parroquial

Cuando oímos esta palabra: "catequesis", enseguida nos viene a la mente la imagen de unos niños y niñas que van a la parroquia del barrio para que unos catequistas les hablen de las cosas de la fe cristiana, les enseñen doctrina y se preparen para recibir tal o cual sacramento.
Entendemos que la catequesis "termina" cuando ese niño o niña deja de asistir a la parroquia para recibir esa formación y... ya está, punto pelota.
1.- Pero ¿qué es la CATEQUESIS?.
El diccionario nos dice algo muy similar a lo que la enciclopedia wikipedia manifiesta: "En la religión católica se denomina catequesis (del griego κατηχισμός, de κατηχεῖν "instruir") a la tradición del depósito de la fe a los nuevos miembros que se inician en la Iglesia católica y su posterior instrucción. Se encuentra en el origen mismo del cristianismo, completando la doctrina transmitida en primer lugar por el kerigma, y, durante los primeros siglos, especialmente en la época de los Padres de la Iglesia, constituyendo la doctrina fundamental sobre la que se edifica la homilía, de gran carácter espiritual".

(Pinchando sobre los distintos términos subrayados podremos llegar a un conocimiento bastante más amplio y completo sobre lo que CATEQUESIS significa).
De esta lectura atenta que habremos podido realizar se deducen varias cosas:
  1. La CATEQUESIS actual tiene la misma misión que la de los apóstoles: anunciar la resurrección de Jesús, invitar a la conversión y recibir el Bautismo, convirtiéndose así en nuevos discípulos de Jesucristo.
  2. Se realiza por personas que tienen un conocimiento vivencial, no sólo teórico, de la persona de Jesús resucitado: viven esa experiencia.
  3. El grupo destinatario es toda la humanidad, aunque aquéllos que ya tienen un mínimo conocimiento del hecho que ellos anuncian estarán más capacitados para entender ese mensaje que reciben.
  4. CATEQUESIS no es, por lo tanto, lo mismo que "conocimiento del hecho religioso" sino profundización y vivencia del  mismo desde la adhesión a Jesucristo que conllevará no sólo la fe en Él sino también el compromiso de vivir esa adhesión en hechos, palabras y actitudes coherentes.
2.- ¿Quiénes pueden ser hoy CATEQUISTAS?.
En la antigüedad éstos eran los propios apóstoles, pero a medida que el pueblo creyente en Jesucristo fue creciendo en número y extensión geográfica se fue haciendo necesario que esta tarea catequética fuera asumida por nuevos cristianos y realizada en comunidad. Había una sólida experiencia y conciencia comunitarias.
Hoy existe esa misma conciencia y experiencia comunitarias también pero claramente desdibujada, muchas veces nombrada como algo anecdótico, "muy bonito"... pero dejada a su suerte por el resto de la gran comunidad. Nos falta conciencia de "Pueblo de Dios" en el que todos sonmos CORRESPONSABLES.
"Razón de más para delegar esa tarea en los curas y en los catequistas de las parroquias". -dirá alguno-. Pues no, va a ser que no.
De hecho, es al revés: "razón de más para que reflexionemos sobre esta realidad y tratemos de devolverle la frescura y autenticidad que nunca debiera haber perdido"; no es que "no haya nada que hacer" sino que "todo está por hacer".
Los padres y madres tenemos en esto una responsabilidad que nos compete más que a nadie, aunque sólo sea por un par de razones:
  • Nuestros hijos no son propiedad nuestra (ninguna persona es cosificable, ninguna puede ser tratada como una pertenencia más de otros, aunque haya leyes que incluso justifiquen ese trato y le den cobertura legal) pero vienen a este mundo a través nuestro, les trasnmitimos la vida, vida que es don de Dios. ¿Quién puede suplantar eso?.
  • Si somos cristianos y decidimos, además, "casarnos por la Iglesia" adquirimos un compromiso ineludible: "educar a nuestros hijos en la fe" aportándoles todos los elementos necesarios para que ellos vayan construyendo su propia identidad cristiana, se abran a la experiencia de Dios y en ese encuentro con Él hallen la plenitud de sus vidas. ¿A quién puede, si no, corresponderle sobre todo esta gran misión?.
Los padres y madres no sólo podemos ser excelentes catequistas para nuestros hijos sino que además es nuestra responsabilidad, somos los primeros y los más importantes.
3.- Condiciones necesarias para ejercer esta responsabilidad con dignidad -por nuestra parte- y con respeto a nuestros hijos.
Cuando alguna vez se ha abordado este tema en una reunión de padres o en esos encuentros "de pasillo" he hallado estas expresiones:
- "Nos falta tiempo, siempre andamos de aquí para allá y no hay forma de que podamos dedicar a esto el espacio necesario, con serenidad y la debida atención".
- "Ya quisiera yo, pero en casa cada cual piensa al respecto de una manera y no acabaríamos nunca de ponernos de acuerdo en cómo hacerlo. Es mucho mejor que vengan a la parroquia".
- "Podría ser, pero... no estamos seguros de hacerlo bien, hay muchas cosas que tendríamos que revisar, tenemos dudas,... ¿cómo vamos a ser así unos buenos catequistas para nuestros hijos?".
- "Los catequistas y el cura hacen muy bien esa labor en la parroquia; nosotros no lo vamos a hacer mejor".
- "Total, para el tiempo que tienen que venir a prepararse para la 1ª Comunión... ¿valdría la pena que nos enfrascáramos en la tarea de formarnos para ser catequistas de los hijos?".
- "No somos nosotros un buen ejemplo que digamos y seguro que los niños  aprenden más con un catequista a quien admiran que a nosotros que nos ven a diario por donde cojeamos".
- ...
Són sólo algunas notas que son representativas de la mayor parte de los comentarios al respecto y a las cuales se puede responder:
  1. Cierto que las circunstancias sociolaborales de hoy no favorecen mucho el que podamos disfrutar de un tiempo libre común para toda la familia y, por lo tanto, también eso será causa de dificultad en esta tarea; pero cada cual halla tiempo para lo que realmente le interesa ¿nos interesa de verdad asumir la catequesis de nuestros hijos?, ¿lo buscamos juntos?, ¿hemos pensado en "otras formas" de catequizar a nuestros hijos que no equivalgan sólo en dedicar un tiempo determinado y siempre a la misma hora?.
  2. Si cada uno va por un lado en casa... es normal que todo sea en vano o cueste muchísimo más, pero del mismo modo que "nos sentamos para ponernos de acuerdo en la forma de orientar a nuestros hijos en otras cuestiones", podemos y debemos hacer lo mismo en y para la catequesis. Y si acaso también en todo lo demás tenemos problemas para hallar puntos de coincidencia o consenso ¿a qué estamos esperando para entrar a saco en este asunto de la unidad de criterios y buscar la manera de alcanzar acuerdos consistentes?. Pensemos no sólo en nosotros sino también en nuestros hijos.
  3. La "falta de formación" es una de los argumentos más socorridos para explicar el "porqué  no nos comprometemos a desempeñar esta catequesis". Con demasiada frecuencia sucede que nos hemos acomodado a la formación cristiana "formal" que recibimos de niños y con ella hemos crecido pero sin hacerla evolucionar y hacerla adulta como nosotros. Para eso existen en las parroquias la llamada "catequesis de adultos" o planes de formación permanente a los que podemos tener acceso si queremos. Las "dudas" no son el problema sino una oportunidad para crecer, confrontarse uno mismo y alcanzar una fe adulta también.
  4. El cura y los catequistas serán y son excelentes profesionales de la catequesis pero si han alcanzado esas capacidades es porque se han preparado previamente y han tenido la osadía de atreverse a ofrecer ese servicio tan desinteresado y generoso. ¿No podemos nosotros atrevernos a lo mismo con nuestros propios hijos?. Si la explicación de que "es que ellos lo hacen mejor que lo haríamos nosotros" nos convence... es que en realidad lo que queremos es escurrir el bulto. Dios no elige a los más capacitados sino que capacita a quienes elige.
  5. La concepción de que "la catequesis sólo es para prepararse a recibir tal o cual sacramento -especialmente para la 1ª Comunión-" es no sólo enormemente reduccionista de lo que debe ser la catequesis sino también una clara muestra de que entendemos esa educación en la fe como un compartimento estanco en el proceso educativo integral de nuestros hijos; la catequesis entendida así es como un pegote, una costumbre más, un ritual que hay que cumplir,... pero sin conexión con la vida, cuando en realidad debe estar totalmente integrada en ella. ¿Qué podemos hacer para romper con esa concepción?, o ¿acaso nos interesa mantenerla por alguna razón?.
  6. Mucha coherencia necesitamos también pues sin ella ¿qué será creible?. Es obvio que si no vivimos la fe que queremos predicar a nuestros hijos... puede que logremos hacerles ir a Catequesis, la parroquial, pero... ¿qué quedará de todo eso si los hijos ven que no hay conexión con la vida que observan en el hogar?. Puede que nos preguntemos: ¿Es preciso ser perfectos para no decepcionar a nuestros hijos?; la respuesta es un NO rotundo (ellos ya saben que no lo somos, nos han visto enormidad de veces meter la pata y hacer las cosas de aquellas maneras), sólo necesitan que tengamos la suficiente honradez y humildad de reconocer nuestros errores y comprobar que lo volvemos a intentar una y otra vez; con ello les estamos enseñando que por encima de nuestras limitaciones está nuestra actitud y voluntad de tratar de hacer las cosas mejor a cada instante.
4.- La catequesis parroquial, hasta ahora.
Cada arciprestazgo e incluso cada parroquia tiene su propia estructura al respecto aunque los contenidos sean los mismos.
En relación con la catequesis -que sigue siendo parroquial- también y las familias participan pero sólo "para acudir a las reuniones programadas desde la parroquia" cuyas finalidades son:
  1. Procurar que entre catequistas de la parroquia y los padres y madres de los niños haya unos mismos criterios de actuación al respecto de los temas que se van tratando a lo largo del curso.
  2. Ofrecer a las familias los mismos temas que se trabajan con los niños pero desde la perspectiva adulta: se intenta ayudar a madurar nuestra fe.
  3. Dar orientacionees a los padres y madres sobre cómo acompañar a los hijos en este proceso catequético aportándoles toda la información necesaria.
Pero una cosa es lo que se pretende y otra la que se consigue. ¿Por qué?:
  • Muy difícilmente acuden todos; salvo excepciones, que siempre las hay, no se llega casi nunca al 50% de la asistencia y los que vienen son precisamente los que menos lo necesitarían. ¿Causas?: las respuestas dadas apuntan sobre todo a la incompatibilidad con otras tareas que les impiden acudir a esto; a veces hay despistes, otras veces imprevistos de última hora,...
  • Hay gran disparidad de frecuencia de estas reuniones: unas parroquias tienen una al mes,  otras prefieren cada semana, otras cada dos semanas,... A la inmensa mayoría les parece abusivo reunirse más de una vez al mes, no ven en esto una necesidad (si analizamos los porqués hallaremos muchas respuestas también muy diferentes).
  • La duración de estas reuniones no suele sobrepasar la hora pero hasta eso les parece mucho a algunos,  especialmente a los que vienen bien poco a estas reuniones.
  • ...
¿Se  pueden alcanzar así los objetivos propuestos?, ¿podemos afirmar que están bien asentadas las bases para que los niños y niñas que vienen a la catequesis van a poder encontrar en sus padres y madres el apoyo y acompañamiento que necesitan en su proceso de educación en la fe?. Y esto teniendo en cuenta que... en cuanto los pibitos toman la 1ª Comunión muchos, la inmensa mayoría, desaparecen, ya no vuelven por la parroquia, salvo para alguna boda, bautizo o defunción.
¿Qué indica esto?... pues sencillamente que seguimos tomando la parroquia como un simple dispensario de sacramentos y algún que otro servicio más. ¿Esto es lo que tiene que ser la parroquia?, ¿es ésta la catequesis que queremos?, ¿no está llegando ya la  hora de que nos planteemos con seriedad el sentido de cuanto estamos haciendo, las formas de hacerlo y lo que con ello pretendemos?, ¿habría otras maneras más auténticas, coherentes con nuestra fe, más respetuosas con la educación en la fe que nuestros hijos merecen?.