viernes, 11 de marzo de 2011

Democracia y participación ciudadana

Publiqué en el blog "Justicia y Solidaridad" un amplio artículo sobre este tema: "Democracia y participación ciudadana" con la simple intención de expresar un punto de vista que,  como dicen algunos, no tiene cualidades de ser político pero sí de apuntar quizás demasiado alto. Comparto esa opinión al menos en parte, pero la cuestión que me mueve a plantear aquí este mismo tema no es opinar sobre ese artículo sino lo siguiente:
Es un valor importante en democracia la libertad, como decía acertadamente un comentario de un participante en este blog, y también la responsabilidad. Una y la otra van de la mano e interactúan mutuamente: no se puede educar sin libertad y tampoco se puede decir que somos libres si no somos al mismo tiempo responsables de esa libertad que vivimos.

LA RESPONSABILIDAD DE LOS POLÍTICOS.
No hay plataforma política que pueda decirse que sea ideal, por la sencilla razón de que son personas quienes la componen y si perfectos no somos nadie... no podemos ni debemos pretender que lo sean tampoco los partidos políticos. ¿Significa eso que no sea exigible la vivencia de una ética y actitudes responsables en esa formación política?; es exigible, por supuesto, de igual modo que a un maestro de escuela se le pueda pedir que dé sus clases como docente que es o a un médico que luche por la vida y la salud de sus pacientes: es su cometido.
A mayor coherencia de una formación sociopolítica con sus propios postulados, mayor credibilidad generará en sus potenciales votantes, pero ¿cómo  hacer cuando esa formación sociopolítica en la que confiamos y que elegimos deja mucho que desear y se dedica más a intereses partidistas, cuando está en el poder, que al bien de toda la ciudadanía?. Cuando se tiene la responsabilidad de gobernar para un país las decisiones a adoptar no afectarán sólo a los "afines" sino a toda la ciudadanía, razón por la cual hay que sopesar más todavía esas decisiones.
Generalmente, a falta de mejores argumentos, los partidos  políticos tratan de ganar adeptos rivalizando con sus oponentes con demasiada frecuencia denigrándolos, tratando de resaltar cuanto de negativo se pueda decir de ellos procurando, al mismo tiempo, de minimizar los propios errores, tapándolos, justificándolos  o negándolos incluso. Es un laberinto de trincheras en el que nadie se atreve a visitar el campo contrario y dejarse interpelar. ¿Cómo desmontar este juego de egocentrismo?; parece como si "escuchar y aceptar las aportaciones del otro" fuera un peligro para la pervivencia de los propios criterios cuando de lo que se trata es de "poder ofrecer a la ciudadanía que representan el mejor servicio posible"; ¿qué sentido, pues, tiene ahí el capillismo y atrincheramiento de cada grupo en sus trece?.
El partido ganador de unas elecciones recauda impuestos a través de las instancias públicas ya previamente establecidas con la finalidad de dotar con esa recaudación a la sociedad de los bienes comunes que le sean necesarios; lo hará de forma más o menos efectiva y tendrá más o menos éxito en la lucha contra el fraude fiscal pero parece obvio que no podrán los gobernates exigir a la población sacrificios o contribuciones al bien común que ellos mismos no estén dispuestos a aportar. Desgraciadamente... eso no siempre es así. ¿Qué hacer cuando las cosas no se hacen bien al respecto y no existen criterios que velen por una verdadera justicia?.
...
RESPONSABILIDAD DE LA CIUDADANÍA.
Democracia signifca "gobierno del pueblo", lo sabemos todos sobradamente, pero para que eso sea verdad es necesario que nos impliquemos, que participemos. ¿Y qué es "participar"?, ¿sólo votar cada equis años, cuando nos convoquen nuestros gobernates para elegir a los mismos o a otros nuevos?. Hay quien lo hace así e incluso quien hace mucho menos: sencillamente ni siquiera hace uso de su derecho al voto por diversas razones.
"Participar" no es contentarnos con depositar unas papeletas cada cierto tiempo en unas urnas; no debiera consistir sólo en eso. Participar es hacernos presentes en los foros, ámbitos, estructuras, grupos,... en los que se reflexiona, debate, dialoga y se toman acuerdos que influirán en la forma de organizarse una sociedad, un grupo, etc... y no estar allí como un mueble sino como  alguien que comparte opiniones, discute las que no vea claras o contradictorias y busca, al mismo tiempo, el entendimiento y las razones del resto de aportaciones para determinar finalmente su postura ya con claridad y razones convincentes al menos para sí mismo.
"Participar" es asumir responsabilidades en esos espacios aprendiendo a conjugar lo que exigimos con lo que somos capaces de dar y comprender así la necesidad de crear coherencia que será, a la  postre, la virtud que nos abrirá las puertas a la credibilidad cuando defendamos nuestras propuestas ante un grupo de personas mayor y más heterogéneo que el habitual con quien más nos relacionamos.
"Participar" no es estar sólo para criticar "al otro", hacer mofa de sus errores o denigrarle para auparnos nosotros; participar es desarrollar el juicio crítico no sólo de lo que hacen los demás sino también -y en primer lugar- de lo que hacemos nosotros mismos: la autocrítica. Como decía el Maestro de Nazaret: "Antes de reparar en la mota de polvo que ves en el ojo de tu vecino, quítate la viga que llevas en el tuyo; así podrás ver mejor eso que antes señalabas en tu vecino".
Una participación así nos aportará muchos beneficios:
- Haremos crecer nuestro sentido de la responsabilidad en aquello en lo que estemos.
- Enriqueceremos el diálogo-debate en nuestro grupo de referencia, siempre; no importa tanto si nuestras tesis son aceptadas y triunfan o  no sino si esas aportaciones ayudan a reflexionar, mejorar y aportar finalmente un buen servicio a la sociedad.
- Adquiriremos el derecho de poder exigir aquello que otros se han comprometido en nuestra presencia, recordándoles sus propios planteamientos.
- A fin de cuentas damos así sentido y contenido a lo que "democracia" significa.
¿Vale cualquier plataforma cívica o sociopolítica?. Vale cualquiera en la que estemos porque queremos estar o creemos que debemos estar: un partido político, sindicato, asociación de vecinos, movimiemto  social reivindicativo, ONG,... No es sólo por lo que recibimos sino también por lo que podemos aportar: no hay nadie incapaz de compartir algo; aunque nadie es imprescindible en lugar alguno... todos somos, sin embargo, necesarios.
Y ESTO... ¿CON LA FAMILIA?.
Relacionemos todo esto con nuestras relaciones padres-hijos, especialmente con nuestros hijos adolescentes o jóvenes ya.
¿Cuántas veces habremos oído la expresión "Yo passsso de todo"?. Eso lo habrenos dicho todos alguna vez (o muchos al menos -yo me incluyo-) y con ello ¿qué expresábamos?. Era desencanto, desilusión por ese "todo" del que decíamos pasar,... era a veces necesidad de rebeldía y también fruto de la ignorancia o sensación de incapacidad para ESTAR en lo que había que estar de la forma en que era necesario... pero sacrificado.
Nos venía muy bien la crítica hacia lo ajeno: podíamos echarle la culpa a la falta de coherencia de quienes eran entonces los adultos y así escurríamos el bulto y hallábamos la excusa perfecta para no comprometernos en lo que debíamos. ¿No era un poco así?, ¿no va también la cosa por ahí en nuestros hijos?.
¿Cómo animar a nuestros hijos a ser responsables de su libertad y a ser libres desde la plena responsabilidad sobre sí mismos?.
Educarles y saberles orientar en ese binomio tan relacionado es la clave para generar una verdadera sociedad democrática en la que la participación ciudadana no se limte exclusivamente a depositar una papeleta en una urna.
COSAS DE ANDAR POR CASA.
Desde que suena un despertador o desde el instante en que despertamos por la mañana se inicia la escuela de la vida, una nueva lección que aprenderemos viviéndola, desde los primeros años de la infancia hasta nuestra adultez más elevada.
A menudo los padres y madres nos alarmamos cuando vemos que a nuestros hijos les falta sentido de la responsabilidad, cuando no demuestran autocontrol alguno o no saben valorar aquello que tienen, etc... y tratamos de afrontar esas situaciones a base de discursos, mediobroncas o broncas enteras cuando las palabras suaves no resultan... pensando que a renglón seguido va a haber resultados satisfactorios. Pero... muchas veces no es así ¿por qué?, ¿cómo fue que hemos llegado a lo que tenemos?.
SI QUEREMOS EDUCAR EN LA  RESPONSABILIDAD, invitémosles a ser responsables de algo muy concreto y a valorar su esfuerzo en esa responsabilidad:
- Hacer su propia cama cada día.
- Mantener la habitación ordenada (escritorio, armario,...orden de sus cosas).
- Ocuparse del cuidado de las plantas o de alguna mascota, con todo lo que ello conlleve.
- Poner la mesa del comedor -o cocina-, limpiarla y recogerla,... cada vez que la usemos.
- Fregar la vajilla.
- Llevar la basura cada día al contenedor.
- Ayudar a realizar las compras.
- Ayudar en la cocina y practicarla (de paso se aprende a cocinar).
- ...
Hay infinidad de pequeñas acciones cotidianas que nos aportan una gran riqueza de aprendizajes a poco que reflexionemos juntos sobre ellas y el modo de llevarlas a cabo:
- Cuando una tarea se hace bien y los adultos resaltamos ese logro estamos reforzando su autoestima, estamos diciéndole que "su aportación es importante, valiosa,..." y nuestro hijo o hija va adquiriendo confianza en sus capacidades y eso acabará llevándole a pensar que "poniendo en marcha esa misma actitud consigo misma y con todo aquello que realice fuera del ámbito familiar podrá tener mismos resultados".
- Esa confianza en sí mismos les impulsará a proponerse nuevas metas, crecer en autonomía y capacidad de gestionar nuevas cotas de libertad siendo responsables en ella,... incluso ensayar proyectos nuevos por su propia iniciativa.
- ...
- Cuando algo de todo ello no resulte tal  como se desea sino al contrario incluso... el diálogo debe mantener la misma serenidad, aunque en este caso nuestro trabajo va a consistir en ayudarle a descubrir las causas de ese mal resultado y orientar ese diálogo a que sea él mismo que se proponga alternativas para que esas deficiencias no vuelvan a producirse,... y volver a intentarlo, tantas veces como sea necesario (el amar a nuestros hijos no debe equivaler sólo  a valorar lo positivo haciendo la vista gorda a lo negativo; hay que valorar con ellos todos los extremos, analizar críticamente cada situación pero sin juzgar a la persona: "nadie crece sintiéndose constantemente juzgado y condenado" y nuestro papel como educadores ha de llevarnos a ser críticos pero siempre con amor, amor que debe ser percibido por nuestros  hijos y si no fuera así... es que algo no estamos  haciendo bien).
Ternura y disciplina, ternura y firmeza (firmeza entendida no como rigidez sino como actitud que mantiene siempre vivas las metas que pretendemos alcanzar aunque para ello haya que practicar constantemente la flexibilidad, mil y un diálogos,...) son las claves de este equilibrio bien conjugado que nos podrá llevar a acompañar debidamente el proceso de maduración personal que nuestros hijos emprenden desde el instante mismo de su concepción.
En la cotidianidad tenemos el campo de juego de este partido que es la vida. En la constante comunicación y en las actividades concretas que desarrollemos están los instrumentos que necesitamos para ejercitarnos en la vivencia de esta experiencia que nos llevará a seguir madurando y alcanzar la verdadera autonomía.
No podemos pretender alcanzar esa autonomía real, esa adultez más interior que exterior, si no nos ejercitamos mediante actividades concretas y la reflexión sobre las mismas en el ejercicio de la libertad y la responsabilidad,... si no participamos de forma activa en nuestra autoformación.
No podemos pretender generar una sociedad libre y responsable, verdaderamente democrática si no participamos en ella de forma libre y responsable también: asumiendo tareas, respondiendo de ellas y estableciendo un diálogo constante y constructivo tanto con quienes nos son afines como con aquéllos que se nos presentan como oposición.
La sociedad verdaderamente democrática y una participación ciudadana libre y responsable se fraguan en la familia.