miércoles, 16 de noviembre de 2011

¿Cómo hacer parroquia?

A Jesús le preguntaron sus discípulos en cierta ocasión: "¿Dónde vives?" y Él contestó: "Venid y vereis".
No tenemos idea de ese lugar físico en el que Él vivía (todos suponemos que al menos el pueblo sería Nazaret) pero... ¿se refería a un lugar físico?, ¿tendría ese "venid y vereis" algo que ver no con un espacio material?,  ¿o bien con un espacio de VIDA, de compromiso con el mundo, algo dinámico y no estático?.
Es algo similar a su expresión: "Las zorras tienen madrigueras y los pájaros tienen sus nidos, pero  el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza". ¿Estaba hablando Él de un espacio físico... o más bien de una actitud interior de pleno desprendimiento no sólo de las cosas sino incluso de sí mismo?.
Hay "espacios" que no tienen nada que ver con lugar alguno geográfico ni material; tienen que ver con lo VITAL, con el mundo interior y la experiencia comunitaria.
LA PARROQUIA, ESPACIO "VITAL" DE EXPERIENCIA COMUNITARIA, DONDE COMPARTIR Y CELEBRAR LA FE.
  1. "La PARROQUIA es lugar de oración; sabemos que podemos orar en cualquier parte y en cualquier momento... pero en la parroquia lo hacemos en COMUNIDAD".
  2. "La PARROQUIA es lugar de encuentro con otros muchos cristianos que viven o tratan de vivir su fe, cada cual con sus limitaciones y fortalezas; COMPARTIRLA con nuestros hermanos y celebrarla es una manera de VIVIR el sentido de COMUNIDAD que "Iglesia" significa".
  3. "La PARROQUIA hace suyo el mandato de Jesús de Nazaret que nos impulsa a dar la BUENA NOTICIA a los pobres, anunciar a los cautivos y oprimidos la libertad, a los ciegos la vista y la bondad de Dios a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y lugares".
¿Por qué no vivimos el "espacio" parroquial con todo el desparpajo, naturalidad y gozo que se nos supone a los cristianos cuando hemos hallado en Jesucristo el sentido pleno a nuestras vidas?. ¿Por qué tantas veces decimos echar en falta "mayor compromiso y autenticidad" en los cristianos?, ¿qué está fallando?.
  • Podemos quejarnos de nuestros curas, de la parroquia en su conjunto; de lo que queramos y de quien nos parezca, siempre tendremos razones para ello, pero... aparte de emitir nuestra crítica ¿hacemos algo más para ayudar a que lo que criticamos cambie?.
  • Podemos, por otra parte, matarnos a trabajar por la comunidad entera desde el compromiso parroquial en cualquiera de sus servicios o actividades y grupos, pero... aparte de trabajar tanto ¿invitamos al resto de la comunidad a participar de esta vida -incluso a quienes no acuden jamás a ella-?, ¿les damos cancha?, ¿abrimos nuevas posibilidades de participación aunque sean distintas a las ya establecidas?.
  • Podemos..., pero... ¿qué hacemos?.
Si queremos una Iglesia al estilo de lo que Jesús de Nazaret quiere de ella...  PARTICIPEMOS; si queremos que ella viva de acuerdo con su ejemplo y mensaje... PRACTIQUÉMOSLO; si deseamos vivir en el AMOR a Dios y al prójimo... la comunidad entera nos puede ayudar, puede ser un gran apoyo,... pero la parroquia no es nada si no somos en ella parte activa y no nos empeñamos en transformarla, renovarla, para que sea siempre instrumento y experiencia comunitaria de Salvación, de vivencia gozosa de la fe,...
Para ello necesitamos tomar conciencia de que "todos somos importantes aunque nadie sea imprescindible", eso decimos -aunque sospecho que para Dios... sí somos todos imprescindibles-. Todo dependerá mucho de las ACTITUDES que demostremos unos y otros, de TODOS Y TODAS.
LA EUCARISTÍA, FUENTE DE VIDA CRISTIANA, FORTALEZA DE NUESTRO ESPÍRITU, VIDA DE JESUCRISTO EN NOSOTROS.
"Ite missa est" se decía al finalizar cada Eucaristía cuando ésta se celebraba en latín; significa: "Id a la misión",  ¿qué misión?,.... la de llevar la Buena Noticia al mundo, cada cual en su ámbito concreto, allá donde estemos.
No se puede realizar esto sin contar con Él; no podemos dar fruto si no estamos unidos y no nos identificamos con Él... como "tampoco el sarmiento puede dar fruto si no está unido a la vid". Así de clarito nos lo dijo.
El problema hoy no está en la "Cena del Señor" ni en la inmensa riqueza que en la actualidad acompaña la conmemoración de la "Última Cena" sino en la desconexión entre nuestros lenguajes y los de esta misma celebración.
  1. Les compete a nuestros párrocos y diáconos hacer catequesis tanto de su ritualismo como de su contenido y sentido a la comunidad parroquial, pero también nos compete al resto de la comunidad expresar nuestras dudas y dificultades al respecto.
  2. Les compete a los que organizan la Liturgia acercar la vivencia del sacramento de la Eucaristía al pueblo, cotextualizarlo más,... pero nos compete también a toda la comunidad expresar nuestras opiniones, sugerencias, propuestas,... de cara a hacer más actual, más cercano a nuestra experiencia este sacramento.
  3. Necesitamos unos y otros "sentarnos", instruirnos mutuamente, comprender y traducir toda su simbología y ritualismo a los lenguajes de hoy: si no hablamos un mismo idioma y cada cual desconoce el del otro... no habrá entendimiento posible.
  4. Necesitamos unos y otros acudir a las fuentes, rescatar lo esencial, lo realmente fiel al espíritu de esta conmemoración y a partir de ahí darle las formas que como comunidad necesitemos introducir de manera que esto sea cada vez más vivencial, más auténtico,... y lograr disfrutar de esta celebración en vez de "cumplir" con ella como si de una actividad más se tratara.
  5. Quizás, para llegar a esto, sea necesario que existan unos mínimos comunes a todas las comunidades cristianas pero también parece razonable que luego cada comunidad inculturice esta celebración en la ideosincracia de la comunidad en la que esto se celebra. "Esos mínimos ya existen", dicen los liturgistas, y tienen razón... pero ¿sirven realmente tal como están para que el Pueblo de Dios pueda descubrir la enorme VIDA que hay en este sacramento?. Algo tendremos que hacer.
A la Eucaristía se le llama también el "Sacramento de la UNIDAD" y se le llama a sí con toda la razón ya que "si Jesucristo es uno solo y cuando comulgamos le recibimos a Él... todos quienes hemos participado de esa COMUNIÓN acabamos siendo UNO en Él y Él en nosotros". ¿Nos paramos a pensar en esto lo suficiente?; si lo pensamos bien, a poco que así sea,... esto debiera cambiarnos completamente a nosotros mismos y también nuestro proceder con todo nuestro entorno. Ser UNO en y con Jesucristo es:
  1. Hacer nuestras sus actitudes, su amor, entrega sin medida, pasión por el Reino de Dios,... hasta dar la vida por entero por toda la humanidad.
  2. Vivir esa adhesión a Jesucristo implica:
    • El reconocimiento de nosotros mismos desde la perspectiva del amor de Dios que no repara en nuestras limitaciones sino en aquello para lo que somos llamados: ser a imagen y semejanza suya en el mundo.
    • Reconocer en "el otro" no sólo un "semejante" sino a "otro yo" con quien hacer el "nosotros", vivir unidos en el amor solidario, fraterno, por encima de toda diferencia y circunstancia.
    • Perdonarnos a nosotros mismos y perdonar al otro como Él nos perdonó y sigue haciéndolo cada día.
    • Vivir en permanente atención a la Voluntad de Padre Dios, vivir en actitud de oración, en la "simple atención" constante. Ser contemplativos en la acción.
    • ...
¿Cómo no considerar, pues, la celebración eucarística como el centro neurálgico de la praxis cristiana si es en ella y por ella que somos alimentados y orienta nuestros pasos para el anuncio del Reino de Dios como nuevos discípulos y misioneros?.
Y si tan importante es... ¿cómo no buscar maneras de hacerla más viva y vivencial, más cercana y generadora de las transformaciones que nuestro mundo necesita empezando por nosotros mismos?.
...
HACIA UNA COMUNIDAD VIVA Y AUTÉNTICA:
"Todos ellos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles y en la unión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones. ... Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Vendían sus posesiones y haciendas y las distribuían entre todos según las necesidades de cada uno. Unánimes y constantes, acudían diariamente al templo, partían el pan en las casas y compartían los alimentos con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y se ganaban el favor de todo el pueblo. ...". (Hch. 2,42-47).
¿Eran perfectos en todo?, ¿había también dificultades entre ellos?,... no eran perfectos y había dificultades -las mismas en toda condición humana- y prueba de ello son las recomendaciones que tanto Pablo como Pedro, Santiago, Judas Tadeo y Juan daban a las comunidades cristianas a quienes dirigían aquellos escritos.
El texto de los Hechos de los Apóstoles aquí reproducido habla, no obstante, de una serie de prácticas que arrancan de una actitud interior en la COMUNIDAD: sentirse y vivir la comunidad, vivir en ella, vivirla a ella. ¿Es ésa nuestra actitud hoy?, ¿qué nos impide hoy vivir ese espíritu?.
  • La parroquia es "COMUNIDAD DE COMUNIDADES" también, es espacio de encuentro no sólo para las personas individuales sino también para las diversas comunidades cristianas de base que haya en su zona. Es en la parroquia que cada movimiento cristiano, cada pequeña comunidad, se hace UNO también con todas las demás y juntas contribuyen a dar vida a la gran COMUNIDAD que es la parroquia, expresión de la Iglesia universal a la que enriquecen constantemente con la diversidad de carismas y cualidades, aptitudes,... que todos podemos aportar.
  • En la educación en la fe de nuestros hijos no puede faltar la referencia constante a la vida comunitaria a la que nos invita la parroquia que no es sólo un espacio físico, es también escuela de vida cristiana, es vivencia de la fe, celebración gozosa de la misma y es impulso para el compromiso coherente en la sociedad.
  • En la vida parroquial debe importarnos más la VIDA que en ella podamos generar, atendiendo  simplemente a la adhesión y fidelidad plena a Jesucristo y adoptando actitudes más comprometidas con nosotros mismos y con el mundo empobrecido especialmente, que la estricta observancia de ritualismos que, con ser importantes y llenos de gran significado, o trasnmiten vida o comunican realmente y nos motivan,... o sólo sirven de ropaje y folklorismo. De todos nosotros depende.
Algunas pistas "prácticas":
  1. Hay parroquias -he vivido esa experiencia- en las que al término de la Eucaristía sencillamente continúan la celebración en la calle, en un descampado o se van al monte y juntos hacen una comida en la que todos aportan algo para montar una paella o cualquier otro guiso -cada cual algún ingrediente-, algo para "picar" o complementar (el que no aporta nada material no se queda sin comer pues la mejor aportación es la propia presencia).
  2. La homilía no es sólo la voz del sacerdote que trata de explicar la Palabra de Dios al pueblo sino que es auténtico compartir unos con otros lo que esa Palabra le dice a cada cual, se aterriza en lo concreto y cotidiano, se pone la vida sobre el tapete.
  3. En esta misma homilía se descubren necesidades de los propios asistentes, preocupaciones, gozos y sufrimientos,... y la comunidad se solidariza fraternalmente con ellos y surgen iniciativas concretas que se materializan al concluir la celebración.
  4. En muchas parroquias he observado que al salir fuera... gran parte de quienes acudieron a la celebración se quedan charlando unos con otros, comparten vida, comentan lo que dentro no se comunicaron,...
  5. Parte de las acciones y algunos proyectos solidarios con la comunidad entera -tanto creyente como no creyente- surgen de este compartir interno de la parroquia: se detectan necesidades en el barrio, se invita a exponer posibles vías de solución o afrontamiento de esa realidad, se diseñan proyectos sencillos pero concretos y finalmente siempre surgen personas que se comprometen directamente a desarrollarlos desde la complementariedad con el resto de servicios comunitarios y con la complicidad directa o indirecta de la comunidad cristiana.
  6. ...
Caminos haylos y si nos lo hubiera... los andamos. ¿Nos apuntamos?.