jueves, 27 de octubre de 2016

9 estrategias para enseñar a escuchar

"¡Este niño no escucha!". ¿Cuántas veces has oído o dicho esto?. Seguro que muchas. Puede que más de una vez te lo dijeran a ti de pequeño.

Es difícil no tomarse como algo personal el hecho de que un niño no nos escuche, y considerarlo como una falta de respeto. Y resulta tentador elevar el volumen y gritarle para decirle las cosas, incluso para amenazarle si persiste en su actitud.
Conseguir que un niño escuche no es cuestión de hablar más alto, ni de amenazarle para conseguir su atención.
De hecho, el problema de muchos niños es que no se dan cuenta de que alguien se está dirigiendo a ellos.
En otras ocasiones, el problema es que tienen muchos focos abiertos, muchas cosas a las que atender, y no consiguen desconectar a tiempo o de la forma adecuada.
¿No nos parece que esto también nos ocurre a los adultos?. La verdad es que sí. Tenemos tantas cosas que hacer que es fácil que no nos demos cuenta de que nos están hablando, o tenemos la cabeza en otra cosa y nos despistamos a la mínima.
Con los siguientes consejos no sólo conseguiremos que los niños nos escuchen mejor, sino que lograremos mejorar la comunicación también con los adultos.  En la mayoría de los casos, que los niños escuchen depende de qué y cómo se le dicen las cosas.

9 maneras de ayudar a los niños a escuchar mejor.

1 – Escoge bien el momento.
Si queremos darle instrucciones a un niño para que haga algo, lo mejor es hacerlo en el momento en que puede hacerlo y se halle lo más predispuesto posible.
Si lo hacemos antes es posible que se le olvide. Si se lo decimos cuando está haciendo otra cosa, es fácil que el niño esté concentrado y no ponga la atención necesaria en lo que le decimos.
Otra posibilidad es que se haga el sordo o pase de lo que decimos porque lo que está haciendo sea más interesante. Al fin y al cabo, también hay que respetar sus momentos.
A la hora de escoger bien el momento, también es importante evitar hacer peticiones cuando los niños estén cansados, hambrientos o se sientan emocionalmente perturbados. Una vez más, hay que respetar sus necesidades igual que les pedimos que respeten las nuestras.

2 – Ten expectativas razonables.
Si una y otra vez un niño no cumple con las indicaciones que se le piden o lo hace de manera deficiente, es un signo claro de que no lo puede hacer, al menos de que no lo puede hacer sin ayuda.
Repitiendo una y otra vez lo mismo no vamos a conseguir nada, porque el problema no es que el niño no nos escuche, es que no estamos teniendo en cuenta sus circunstancias y necesidades.

3 – Busca su atención.
Si tenemos que repetirle a un niño algo 10 veces seguidas y no parece que nos haya oído hasta la decimoprimera y a base de darle voces o ponernos delante, es probable que el problema sea que no se ha enterado de que le estamos llamando.
No podemos esperar que el niño viva expectante pendiente de nuestras órdenes y llamadas. Si queremos decirle algo debemos captar su atención.
Si estamos lejos o separados, acerquémonos, evitemos hablar a gritos. Y si no podemos acercarnos, en vez dar gritos, busquemos alguna forma de conseguir su atención. Un truco: establezcamos "claves o códigos secretos" de comunicación entre nuestros hijos y nosotros, de tal manera que ellos al oirlos o verlos,... sepan enseguida lo que queremos decirles con eso y practiquémoslo en estos casos.

4 – Enfócate en la acción.
Una vez que hayamos captado la atención del niño, digámosle lo que queremos que haga, sin dar rodeos y con las instrucciones precisas. No des por sentado que va a interpretar correctamente unas instrucciones imprecisas o que sabe lo que le estás pidiendo “porque todo el mundo lo sabe”.

5 – Colabora con el niño.
Algunas tareas pueden resultar frustrantes y pesadas para los niños. Sin embargo, con compañía se hacen más ligeras, y pueden resultar divertidas.
Por otra parte, los niños no entienden por qué les toca a ellos hacer algo, y entienden -con razón en muchos casos- que tienen que hacerlo porque nadie más quiere. Y eso alimenta más la frustración.
Mejor, por lo tanto, acompañarles de algún modo en esas tareas o por lo menos valorar su esfuerzo y generosidad durante su ejecución y al terminarlas.

6 – No le amenaces.
En lugar de recurrir a amenazas y castigos, es mucho más eficaz realizar una declaración que llamaremos “cuando-entonces”. Esto significa decirle que “cuando” haga lo que tiene que hacer “entonces” podrá hacer lo que quiera.
De esta manera, el niño siente que tiene control y que puede tomar decisiones, con un objetivo positivo en la mente y que todas las acciones tienen consecuencias que, de una manera o de otra, arrancan de sus propias decisiones.

7 – Ofrécele opciones o alternativas.
Ofrecerle a un niño que elija entre dos o más opciones elimina casi automáticamente la opción del “no” por su parte. Como tiene que pensar, se centra antes en lo que tiene que hacer.
La mayoría de las veces el niño puede elegir el orden en el que hace las cosas, incluso lo que quiere hacer. De esta manera, el niño decide y tiene cierto control.

8 – Pídele las cosas por favor y dale las gracias.
Pedir las cosas por favor y dar las gracias es algo que se les enseña a los niños en cuanto empiezan a emitir sonidos medio inteligibles. A ellos también les gusta que se le pidan las cosas por favor y que se le agradezcan.
Esto les hace estar más receptivos y hacer las cosas con más agrado. Se sienten importantes y queridos, y eso es lo que más desean en el mundo.

9 – Escúchale y escucha a los demás.
Muchos niños no escuchan porque reproducen lo que ven a su alrededor.
Si a ellos no les escucha nadie y observan que entre los adultos también se da esa “rareza”, ¿por qué tienen que escuchar ellos y estar dispuestos a dejarlo todo cuando les dicen “ven”?.
Ejemplo, señoras y señores, demostremos ejemplo y coherencia.


Conclusiones.
  1. Estas 9 sencillas recomendaciones nos ponen en el camino del diálogo constante, del      entendimiento y comprensión mutua.
  2. Nos ayudarán a crear una actitud de ESCUCHA verdadera y facilitarán nuestra tarea educativa.
  3. Manteniendo esta actitud les estamos enseñando a hacer lo mismo con las demás personas, también con nosotros mismos.
  4. Todas ellas y otras que se nos puedan ocurrir ponen su centro de atención en la PERSONA, no en las cosas (tareas, objetos, lugares,...) y así es como es necesario que sea. Lo que importa, QUIEN importa, es la persona.
PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR:
Empezando por nosotros mismos, la pareja:
  • En una escala del 1 al 10 ¿qué puntuación me pongo a mí mismo/a en mi manera real de escuchar al otro, pareja e hijos?. ¿Qué puntuación le pongo a mi pareja y a mis hijos?.
  • ¿Qué motivos o razones me llevan a poner esa puntuación?.
  • Si acaso hay "algo que mejorar" ¿qué elementos son ésos?, ¿cómo podría ayudarme a mí mismo/a a mejorar?, ¿cómo puedo ayudar a los otros a mejorar?. ¿Qué ayudas necesito de los demás para mejorar yo o nosotros como pareja?.
En relación con nuestros hijos:
  • ¿Qué valoración hacen ellos de nuestra capacidad de escucha?, ¿y de ejemplo o coherencia con el saber escuchar?.
  • ¿Piensan nuestros hijos que les estamos enseñando a escuchar de manera adecuada?. ¿En qué creen ellos que necesitamos mejorar y cómo nos dicen que debiéramos hacerlo?.
  • ¿Cómo podemos ayudarnos mutuamente a mejorar la calidad de nuestra escucha?.