lunes, 11 de enero de 2016

Pautas de alimentación

Plantearse buenos propósitos es innegablemente positivo, pues quien lo hace demuestra que quiere avanzar, que es consciente de que hay aspectos mejorables y que su máxima ambición no es quedarse como está, sino mejorar su vida, avanzar y progresar.
Al plantearse propósitos es necesario que éstos sean lo suficientemente ambiciosos como para lograr cambios sustanciales en la vida, pero que a la vez sean metas alcanzables y realistas. Y que vayan acompañados de un plan de acción.
Si uno se plantea como propósito llegar al verano con un cuerpo de top model, o un míster universo, está claro que eso no es un propósito, sino un deseo o un sueño; no está mal, es como una utopía: nos marca el camino a seguir pero....
Los propósitos que funcionan, además de realistas y alcanzables, exigen un compromiso con uno mismo para lograrlos. Y ese compromiso no se alcanza con un simple deseo, sino que hace falta una gran motivación para ser capaces de cumplir con nosotros mismos. Hace falta que por dentro, en nuestro interior, haya habido un trabajo de fondo que ponga a todo nuestro ser, a nuestra voluntad, a trabajar para alcanzarlo.

Pautas de alimentación que sí funcionan.

Imaginemos que alguien nos dice lo que podemos hacer por nuestra salud en este año y nos propone las siguientes ideas:
  1. Rebajar drásticamente el consumo de azúcar y de hidratos de carbono (incluidos los complejos, como los cereales integrales).
  2. Incrementar el consumo de alimentos crudos de calidad.
  3. Evitar los refrescos (y más si tienen gas).
  4. Dejar de consumir productos industriales.
  5. Perder el miedo a las grasas saturadas "buenas".
  6. Aumentar el uso de hierbas y especias en la cocina.
Puede que nos parezca poca cosa y puede que ni nos animemos a cumplirlo, pues no vemos las razones de fondo que hay en cada uno de esos puntos... y acabaremos volviéndonos a echar tres cucharillas de azúcar en el café del desayuno (y encima azúcar blanco), a comer hidratos sin límite (pensando además que son buenos) y a no limitar el consumo de refrescos, bollería y productos industriales (creyendo, además, que si son light son sanos).
Sin embargo, tendríamos que saber que en esas 6 pautas anteriores se concentran algunas de las claves de la buena salud y que, si se incorporan a los hábitos de alimentación, logran por sí mismas, casi sin hacer nada más, que quien las lleva a la práctica mantenga un peso óptimo y se encuentre francamente mejor. Por lo tanto, los pondrá en marcha íntimamente convencido de sus beneficios.

El convencimiento interno, la verdadera palanca del cambio.

Mejorar la alimentación es uno de los objetivos más frecuentes año tras año (como aprender inglés o apuntarse al gimnasio, etc...).
Y más cuando acabamos de salir de unas fechas en las que tradicionalmente se tienden a cometer excesos con la comida (muchas veces acallando al Pepito Grillo que llevamos dentro con la promesa de que a partir del 1 de enero nos alimentaremos mejor).
De hecho, según un estudio hecho público en plena Navidad basado en los datos de una muestra de 200.000 personas recogidos a lo largo de cinco años, los españoles ganan cada Navidad entre dos y cinco kilos de media (1,8 kilos las mujeres y ¡4,3 los hombres!).
La culpa la tienen los compromisos (con una agenda llena de comidas concentradas en unos pocos días), la gastronomía típicamente navideña (mucho más calórica de lo habitual) y el alcohol (con muchas calorías y pocos elementos nutritivos).
Perder el exceso de peso y alimentarse mejor son buenos objetivos (más que buenos: esenciales) y, sin embargo, en tantísimos casos abocado también al fracaso.
Salvo contadas excepciones, los cambios que perduran en la vida son fruto de ideas y conocimientos a los que nos hemos expuesto una y otra vez, ideas que han calado en nuestro interior, que nos han convencido no en un instante, sino en nuestro yo más profundo.
Seamos conscientes de que quienes de verdad cambian y se mantienen firmes en sus propósitos son los que se han empapado intensamente y a lo largo de un cierto tiempo de los hechos que demuestran que es necesario cambiar. Y es que el trabajo se hace en el subconsciente.
Somos lo que comemos. Si en nuestra alimentación nos atiborramos de productos industriales, de aditivos químicos, de alimentos para los que nuestro organismo no está preparado, de productos indigestos... es inevitable que desarrollemos intolerancias, desajustes, carencias...
Las plagas de obesidad, de alzhéimer, de problemas digestivos, de diabetes, de alergias y de cáncer, entre otras, no son fruto de la casualidad. Y es absurdo que luego pretendamos que se solucionen a base de fármacos y más fármacos. Lo prueba el hecho de que pese a que la industria farmacéutica está supuestamente realizando más avances que nunca, los grandes males en cuanto a salud siguen campando a sus anchas entre las poblaciones más avanzadas.
¿No sería lógico que cada uno de nosotros, en nuestra casa, proporcione a su organismo los nutrientes que necesita (y deje de darle lo que le perjudica)?. ¿No es más razonable adoptar desde el convencimiento hábitos de vida en coherencia con el bienestar de nuestro cuerpo?. ¿No es mejor contar con la información -basada en hechos científicos y contada desde la independencia- que nos permite tomar las decisiones adecuadas respecto a nuestra salud?.

Un paso adelante.

La publicación "Bienestar80" nos dice lo siguiente:
Una buena salud depende del tipo de hábitos alimenticios que se tenga. Por ello, se recomienda aprender a elegir la comida que favorezca una buena nutrición. Para crear un buen hábito sólo requieres de 21 días de práctica.
  1. Evita catalogar los alimentos como “buenos” o “malos”. Lo mejor es conocer las propiedades de cada alimento y de esta forma discernir cuáles son los mejores para tu salud.
  2. La comida nutre el cuerpo y el espíritu. Trata de comer frecuentemente en familia para compartir las experiencias del día. De esta forma mejora la comunicación y unión familiar.
  3. No limites los alimentos. Tener una dieta balanceada consiste en comer de todos los grupos nutricionales que hay para obtener los requerimientos diarios de vitaminas, minerales, etc. Sólo debes poner atención en las porciones para no excederte.
  4. Realiza un súper inteligente y lleva a casa alimentos saludables. De esta forma evitas caer en tentaciones al abrir tu refrigerador. Cambia las galletas, helados, etc., por frutas, cereales integrales, frutos secos y yogur.
  5. Nunca olvides que el desayuno es primordial. Es la base para que tengas la suficiente energía para realizar tus actividades diarias.
Si deseamos tener un estilo de vida más saludable, sólo tenemos que hacer pequeñas modificaciones en la dieta. Lo importante es que estemos decididos a mejorar nuestra calidad de vida.
Lo mismo que hagamos con nosotros, hagamos también con los hijos. Ellos van a estar reclamando bollería para llevarse al colegio todos los días, golosinas,... En casa van a negarse a comer determinados guisos y van a estar presionando para que cocinemos siempre otros, los de su gusto.
Tengamos claros nuestros criterios y prioridades. ¿Qué es preferible: su salud o alimentar su capricho y generando de paso una nutrición desequilibrada e incluso perjudicial?.

PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR:
PARA LA REFLEXIÓN EN FAMILIA:
  • ¿En qué nos ha ayudado este artículo?.
  • ¿Qué ideas hemos hallado en los enlaces "para ampliar, contrastar o profundizar" que nos pueden ayudar a mejorar nuestra calidad de vida a través de la alimentación?.
  • ¿Dónde hallamos nosotros las mayores dificultades para poner en práctica lo que esta documentación nos propone?.
  • ¿Qué sería necesario para hacer vida estas ideas?, ¿cómo podríamos ayudarnos unos a otros para alcanzar nuestros objetivos al respecto?.

Acordémonos de lo que decíamos al principio: "No basta con tener ilusiones y proponernos excelentes metas, hay que ser capaces también de establecer un PLAN concreto y luego comprometernos a llevarlo a la práctica".