viernes, 10 de abril de 2015

La validación

Hemos hablado ya varias veces de la "VALIDACIÓN" pero no hemos explicado lo que significa con la suficiente amplitud; esta estrategia forma parte de la "escucha activa" y nos vendrá muy bien para facilitar la conexión con nuestros interlocutores.

«La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón». (Howard G. Hendricks).
«Si la razón es la que hace al hombre, es el sentimiento quien lo conduce». (Jean-Jacques Rousseau).

Como padres que acompañamos a nuestros hijos a lo largo de toda nuestra vida, ¿cuántas veces nos han venido a decir estos hijos nuestros que se cayeron en el patio del colegio, o que tropezaron en las escaleras que llegan hasta nuestro piso, o que les duelen las muelas?, ¿o que su hermano mayor les empujó?, ¿o que quieren ser los primeros en recoger la mesa y no lo han conseguido?.
  1. Como padres de niños de entre 8 y 10 años ¿cuántas veces nos ha dicho un hijo que en el colegio le han quitado el lápiz y no se lo quieren devolver?, ¿o que, sin poder contener las lágrimas, viene una hija quejándose de que su mejor amiga la ha "tachado de la lista de mejores amigas"?.
  2. Como padres de hijos adolescentes, ¿cuántas veces nos hemos encontrado con el jovencito enfadado con nosotros porque no le dejamos estar fuera de casa más allá de las 10 de la noche?, ¿o tras una pelea entre él y sus hermanos?, ¿o que sale de casa tras dar un portazo sin permiso nuestro?.
  3. ...
Es inevitable, las emociones se cuelan entre las tareas de cada día, los compromisos con los que hay que cumplir, las necesidades que necesitamos cubrir,... No podemos hacer nada para evitarlas, ni intentar echarlas de casa para que no interrumpan. ¿Qué hacemos entonces con ellas?.
En muchas ocasiones nos parece que, si las atendemos todas, a lo mejor no cesaríamos de estar siempre con lo mismo, que le estaríamos dando importancia a temas menores y corremos el riesgo de que sea un río imparable de emociones el que se nos cuele por la puerta. Llegamos a la sensación de "habría que buscar un término medio" pero no sabemos en qué ha de consistir exactamente.

Lo importante es lo que queremos conseguir.
Sin embargo, y como dicen Faber y Mazlish (2002), a veces "el camino que parece más largo resulta finalmente el más corto". Sale más a cuenta dedicar unos minutos ocupándonos de los sentimientos de los hijos e hijas, que dejar que éstos se conviertan en un obstáculo que devora el valioso tiempo de nuestras vidas. Aparte de esto está el motivo más educativo: estamos trabajando el manejo de las emociones, la resolución de conflictos, la gestión de la convivencia… de manera transversal, en cada instante de nuestro precioso tiempo en casa o fuera de casa. Cuanto más accesible y normalizado sea el trabajo de las emociones en el hogar, más fructífero, rico, eficaz y valioso será el tiempo que se le dedique a cualquier tarea en sí, ya que los hijos mostrarán una actitud más positiva para recibir las enseñanzas y construir sus aprendizajes.
Ya lo decía el filósofo y escritor Jean-Jacques Rousseau hace trescientos años: "En educación, más importante que ganar tiempo es, precisamente, perderlo".
Y la pregunta ineludible es: ¿cómo atendemos las emociones en nuestro hogar?. Sin ánimo de dar recetas (recordemos que no son recetas sino parte de un proceso de cambio transversal a cualquier situación), podemos hacer algo que va más allá de la escucha activa. Podemos aplicar una técnica llamada "Validación de emociones".

Validación de las emociones.
  1. Validar una emoción consiste en hacer explícita la emoción que creemos que tiene la persona, en forma de duda:
    • "¿Eso te hace sentir…?", "parece que eso te pone triste...".
  2. Y si la emoción es muy clara, afirmarla, poniéndole nombre, hablando de ella y no escondiéndola (esto tiene un efecto más empático aún). Se trata de devolver una breve información a la persona con sentido emocional:
    • "Por lo que me cuentas, te sientes enfadado...".
  3. Si el niño o niña llora, a veces, dándole un pañuelo o tiempo para llorar, ya es suficiente, estamos haciendo explícita la emoción y la acompañamos, la validamos. Con ese gesto, aunque sea sin palabras, le estamos diciendo:
    • "Te vemos llorar, así que toma el pañuelo". Se trata de darle valor al sentimiento que tiene, pues, aunque no estemos de acuerdo con lo que esa persona está expresando en ese momento, tenemos que hacerle ver que tiene todo el derecho a sentirse así.
  4. Otras frases validadoras de emociones son:
    • "Por lo que me estás contando... entiendo que debes estar pasándolo muy mal"; "debe ser un mal trago que te haya dejado tu novia y además, tengas que ir a la uni en la que estais los dos y no poder evitar verla a cada dos por tres"; "esa herida en la rodilla debe doler mucho...".
  5. Otras expresiones de validación:
    • "¡Vaya…!; Me parece que veo en ti este sentimiento…; Sí claro, ya veo…; Parece que esto es importante para ti…; Esto ha tenido que ser duro para ti…;   ¿Qué es lo que sientes realmente?; Es algo difícil de llevar…; Parece que te estás emocionando, ¿qué sientes?; Suena como si realmente te sintieras…; Se te ve triste…"; etc.
Validar la emoción provoca sensación de comprensión de la persona, reconocimiento de su experiencia, aumento de la verbalización de lo que piensa y siente, se le invita a hablar más de lo que le preocupa, se siente escuchado, aumenta la confianza y establece la base para crear una buena relación.
No es difícil imaginar lo importante que es todo esto en la relación padres-hijos o incluso familia-colegio u otras relaciones. Hay numerosos estudios que afirman que la variable que predice más la posibilidad de ayudar a que ocurran cambios en algún sistema (una familia, un aula de un colegio, un grupo de profesionales de la educación) es "la relación" que se establece con ellos. Y una relación positiva sin tener en cuenta las emociones no es posible.
A veces no es necesario decir nada para validar. Acercar un pañuelo para recoger las lágrimas y estar cerca de los más pequeños, una mano nuestra, del padre o de la madre sobre la de nuestro hijo o hija, o un acogedor silencio generoso en el tiempo pueden ser suficientes para que nuestro hijo/a o cualquier miembro de nuestra familia puedan sentirse escuchados, comprendidos y, en definitiva, validados -situación que hace que el sentimiento vaya desapareciendo poco a poco para pasar a estudiar y construir la solución a la dificultad-.


¿Qué ocurre cuando no validamos?.

Con frecuencia nuestra tendencia es la de quitar importancia al sentimiento del otro, con la finalidad de que ese sentimiento disminuya o desaparezca. O también le negamos el espacio a la emoción por miedo a que no la podamos controlar, o cojan la costumbre de interrumpir nuestros planes en cualquier momento. Es más fácil adoptar esta actitud cuando nuestro interlocutor es un hijo/a de pocos años, alguien inmerso en los turbulentos años de la adolescencia ("por ahí hemos pasado todos, ya se le pasará"…).
Muchos de nosotros nos hemos visto en la situación de entrar en casa quejándonos de un mal día en el trabajo y que la persona que nos recibe nos dice que "no es para tanto, que dejemos el trabajo fuera de casa, que le quitemos importancia..." ¿Cuál es nuestra reacción?.
Habitualmente al sentimiento negativo que traemos, se le añade el de sentirnos incomprendidos o no escuchados, y la emoción negativa, lejos de aminorar, se incrementa. La validación consigue reducir ese sentimiento negativo. No es una estrategia mágica que resuelve problemas, pero da pie a que podamos ver un poco más allá y pensar en cómo resolver lo que nos ocurre.
Cuando no validamos, se intensifica el sentimiento, mientras que cuando hablamos del sentimiento y lo reconocemos en el otro, paradójicamente, el sentimiento disminuye y hasta desaparece. Por esta razón la idea de parar lo que estemos haciendo, para validar emociones cuando aparecen -aunque parezca que frenamos el ritmo y que perdemos el tiempo-, produce sus frutos.

El resumidas cuentas.

Para concretar y para resumir, los elementos básicos de la validación son:
  1. Poner en marcha todos los elementos de la escucha activa y mostrarnos abiertos y acogedores con los sentimientos que trae la otra persona.
  2. Identificar dichos sentimientos, haciéndolos explícitos poniéndole nombre si están implícitos en la conversación o hablando de ellos si han emergido de manera natural, ayudando a verbalizarlos, a conocerlos.
  3. No enjuiciar, criticar, o ridiculizar la expresión de los sentimientos. La persona debe sentir que es un espacio seguro, que se le permite, como persona, ser genuina en la forma de sentir.
  4. Utilicemos expresiones verbales y no-verbales de validación, tales como las que mencionábamos en el apartado de "Validación de las emociones".
Reflejo Empático.

Existe una herramienta lingüística denominada Reflejo Empático que hace que la persona se sienta validada. Consiste en hacer una afirmación sobre el sentimiento que ha citado la persona en la conversación, con una coletilla inicial.
Algunos ejemplos son: "Por lo que me dices, te sientes triste. Por lo que veo, estás estresado/a. Creo entenderte que te sientes eufórico/a. Parece, por lo que me cuentas, que últimamente estás distraído/a. Corrígeme si me equivoco, pero parece que estás muy emocionado/a. …".
Para determinar con más claridad "qué es VALIDAR y qué no es VALIDAR", les invitamos a pinchar sobre el siguiente enlace-web y dialogar juntos, en pareja, su contenido:
Sigamos ampliando lo que significa validar.
  1. Validar emociones no es dar la razón, ni entender la emoción. Podemos estar totalmente en desacuerdo con el hijo/a, con cualquier otro miembro de nuestra familia, con el compañero de trabajo, con los profesores de nuestros hijos, o con la que estamos hablando y eso no impide que podamos validarles. Es más, no es necesario ni siquiera entenderlos, puesto que no vamos a poder entender todo lo que sienten y viven todos ellos. No hace falta estar de acuerdo con el sentimiento de desgracia que tiene la chica ante la ruptura de una pareja que se formó hace tan solo diez días para poder validarlo. Ni siquiera tenemos que entenderlo. Sólo es necesario poner en marcha la estrategia del reflejo empático y devolverle a la hija lo que está sintiendo: "veo que estás muy afectada", para que eso le produzca el efecto paradójico de sentirse mejor, que es lo que, en el fondo, deseamos que ocurra.
  2. Validar una emoción no es lo mismo que justificar conductas. Citando a Jorge Bucay: "No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con las emociones". Por supuesto.
    • Si uno de nuestros hijos rompe un cristal de una ventana, tras un puñetazo que nace de la rabia que siente tras el enfado con cualquiera de los que compartimos el hogar, podremos validar el sentimiento de rabia, pero no justificar que por eso rompa algo o pegue a alguien. Lo que validamos son emociones, no conductas.
    • Veamos este otro ejemplo. Si uno de nuestros hijos insulta a un profesor, podemos validar la emoción que le ha provocado el insulto: el enfado, la rabia… pero no el insulto en sí mismo. Podemos pensar que la reacción es exagerada. Es exagerada para nosotros pero no para la persona que la siente. Aquí está la clave de la validación: no juzgamos la emoción, validamos que la persona pueda sentirse de una manera que no compartimos y a partir de aquí, de este sentimiento de comprensión y escucha que genera, el sentimiento bloqueante disminuye o desaparece y se puede emprender una conversación para el cambio. Se emprende una nueva narrativa para el cambio.
  3. Validar una emoción no es dar el permiso para que siga sintiéndose así. Cuando validamos una emoción negativa, ésta disminuye y desaparece. El hecho de explicitarla, de sentir que la otra persona la sostiene, ayuda a que se disipe y aparezca la sensación de sentirse comprendido (aunque no sea exactamente así, recordemos que validar no es lo mismo que comprender). Para la otra persona ése es el efecto. No le estamos diciendo: "tienes todo el derecho de sentirte así, así que sigue haciéndolo". Simplemente estamos diciendo: "tienes todo el derecho de sentirte así, veo que lo ocurrido ha tenido en ti este efecto. Y ahora, ¿qué quieres hacer con ese sentimiento?" Seguramente su respuesta será: "quiero sentirme mejor".
  4. Validar no es caer en el "colegueo" o "buen rollito" con el hijo.
    • Para entender esto nos hacemos preguntas a nosotros mismos: ¿a qué perfil de padre o madre le da legitimidad un hijo o hija?, ¿qué es lo que ellos tienen que ver en nosotros para que seamos significativos para ellos?, ¿a quién creemos que pueden hacer más caso, a un padre que continuamente grita o amenaza intentando imponerse, o a alguien con el que se sienten escuchados y validados?, ¿a un padre que les respeta también o que se centra en hacer las cosas mostrándose siempre autoritario?. Y es que ser autoritario no es lo mismo que tener autoridad. ¿Qué nos ayudaría a tener autoridad frente a nuestros hijos?.
    • Algunas respuestas adecuadas podrían ser respetarse a uno mismo y respetarles a ellos, no ponernos a su altura en las discusiones, ser consecuentes con lo que decimos y hacemos, como por ejemplo hablarles con serenidad si les pedimos serenidad… Es cierto, esta forma de hablar con ellos no es contraria a la autoridad, ayuda incluso a que un padre sea más significativo para un hijo y, por tanto, será una figura más creíble, más legítima, más respetada cuando tenga que poner normas. Es decir, nos ganamos la autoridad no porque la impongamos, sino porque nos las dan ellos y ellas. C.G Jung dijo: "Uno recuerda con aprecio a sus maestros brillantes, pero con gratitud a aquéllos que tocaron nuestros sentimientos". Validar las emociones es tocar los sentimientos de nuestros hijos e hijas, es ser más significativos para ellos, con todo lo que esto conlleva. De nuevo un camino que parecía más largo resulta ser el más corto. Pensémoslo con detenimiento.
(Basado en la documentación del Curso "Comunicación y Convivencia en las relaciones familiaalumnadocentro". Desde la óptica del Modelo SistémicoNarrativo.
Autoras: Dácil Josefa Baute Hidalgo y María de la Cruz Pérez Bethencourt).

PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR:

En el siguiente vídeo, titulado "El pañuelo rosa. Lucha contra el cáncer, salud, mujer, género", de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), encontrarán cómo unos alumnos y alumnas validan a una profesora que se incorpora a sus labores docentes tras estar de baja por un cáncer de mama. Ella intenta normalizar los sentimientos evidentes en su clase a su reincorporación. Sin embargo, los alumnos/as no dejan pasar la ocasión, no esconden el sentimiento y lo validan, le dan presencia a través de su forma especial y emotiva:
En este otro video vemos como el profesor japonés Toshiro Kanamori trabaja las emociones en el aula (el vídeo corresponde al programa catalán 60 Minuts y aparece subtitulado). Su forma de validar a sus alumnos/as es dejándoles el espacio para poder hablar de las cosas que les preocupan y acompañarles en la emoción que aparece en clase cuando hablan de ello. Vemos como esta validación no es sólo algo que hace el profesor, sino que ayuda a que el resto de los niños y niñas de su aula la practiquen y la adquieran como un hábito más en su repertorio de conductas. Genera los espacios para que sus alumnos aprendan no sólo las materias del curriculum, sino lo esencial para la convivencia: el escuchar, comprender y apoyar a sus compañeros/as: