domingo, 23 de noviembre de 2014

Es que... el profe me tiene manía

Lo habremos oído alguna vez de nuestros hijos ¿verdad?, especialmente cuando los resultados que trae a casa no son nada buenos.
Incluso puede ocurrir que veamos a nuestros hijos trabajar más que bien en casa y resulta que al día siguiente, de regreso al hogar, nos trae una notita en la agenda nada agradable; o bien unos cuantos resultados académicos nada alentadores,... y cuando preguntamos por estas cosas nuestro hijo, hija, nos sale con la frase:
"Yo me esfuerzo mucho, ustedes lo ven en casa; en clase atiendo, aprovecho bien el tiempo, estudio,... hago todo lo que me dicen,... ¡y luego esto!. ¡Papá, en ese colegio me tienen manía!".

¿Lo comprobamos?.

Es necesario comprobarlo; para ello sigamos los cauces adecuados:

1.   Solicitemos entrevista con el tutor o tutora de nuestro hijo para "esclarecer la situación".
o    En primer lugar, interesémonos por su proceso, cómo va en líneas generales; dejemos que el tutor o tutora nos explique su situación actual.
o    En segundo lugar planteemos con franqueza las razones primordiales que nos llevaron a esta entrevista: contrastar la versión de nuestro hijo con lo que ve este profesional de la docencia.
2.   SI ES CIERTO lo que nuestros hijos dicen, entonces habrá que abordar con seriedad el conflicto; primero con el profesor o profesora en cuestión, buscar las razones de ese rechazo y subsanarlas. Y si no logramos entendernos con este docente... tendremos que recurrir a la Jefatura de Estudios o a quien ostente el cargo de Dirección del centro,... o a algún recurso de Mediación.
3.   SI NO ES CIERTO lo que afirman nuestros hijos... y además comprobamos que esto no es algo puntual sino que es una actitud constante.... entonces habrá que iniciar un proceso de trabajo conjunto, bien coordinado, familia-colegio,... y reconducir la situación con criterios comunes de actuación, proceso bien pautado y evaluación periódica del mismo, hasta que podamos decir todos que se restableció la plena honestidad de todos en este trabajo.

Busquemos la raíz del problema.

Los niños... no siempre dicen la verdad. No es nuevo decir esto, es obvio que no siempre dicen la verdad. La cuestión no es tanto esto sino el averiguar "por qué mienten a veces", sean niños o adolescentes o un poco más mayorcitos". ¿Por qué mienten?.

A)- Por miedo al arresto, al castigo.
Si somos los padres a veces excesivamente duros; si imponemos arrestos o castigos desproporcionados con la falta cometida; si somos violentos en la manera de corregir; si... 
Puede haber muchas otras razones que con toda lógica lleven a nuestros hijos a tratar de "tapar" de alguna manera su mal resultado o su mala conducta detectada en el colegio culpando a tal o cual profesor o profesora (suponiendo que nosotros no contrastaremos su afirmación y nos contentaremos con su explicación).

B)- Por vergüenza de sí mismos.
El que sus padres podamos pensar que "es mal estudiante, que no es capaz de, provocar en nosotros decepción,..." puede ser también otra de las razones y no menos importante: nuestros hijos están construyendo el concepto de sí mismos y necesitan de nuestro refuerzo para ello.

C)- Por engreimiento.
Cuando nuestros hijos se convencen a sí mismos de que ya hacen todo lo que pueden y además a la perfección, y si no obtienen buen resultado ya no buscan sus causas en sí mismos sino en quienes les califican o evalúan.

¿Qué podemos hacer?.

Si es A):

1.   Revisemos nuestro proceder como padres y educadores; hagamos autocrítica. No para machacarnos a nosotros mismos sino para detectar las posibles conductas y formas de actuar que han llevado hasta la fecha a la respuesta deshonesta de nuestros hijos.
2.   Propongámonos maneras concretas de ir desandando lo mal andado. No podemos volver al pasado pero sí podemos hacer las cosas de manera diferente a partir de ahora. (Y si necesitamos "ensayar", padre y madre, con diversos supuestos... ensayémoslo entre nosotros y corrijámonos mutuamente, dejémonos ayudar por nosotros mismos, con humildad y deseos de ganar esta partida).
3.   Si necesitamos al respecto ayuda, orientación, asesoramiento,... no dudemos un instante en solicitarla.

Si es B) C):

1.   Es obvio que en un caso como en el otro hay una carencia importante de autoestima o una seria malformación de la misma. Por lo tanto nuestros esfuerzos aquí irán orientados a averiguar, con sentido de autocrítica, qué mensajes les hemos transmitido a nuestros hijos para distorsionar la imagen de sí mismos: en el caso de B) "haciendo que necesiten constantemente nuestra aprobación para sentirse bien consigo mismos" y en el caso de C) "haciéndoles creer que son perfectos en todo y que son incapaces de cometer errores".
2.   Ideemos a renglón seguido estrategias para corregir esa falsa autoestima, pensando en situaciones concretas, cotidianas, las que vivimos cada día, a cada instante,... y practicándolas cada vez que tengamos ocasión.
3.   Busquemos también en este caso la ayuda de quienes nos puedan orientar en este proceso si acaso nos hallamos en dificultad o no tenemos claro cómo realizar esto.

Siempre y en todo caso:

1.   Hablemos con nuestros hijos sobre "la actitud de mentir o falsear la realidad"; no se trata de redundar en los errores cometidos sino de "reflexionar sobre sus causas y las consecuencias" y de ayudarles a descubrir que "de lo que se trata ahora no es de lamentar lo sucedido sino de aprender de ese pasado para construir relaciones nuevas que nos lleven a sentirnos bien con nosotros mismos y con los demás".
2.   Eduquemos en los valores de la sinceridad, la honestidad, humildad y honradez. Eduquemos en valores, en todos, pero especialmente en éstos ya que brillan por su ausencia en lo que aquí hemos señalado.
3.   Hagámosles sentir nuestro amor incondicional, sea cual fuere su rendimiento académico, (sin dejar de ser críticos con aquello que necesite corregirse) de tal manera que descubran que el valor fundamental de todo no está en lo que hacen o aparentan sino en sí mismos.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN:
  • ¿Cómo solemos justificar los padres los errores en los que incurrimos: culpamos a otros o buscamos en primer lugar aquello que dependa de nosotros?.
  • ¿En qué medida influye nuestro ejemplo en la conducta de nuestros hijos?.
  • ¿Cada cuánto tiempo solemos entrevistarnos con el tutor o tutora de nuestros hijos y los demás profesores?. ¿Cuándo solemos hacerlo: de una manera regular o sólo cuando hay problemas graves?.
  • ¿Por qué y para qué mantener regularidad en estos contactos padres-profesorado?.
PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR: