jueves, 15 de mayo de 2014

Reconciliación

¡Qué hermosa palabra! pero... ¿qué significa?.
La Reconciliación es el «restablecimiento de la concordia y la amistad entre dos o más partes enemistadas».
El fenómeno de la reconciliación en F. Aureli y Frans B. de Waal es: «Reunión amistosa post-conflictual entre previos oponentes que restaura una relación social alterada por el conflicto. En este sentido, la reconciliación es un mecanismo de resolución de conflictos. Si esta función no está implicada o no puede demostrarse, debe utilizarse un término más descriptivo».
El término «reconciliación» viene del latino reconciliare que significa «recuperar, reconciliar». Originalmente, el término se refería en primer lugar a la relación entre Dios y los hombres, con lo cual se producía un cambio en la forma como los hombres se relacionaban entre sí.
Otras acepciones son: «acción y efecto de oír una breve o ligera confesión»; «acción y efecto de bendecir un lugar sagrado, por haber sido violado»; «acción y efecto de confesarse, de algunas culpas ligeras u olvidadas en otra confesión que se acaba de hacer»; o «acción y efecto de confesarse, especialmente de manera breve o de culpas ligeras».
Desde aproximaciones académicas son muchos los autores que han pensado y escrito sobre lo que reconciliación puede significar, más allá de la esfera de la teología.

Si "reconciliación se entiende como "restablecimiento de la concordia y amistad entre dos o más partes enemistadas" y eso lo aplicamos a nuestra relación con Dios... nos hallamos ante un pequeño problema, ante un matiz muy importante a tener en cuenta: "Dios no se enemista con nosotros aunque nosotros nos apartemos de Él", Él permanece siempre fiel; somos únicamente nosotros que le dejamos. Por lo tanto esta "reconciliación" consiste en que sencillamente volvamos a Él o nos dejemos alcanzar por Él, aceptar su mano, su abrazo sanador.

Parábola del Amor del Padre.

Así es o así debiera llamarse a la "parábola del hijo pródigo" (Lc.15,11-32). La razón es sencilla: el gran protagonista de esa parábola no es el hijo sino el Padre y su amor incondicional.
Cuando de niños nos explicaban los "pasos" a seguir para una "buena o verdadera confesión" se describía este orden:
  1. Examen de conciencia: Ver lo que hemos hecho mal.
  2. Dolor de los pecados: Sentir arrepentimiento de lo que hiciéramos mal.
  3. Propósito de la enmienda: Querer rectificar.
  4. Decir los pecados al confesor: Pedir perdón por el daño realizado y tener fe en el perdón.
  5. Cumplir la penitencia: Realizar las acciones necesarias para reparar el daño producido.
Pues bien, esos elementos los hallamos con claridad en esta párabola pero en ella con un grado inmensamente mayor en cuanto a la experiencia de misericordia de Dios para con nosotros que incluso es independiente de cualquier mérito por nuestra parte. Veámoslo:

1.- El hijo que se fue de casa sólo se acuerda de su padre "cuando está en apuros".  Sea como fuere, este hijo se da cuenta de lo que ha hecho mal. (Lc.15,17).

2.- El único dolor que experimenta es el del estómago que ya no puede llenar ni con las algarrobas que comen los cerdos; ése es el realidad el móvil que le lleva a pensar en volver a casa del padre. Es más, antes de emprender el camino de regreso se prepara ya el discurso que le va a soltar a su padre para que le acoja al menos como un criado: tiene el convencimiento incluso de haber perdido toda su dignidad de hijo. (Lc.15,18-19).

3.- Cuando llega a la vista de su padre -quien nunca había dejado de otear el horizonte-, el que corre al encuentro no es el hijo... sino el padre. El hijo inicia su discurso aprendido, reconoce abiertamente su pecado,... pero el padre no le deja ni terminar, lo levanta del suelo, lo abraza y organiza un fiestón por todo lo alto... "porque aquel hijo se había perdido y había sido hallado". (Lc.15,20-24).

4.- El hijo quería pedir perdón pero antes de pedirlo el padre ya le había perdonado. Al padre le bastó únicamente la intención de volver del hijo, le bastó sencillamente que el hijo se volviera a él, le quisiera volver a mirar, dejarse encontrar. (Lc.15,32).

5.- La única "reparación", la única penitencia que el hijo menor lleva a cabo es aceptar el amor  tan desbordante del padre. ¿Quizás sea esto realmente lo más difícil de aceptar para el ser humano?.

Explicar el sacramento de la Reconciliación a nuestros hijos.

Nada mejor que recurrir a esta parábola y leerla, reflexionarla, meditarla juntos y pararnos en cada uno de esos puntos donde se ve con toda claridad cuán diferente es la justicia humana de la de Dios y cuán liberador es descubrir la INMENSA BONDAD y MISERICORDIA que hay en Dios.
¿Cómo pues hemos sido capaces de tenerle tanto reparo a este sacramento?, ¿cómo hemos hecho para generar tanto rechazo al mismo y habernos perdido el tesoro, el gozo y la liberación que hay en él?.
Tratemos de darle la vuelta a la cuestión, padres e hijos:
  1. Empecemos por fomentar la humildad, reconocer nuestros errores pero sin necesidad de machacarnos por haberlos cometido.
  2. Expresemos esa realidad que conocemos ya en nuestro corazón, pongámosle nombre y sin tapujos.
  3. Pensemos en la experiencia del padre y el hijo menor de la parábola: el padre conoce al hijo, lo conoce a fondo, le comprende,... y lo único que desea del hijo es que le pueda mirar de nuevo de frente, sólo eso, porque hasta el camino del encuentro lo recorre el padre por el hijo y hasta eso de levantarse del suelo corre a cargo también de él, no de las fuerzas o méritos del hijo. Así Dios con nosotros.
  4. Y, finalmente, atrevámonos a aceptar y asumir que "así es el amor de Padre Dios y así quiere que sea el amor entre nosotros". Aquí está nuestra principal "penitencia", éste es nuestro compromiso esencial, porque lo demás es pura consecuencia de ese ENCUENTRO con Él.
Si acompañamos a nuestros hijos en este "proceso de redescubrir el sacramento de la Reconciliación o Penitencia" será no sólo mucho más sencillo volver a participar de él en la comunidad cristiana sino también habremos contribuido enormemente a liberar este espacio de encuentro y relación con este Dios que es AMOR (1ª Jn. 4,8) de todo aquello que en realidad poco o nada tiene que ver con este sacramento.

PARA LA REFLEXIÓN EN FAMILIA:
  • ¿Qué reflexión nos hacemos los adultos de la "parábola del Amor del Padre"?.
  • ¿Cómo hemos vivido nosotros la experiencia de reconciliación con Dios hasta la fecha?. ¿Cómo la hemos transmitido a nuestros hijos hasta el día de hoy?.
  • ¿En qué vemos que necesitamos cambiar: tanto respecto a nosotros mismos como respecto a la educación de nuestros hijos en relación con este sacramento?.
  • ¿Cómo podríamos llevar a cabo esos cambios que necesitamos?, ¿cómo ayudar también al resto de la comunidad cristiana en ese cambio?.
  • ¿Qué nos gustaría compartir al respecto con los lectores de este blog?.
PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR: