viernes, 9 de mayo de 2014

¿Contarle mis pecados a un cura?.

- «Pero, padre, ¡me da vergüenza!»: la confesión explicada por el Papa Francisco en 5 párrafos.
Al explicar cosas a veces complejas de explicar el Papa Francisco tiene el don de la brevedad sin detrimento de lo que es necesario incluir al decir lo que dice. Lo ha vuelto a hacer al explicar el sacramento de la Reconciliación (Penitencia o Confesión) en la catequesis del miércoles 19 de febrero de 2013. Los cinco párrafos centrales son éstos:
  1. «En la celebración del Sacramento de la reconciliación, el sacerdote no representa solamente a Dios, sino a toda la comunidad, que se reconoce en la fragilidad de cada uno de sus miembros, que escucha conmovida su arrepentimiento, que se reconcilia con Él, que lo alienta y lo acompaña en el camino de conversión y de maduración humana y cristiana.
  2. Alguno puede decir: “Yo me confieso solamente con Dios”. Sí, tú puedes decir a Dios: “Perdóname”, y decirle tus pecados. Pero nuestros pecados son también contra nuestros hermanos, contra la Iglesia, y por ello es necesario pedir perdón a la Iglesia y a los hermanos, en la persona del sacerdote.
  3. “Pero, padre, ¡me da vergüenza!”. También la vergüenza es buena, es saludable tener un poco de vergüenza. Porque cuando una persona no tiene vergüenza, en mi país decimos que es un ‘sinvergüenza’. La vergüenza también nos hace bien, nos hace más humildes. Y el sacerdote recibe con amor y con ternura esta confesión, y en nombre de Dios, perdona.
  4. También desde el punto de vista humano, para desahogarse, es bueno hablar con el hermano y decirle al sacerdote esas cosas que pesan tanto en mi corazón: uno siente que se desahoga ante Dios, con la Iglesia y con el hermano. Por eso, no tengan miedo de la Confesión. Uno, cuando está en la fila para confesarse siente todas estas cosas – también la vergüenza – pero luego, cuando termina la confesión sale libre, grande, bello, perdonado, limpio, feliz. Y esto es lo hermoso de la Confesión.
  5. Quisiera preguntarle, pero no responda en voz alta ¿eh?, responda en su corazón: ¿cuándo fue la última vez que se confesó?. ¿Dos días, dos semanas, dos años, veinte años, cuarenta años?. Cada uno haga la cuenta, y cada uno se diga a sí mismo: ¿cuándo ha sido la última vez que yo me he confesado?. Y si ha pasado mucho tiempo, ¡no pierda ni un día más!. Vaya hacia delante, que el sacerdote será bueno. Está Jesús, allí, ¿eh?. Y Jesús es más bueno que los curas, y Jesús te recibe. Te recibe con tanto amor. Sea valiente, y adelante con la Confesión».
Liberarnos de falsas imágenes.

Muchos se preguntan "por qué ha caído tan en desuso el sacramento de la Reconciliación (o Penitencia)" y lo achacan fundamentalmente a:
1.     Pérdida de la moralidad, al relativismo, al cuestionamiento de todos los valores.
2.     Mala prensa del "sentimiento de culpa": llevado hasta el extremo el deseo de hallar la paz con uno mismo se intenta convencer al individuo de que "todo sentimiento de culpabilización de su conducta va contra su felicidad"; por lo tanto...
3.     Malformación de la conciencia: hoy todo vale, todo está bien; toda barrera o límite que se pueda marcar se ve como un peligro o traba para el desarrollo personal.
Pero también pesa una inadecuada y equivocada catequesis que a veces hemos recibido en nuestra niñez. ¿Quién no recuerda aquellas confesiones en las que parecía que en vez de estar pidiendo perdón por nuestros pecados, parecía, sin embargo, que lo importante era el "cómo, CON TODO DETALLE, habíamos pecado"?, ¿no teníamos la experiencia de una pesadilla, un juicio sumarísimo en el que lo importante era contestar bien a aquella marabunta de preguntas que se inmiscuían hasta en nuestro ser más íntimo?, ¿cómo no iba a marcar aquello de por vida?.
Cuando llegamos a la "adultez en años" o en estudios académicos pero no hemos crecido espiritualmente, no hemos llegado a la "adultez en la fe" sino que nos quedamos en su infancia... se hace muy difícil ver las cosas ahora de otro modo.
No se trata hoy, con los criterios de hoy, de culpar aquella religiosidad y a quienes nos la transmitieron; ellos lo hicieron entonces de la mejor manera que supieron y con la cultura de la época en la que les tocó vivir; se trata de "ver qué nos sirve y qué no, para acercarnos al verdadero sentido del sacramento de la Reconciliación". Lo importante no es la imagen, sino lo que hay tras ella y si descubrimos que lo que hay tras ella no corresponde con la imagen... entonces habrá que eliminar esa apariencia o bien cambiarla por otra que sea más fiel a la realidad.

Para recuperar el valor del Sacramento de la Reconciliación.

Mirar a Jesús de Nazaret.
Es lo primero, lo fundamental, de principio a final. Nadie mejor que Él nos puede enseñar todo lo que significa la liberación del pecado; pecado es todo aquello que nos aparta del amor a Dios, al prójimo y a la Creación entera. Pecado es olvidarnos del plan de Dios para acoger lo contrario al amor y a la felicidad que nos aporta AMAR como Jesús nos enseñó. Pecado es la falta de amor, del amor verdadero y vivir en el pecado significa vivir de espaldas al amor, a la llamada a amar al otro por sí mismo y porque él es, como todos los demás, templo del Espíritu Santo; este amor no es por sus méritos, ni por lo que tenga o lo que me dé a mí o a los demás.

Rescatar el sentido de COMUNIDAD.
Lo hemos ido perdiendo, lo hemos dejado perder poco a poco a lo largo de los tiempos. ¿Se han dado cuenta de lo que sucede cuando entramos en la parroquia antes de la Misa?,... si llegamos pronto nos vamos sentando pero cada uno en un banco, dejando entre los que ya estaban y nosotros algo así como "una tierra de nadie"; como mucho media un saludito con la mirada, un "buenos días" tímido... y más nada.
Somos o nos comportamos a veces como una inmensidad de islas desconexas unas con otras.
Necesitamos plantearnos en todas nuestras comunidades cristianas qué es eso de "vivir la comunidad", qué significa "vida comunitaria" en cristiano. De ahí puede salir un gran torrente de vida pero necesitamos levantar la losa que impide que esa vida fluya.

PARA LA REFLEXIÓN EN FAMILIA:
  • ¿Qué recuerdos tenemos de nuestras celebraciones de la Penitencia?. ¿Qué aspectos positivos y negativos destacaríamos de aquellas experiencias?.
  • ¿Qué entendemos por "reconciliación", también la "reconciliación con Dios y la Comunidad"?. ¿Se podría decir que "hay verdadero sacramento de la Reconciliación" desconectando el "pedir perdón a Dios" del "perdón que recibimos de nosotros mismos" y "del resto de la comunidad"?; ¿por qué?.
  • ¿Por qué nos parece a nosotros que en la catequesis, hoy, se nos enseña que "cuando pecamos lo hacemos contra Dios, contra la comunidad y contra la Creación"?; si ofendo a una persona "que me cae fatal" ¿por qué tengo que considerar que al hacer esto estoy ofendiendo también a Dios y estoy faltando además a toda la Creación?.
  • ¿Qué otras preguntas nos hacemos sobre este tema, el del "Sacramento de la Reconciliación o Penitencia"?
Dialoguemos en familia sobre estas cuestiones y no tengamos miedo de quedarnos con dudas o multitud de preguntas que no vienen aquí resueltas. De entrada nos servirá para reflexionar y madurar al respecto y también nos llevará a indagar, reflexionar y crecer en la fe.

PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR: