martes, 4 de marzo de 2014

Dificultades y actitudes en un proceso de Mediación familiar

En el artículo "Mediación en la ruptura" anunciábamos la necesidad de abordar el tema de la "carga emocional" que suele ser el principal de los escollos o dificultades que llevan consigo las parejas que se acercan al proceso de Mediación familiar.

¿Quiénes y cómo la experimentan?.

Todos, absolutamente todos los que de una manera o de otra tienen algún tipo de relación con la pareja que se halla en crisis y se está planteando el fin de su relación como tal. Las diferencias también son patentes: no a todo el mundo afecta lo mismo de la misma manera ni en el momento preciso.

La pareja.
Dicen que a las mujeres se las ve sufrir mucho esta carga emocional antes de la separación y, después de ella, se estabilizan y van recuperando su equilibrio interior. Y de los hombres se observa lo contrario: más estables y serenos antes de la separación y sin embargo tras ella suelen entrar en depresión e inestabilidad.
Independientemente del acuerdo o desacuerdo con esta afirmación popular, lo cierto es que a ambos, antes o después este estado emocional mediatiza muy fuertemente sus acciones, actitudes, formas de comunicarse y por supuesto su relación no precisamente para bien sino que acaba constituyendo una dificultad añadida a las causas consideradas objetivas de su crisis.

Familiares de la pareja.

Por regla general los padres, hermanos y demás familiares suelen hacer hueco inmediatamente al hijo o hija que se halla en crisis con su pareja y aunque en principio suelen poner "peros", ayudar a reflexionar para no tomar decisiones precipitadas,... cuando la situación de tensión se prolonga y no sólo no se resuelve sino que empeora suelen dar inmediatamente "ánimos" para facilitar esa separación; su afán de protección impulsa casi forzosamente a esta actitud.
Cierran filas alrededor de quien es su hijo o hija, no de su pareja, como es lógico suponer.
¿En qué sentido esto es positivo o negativo?; es positivo en cuanto que ello ayuda a este hijo o hija a sentirse fuerte, comprendido, valorado,... suponiendo que ese apoyo recibido de la familia no venga acompañado del enfrentamiento o rechazo sistemático irracional contra su pareja sino que sea también atento y respetuoso con ella; puede ser muy negativo y motivo de que la ruptura se acelere y de manera nefasta cuando ese rechazo a la pareja del hijo o hija se base únicamente en intenciones que no están basadas en nada objetivo o sólo en pre-juicios respecto a esa pareja que no se corresponden con la realidad.

Hijos de la pareja.
Son quienes con mayor dureza y desgarro viven la separación. Hay quien opina que "el problema para los hijos no es esa separación sino el modo en que ésta se produce" pero ello, a nuestro juicio, se puede aplicar a la pareja, en modo alguno lo es para los hijos.
Para los hijos toda ruptura de sus padres es un golpe muy duro que tarda mucho tiempo en asumirse realmente; la razón es muy simple: ellos aman a sus padres, a uno y al otro y en su ideal de hijos entra la imagen de que padre y madre están juntos y los dos están con sus hijos, ninguno es aparte. Por lo tanto, la separación de sus padres no es algo vanal, en modo alguno, especialmente en edades tempranas. De esto ya hablamos en "Mis padres se han separado".

Amistades de la pareja.
Antes de constituirse como pareja cada cual tiene su propio círculo de amistades; en ocasiones ambos comparten ya un conjunto de ellas debido a que "eran su pandilla, sus compis de estudios,...".
Tanto si parten de esa realidad como de la otra los amigos de uno acaban siéndolo también del otro y viceversa, pero ¿y cuando llega la separación?.
La primera reacción de esas amistades, por regla general, cuando se enteran de que "sus amigos que eran pareja se van a separar" es de prudencia, mantener cierta distancia y no posicionarse al lado del uno ni del otro, por la sencilla razón de que sus afectos son para ambos y no desean estar mal con ninguna de las partes (no siempre es así, en ocasiones este momento es aprovechado por algunos para cargar sobre la otra parte de manera totalmente visceral expresando así un rechazo que nunca antes se habían atrevido a manifestar).

Todo un cóctel.

Si juntamos todo este maremagnum y le damos cita en un momento fuerte de crisis de pareja es bien sencillo entender que sea tan difícil para la pareja encontrar el sosiego, capacidad de análisis objetivo de su situación.
¿Cómo mantener la cabeza fría y no dejarse llevar ya no sólo por los propios sentimientos sino también de todas las presiones que les llegarán de un lado y de otro?. ¿Cómo dar pasos seguros sin hacer daño a uno mismo, a la pareja y a la ya maltrecha relación que ambos mantienen?.
En todo proceso de "duelo", decimos, hay que "saber respetar el momento de la persona que sufre ese duelo", evitar atosigarle con consejos, frases hechas, recetas que quizás no nos aplicaríamos a nosotros mismos si pasáramos por esa situación,... ¿Por qué no aplicar esos mismos criterios en un proceso de crisis de una pareja?.

¿Qué hacer?.

POR PARTE DE LOS DEMÁS.
Nos referimos a todos quienes no somos esa pareja en crisis y no lo somos porque no somos ninguno de ellos por muchos afectos, simpatías o afinidades, que nos unan a uno o el otro o a ambos:

1.   Tratar de adoptar la actitud de las amistades que, como decíamos, tratan de "guardar distancias" y respetar al máximo a la pareja en crisis y dejar que ellos decidan conforme crean conveniente sin que les presionemos por un lado ni por el otro.
2.   Mantener siempre una actitud de escucha, acogida, de cualquiera de ellos, independientemente de que nos caiga mejor o peor que el otro. Es la mejor muestra de respeto que podremos brindar.
3.   Practicar la empatía con cada uno de los miembros de la pareja. Situarnos en la piel del otro, en su mentalidad y circunstancias ayuda a comprender muchas posturas (aunque ello no signifique justificarlas o tolerarlas).
4.   Y, sobre todo, ser muy solidarios con los hijos de ambos evitando SIEMPRE el emitir cualquier expresión que les lleve a posicionarse contra ninguno de sus padres. Nuestro respeto a los niños debe ser algo quasi sagrado.
5.   Ayudemos a sus hijos a sobrellevar esta situación sin rehuir hablar del tema tampoco; cuando los niños quieran hablar de esto acojámosles, invitémosles a ello si acaso observamos que lo están deseando; están viviendo su duelo también aunque sea desde una perspectiva "algo" diferente a la de los adultos.
6.   Si somos creyentes, orar por la pareja y por sus hijos. Orar insistentemente porque el primer fruto de esa oración se producirá en nosotros, nos llevará a encontrar nuestro sitio y nuestro papel más adecuado en esta situación. "Orar por ellos" significa que nos interesemos por ellos mismos, no para que hagan conforme a nosotros nos parece que debieran hacer uno o el otro o ambos.

POR PARTE DE LA PAREJA.
Es la parte principal, la protagonista de esta historia y está en cada uno de ellos la clave del desarrollo o evolución que se vaya produciendo en el conflicto.

1.   Velar por el bien de sus hijos de manera que este proceso produzca en ellos el menor daño posible. Organicen, por lo tanto, la forma de proceder de manera que no se añada más dolor al que ya sienten por ver a sus padres sin capacidad aparente de resolver sus problemas de relación.
2.   Instar a sus respectivas familias y amistades a mantener con sus hijos una relación natural y en todo caso que ésta sea como la que ellos mismos, los padres, entienden como ideal.
3.   Independientemente de las respectivas opiniones y sentimientos respecto al otro, procurar mantener siempre un trato correcto, respetuoso, honesto. El objetivo -cuando ya se tiene claro que se desea la separación o divorcio- no es machacar al otro sino superar la actual situación saliendo de ella de manera positiva para uno mismo pero también para el otro.
4.   Si son creyentes, orar a diario cada uno por el otro, con honestidad, de corazón. La verdadera oración nos lleva a actitudes de humildad, experiencia de paz interior y profundo respeto hacia el otro, así que fuere cual fuere el desenlace final esta oración siempre aportará un gran bien a ambos.

PARA NUESTRA REFLEXIÓN:
  • ¿Qué añadiríamos a lo expresado aquí, en relación con la carga emocional con la que se llega a un proceso de separación?.
  • ¿En qué nos sirve u orienta este artículo?, ¿qué echamos en falta en él y nos gustaría que se abordara?.
  • ¿Se haría necesario llegar a la "Mediación familiar" si lleváramos a la práctica las estrategias que aquí se sugieren?.
  • ¿Cuáles pueden ser las causas por las que una pareja rompe una relación que prometía ser de por vida y además de muy malas maneras?.
  • ¿Qué habría que potenciar en las parejas, antes de que éstas optaran por unirse en matrimonio y tener hijos?.
PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR: