viernes, 5 de abril de 2013

Y... ¿qué es escuchar?

Escuchar es centrarse en el otro” pero “centrarse en el otro” no es tan fácil: se consigue haciendo un esfuerzo: un vacío de nosotros mismos. Supone hacer callar al conjunto de voces que murmuran dentro de nosotros y que se llaman “recuerdos, remordimientos, alegrías, preocupaciones, prejuicios respecto del otro, sentimientos e ideas diferentes,...”. Por eso es tan difícil ESCUCHAR (a veces creemos que estamos escuchando y lo único que estamos haciendo es “oír” y con dificultades).
Decía un tal “Alemany” que “somos capaces de percibir, elaborar y comprender el mensaje contenido en 600 palabras por minuto, mientras que emitimos normalmente entre 100 y 140”. Eso evidencia que “tenemos mayor capacidad de escuchar que de hablar”, pero como ocupamos gran parte de la mente -tiempo libre mental- con las respuestas ya sabidas, prejuicios, etc... la capacidad de escucha disminuye ostensiblemente.
Calidad en la escucha.
Tenemos que ser capaces de ESCUCHAR las palabras y lo que hay detrás de ellas: atender los sentimientos y lo que subyace tras ellos; estar pendientes del lenguaje verbal y no verbal,... Ésa es la actitud que puede ayudarnos a superar los obstáculos en el ejercicio de la escucha.
Cuando uno se siente escuchado tiene la cálida percepción de tener valor a los ojos del interlocutor” (Brusco A. “Saber escuchar”).
A fin de cuentas, pues, “escuchar es centrarse en las verdaderas necesidades del otro”. Abraham Maslow estableció así estas necesidades:
  • Necesidades fisiológicas.
  •        “        de seguridad.
  •        “        de amor y pertenencia.
  •        “        de estima y reconocimiento.
  •        “        de autorrealización.
Si la escucha quiere ser de la PERSONA y no sólo del problema... tendremos que estar atentos a todas las necesidades de la persona. Y estar atentos CON TODA NUESTRA PERSONA:
  • Con una mirada capaz de expresar y acoger pensamientos y sentimientos.
  • Con expresiones verbales que demuestren que estamos siguiendo perfectamente la comunicación.
  • Con el respeto a los silencios y a las explosiones de emotividad fuerte.
  • Evitando todo juicio moralista sobre las expresiones del otro o cualquier otra intromisión de las “voces que murmuran dentro de nosotros”.
Obstáculos de la escucha. 
OBSTÁCULOS DE LA ESCUCHA pueden ser muchos: desde los meramente ambientales (ruidos, espacios inadecuados, olores desagradables,...) hasta los del área emocional (nuestros propios sentimientos,..) o mental (prejuicios morales, culturales,...). Algunos de estos obstáculos (aquéllos que sí podemos abordar siempre) son:
1.   ANSIEDAD: Estar más preocupados de dar “una buena respuesta” que de saber claramente qué nos están diciendo; tenemos demasiadas respuestas aprendidas (y quizás a sus planteamientos no le vienen bien ninguna de nuestras respuestas prefabricadas).
2.   SUPERFICIALIDAD: Generalizar, no entrar a fondo en las cuestiones, huir de abordar sentimientos; si hacemos esto... no hay personalización.
3.   TENDENCIA A JUZGAR: Imponer rápidamente nuestros criterios, decir lo que está bien y lo que está mal, desde nuestros esquemas personales, ideas culturales, políticas, éticas,... en lugar de centrarnos en lo que el hijo o hija expone.
4.   IMPACIENCIA, IMPULSIVIDAD: Impide que el hijo pueda hablar, expresarse hasta el final; no respetar sus ritmos.
5.   PASIVIDAD: Tendencia a dar siempre la razón, poniendo, incluso, en entredicho la ética de la propia familia; se pierde con ello la capacidad de intervención activa y confrontadora en el momento oportuno, además de caer en el grave perjuicio del “colegueo”.
6.   PREDICACIÓN: Dar pequeños -o grandes- sermones tratando de que el hijo encuentre en ellos las razones de lo que está experimentando y las soluciones a sus problemas. No sirve de nada, francamente.
DINÁMICA FAMLIAR:
En pareja, padre y madre, tratar de "hablar cada cual de sí mismo a la pareja" y luego al revés, tratando de poner en práctica la actitud de la "escucha activa" (3 minutos cada uno aproximadamente).
Finalizada la dinámica, analizar el resultado:
  • ¿Realmente hemos hablado de nosotros mismos ... o lo que hemos hecho ha sido hablar de otras personas, del trabajo o de otras cosas?.
  • ¿Qué lenguajes hemos descubierto en nuestra pareja: verbales y no-verbales, cuándo, en qué momentos?.
  • ¿Qué sentimientos hemos detectado en nuestra pareja cuando se ha expresado?.
  • Uno y otro ¿nos hemos sentido "escuchados"?, ¿en qué lo hemos notado?; si no nos hemos sentido escuchados ¿que nos ha llevado a pensar y sentirnos así?.
Tras haber establecido diálogo al respecto, tratemos ahora de transladar esta experiencia a la comunicación con nuestros hijos:
  • ¿Qué dificultades descubrimos en nosotros mismos que puedan entorpecer nuestra "capacidad de escucha" hacia ellos?. ¿Cómo corregirlas? (escuchar nuestras recíprocas sugerencias al respecto).
  • ¿Qué cualidades o valores nos reconocemos mutuamente en la dinámica de comunicación y escucha antes realizada?. ¿Cómo potenciarlas más todavía y desarrollarlas? (sugerencias mutuas al respecto).
  • Proponernos personalmente -cada uno y como pareja, padres y educadores de nuestros hijos- compromisos y actitudes claras y concretas a desarrollar en nuestra relación con los hijos "a partir de ahora" y orientarnos mutuamente en las maneras idóneas de llevar eso a la práctica.
PARA AMPLIAR,  CONTRASTAR O PROFUNDIZAR: