martes, 23 de abril de 2013

Lenguaje asertivo


Ser "asertivos" en el lenguaje, en nuestra forma de comunicarnos con los demás, es una habilidad que se puede aprender y aportar grandes beneficios tanto en las relaciones laborales, como sociales, de amistad, de pareja y también con nuestros hijos.
Esta habilidad genera la afirmación propia y la de aquél con quien nos relacionemos; hace que los demás se sientan más a gusto con nosotros porque somos más transparentes, más claros al comunicar los pensamientos y sentimientos; aumenta la confianza en uno mismo y en los demás, reduciendo las posibilidades de agresividad y sumisión; incremente el autocontrol de las emociones y de las reacciones.
Ser más o menos asertivo depende del grado de autoestima que hayamos adquirido; si éste es bajo entonces:
  • O nos sentimos inferiores (de ahí el comportamiento remiso o pasivo),
  • o bien tendemos a humillar a los demás (de ahí el comportamiento agresivo o atacante).
El “ideal de una persona asertiva”.
  1. Se siente libre para manifestarse, ya sea mediante palabras y/o actos.
  2. Puede comunicarse con cualquiera de forma abierta, directa franca y adecuada.
  3. Tiene orientación activa en la vida: va tras lo que quiere; “intenta hacer que las cosas sucedan”.
  4. Actúa de un modo que juzga respetable; acepta sus limitaciones pero “lo intenta siempre”.
  5. Sabe controlarse y no deja que los demás le controlen.
  6. Distingue sus derechos legítimos, los defiende, pero también reconoce los ajenos y los respeta.
  7. No manipula con su conducta. Profundiza la experiencia y la expresión de humanidad; no engaña.
  8. Expresa sus sentimientos, sean de enfado o de ternura, no le influye lo que piensen de él los demás.
  9. Sabe decir “no” cuando quiere decir “no”, porque conoce las consecuencias del no saber decir “no”.
Ser asertivos permitirá manejar los propios sentimientos en las situaciones de mayor dificultad y conflicto. Y si el conflicto se expresa en un ataque despiadado, falto de todo disimulo y a las claras,... habría que contestar: Parece que hoy estás más enfadado/a, pero creo que ese enfado viene de otras personas o situaciones y yo no soy responsable de ello ni me gusta pagarlo. ¿Quieres que hablemos de lo que en el fondo está pasando para que podamos entendernos mejor?”. Cuando contestamos más o menos así estamos:
- Reconociendo los sentimientos de la otra persona.
- Expresamos lo que pensamos de esa expresión y mostramos claramente cómo nos sentimos al respecto.
- Invitamos a hablar del asunto pero "de otra manera" más positiva para ambas partes.
Ser asertivos con nuestros hijos.
"Ser asertivos" requiere de entrenamiento, no se consigue de la noche a la mañana (máxime si nos damos cuenta que estamos lejos de estar llevándola a la práctica) y tampoco podemos afirmar que haya alguien que tenga esa habilidad al completo y la desarrolle siempre al 100% sin incurrir en errores alguna vez; lo importante es mantener la actitud de querer acercarnos a ella y en la medida en que lo sigamos intentando lo iremos consiguiendo (tenemos la suerte de ser personas, somos dinámicos, podemos cambiar... y por lo tanto mejorar en todo aquello que nos propongamos).
Walter Riso en su libro “Los limites del amor” dice que “poner límites es aprender a amar sin perderse uno mismo”. Un límite es una línea que trazamos para dejar claro lo que se puede permitir y lo que no en nuestras relaciones, por lo tanto, saber establecerlos es una habilidad que toda persona asertiva debe desarrollar pues es muestra de una sana autoestima, nos empodera como personas, reconoce y hace reconocer nuestro valor, marca el respeto que sentimos por nosotros mismos y el respeto que esperamos de los demás.
Tres puntos esenciales a recordar siempre:
  • Los limites muestran lo que es importante para nosotros, no es una oportunidad para juzgar, culpar o criticar los defectos que observemos en nuestros hijos. A veces creemos que establecer limites es enumerar todo lo que nos desagrada de otros y lo que creemos del comportamiento de los demás y eso en vez de ayudarnos nos aleja del resultado que queremos que es el respeto. No se obtiene respeto irrespetando.
  • Los límites no necesitan ser explicados y justificados. No hay necesidad de explicar todas las razones por las que determinado asunto es importante, al menos para nosotros.
  • Deben de ser claros y precisos.
¿Cómo hacer?, ¿qué pasos seguir?.
  1. Identifiquemos la situación en la que creemos que necesitamos poner límites y decidamos qué es bueno para nosotros y qué no es bueno.
  2. Empecemos exponiendo lo que sentimos. No critiquemos el comportamiento de la persona con la que estamos hablando -mucho menos el de otras personas que no están ahí presentes- centrémonos en lo que sentimos.
  3. Seamos específicos en lo que nos molesta y en lo que queremos. No demos explicaciones tratando de justificar nuestra postura. Tenemos derecho a que no nos guste o nos moleste algo.
  4. Valoremos constructivamente los elementos positivos que hayamos observado en la conversación con el hijo o hija y expresemos también ahí nuestros sentimientos.
EJEMPLO:

Nuestro hijo suele gastar bromas muy pesadas y aunque muchas veces hemos hablado de ello... a pesar de concluir siempre en que "no va a pasar más veces"... vuelve a las mismas a las primeras de cambio.
- RESPUESTA:
  1. "Esas bromas me molestan mucho,
  2. me hacen sentir mal, muy incómodo y enfadado
  3. porque las experimento como un sufrimiento inútil, así que te pido que dejes de gastar ese tipo de bromas.
  4. Agradezco que me hayas escuchado y me siento satisfecho por tu decisión de no volverlo a hacer".
Podemos aplicar esa estructura a cualquier situación (conflictiva o no) en la que veamos que es necesario establecer esos límites. Podemos abreviar, por supuesto, adoptando quizás sólo la 1ª, 3ª y 4ª partes. Cuanto más lo practiquemos con mayor naturalidad nos saldrá.

PARA LA REFLEXIÓN Y TRABAJO EN FAMILIA:
En pareja, padre y madre, dialoguemos sobre las situaciones en nuestras relaciones familiares que requieran de una mayor habilidad asertiva en la comunicación, tanto entre nosotros (la pareja) como con nuestros hijos.
  1. Elijamos cada uno una situación que queramos cambiar en nuestra relación de pareja: describa cada cual esa situación tal como la percibe o la siente.
  2. Anotar los sentimientos que uno experimenta cuando esa situación se da.
  3. Especificar lo que más nos molesta de esa situación. Redactemos lo que queremos pedirle a la pareja para cambiar esa situación.
  4. Expresemos todo esto verbalmente a la pareja. Tras la comunicación habremos observado reacciones de todo tipo pero nos centraremos en lo positivo, lo resaltaremos y expresaremos lo que ello nos lleva a sentir.
Translademos este aprendizaje a nuestra comunicación con los hijos y busquemos juntos la manera de ir abordando las diversas situaciones que nos parezca oportuno poniendo en práctica la asertividad como habilidad comunicativa en todos los ámbitos de nuestras relaciones.

PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR: