lunes, 7 de enero de 2013

El duelo en los niños

Con no poca frecuencia solemos apartar a los niños de la realidad dolorosa, creemos que así le evitamos un sufrimiento inútil que le podría hacer mucho más daño que a los adultos... y si logramos despistarles, hacer de manera que ni se den cuenta de la realidad... mejor.
Sin embargo aunque a veces, en determinadas circunstancias (todo es siempre más complejo que lo que marca la generalidad), maquillemos un poco esa realidad o tratemos de ocultarla de alguna manera... de hecho no estamos así actuando adecuadamente: hay que acompañar al niño en su proceso de duelo, en sus etapas (las tiene como los adultos aunque las viva de distinta manera, todos las vivimos de diferente forma) tras la muerte o ausencia de un ser querido.
Los niños son observadores, muy buenos observadores, y aunque no les hablemos verbalmente captan perfectamente nuestro lenguaje no-verbal ¿ganamos algo tratando de ocultar la realidad?, o ¿ganamos más afrontándola juntos y realizando un buen acompañamiento?.

Para ayudar a los niños a aceptar la muerte.



  • Sentémonos, con tranquilidad y afecto, con ellos y expliquémosles con pocas palabras el "porqué ha muerto" esa persona tan apreciada.
  • A partir de los 6 años un niño puede ya asistir a un funeral. Eso sí, expliquémosle previamente lo que va a ocurrir: es la forma de que vaya tomando contacto con el lenguaje de este tipo de despedidas. Por supuesto, si el niño no quiere asistir a ese funeral no le obliguemos.
  • Hagamos diálogo sobre las "emociones" y "sentimientos" del momento: ayudémosle a expresarlas de aquéllas maneras que él necesite utilizar para sacarlas fuera, sin juzgarle,... y dejarle muy claro que las emociones y sentimientos no son buenos ni malos, que tiene derecho a sentirse tal como se siente y que es bueno que las exteriorice, incluso que les ponga nombre: las verbalice (sin forzar tampoco a esto: hay que acompañar los procesos, no obligarlos).
  • Hablemos de la muerte sin tapujos, con naturalidad, como un suceso natural de la vida. Esto lo podemos hacer incluso sin necesidad de estar de lleno en un proceso de duelo: los niños preguntan de todo; podemos aprovechar la observación de las hojas caídas de los árboles, de los animalitos muertos,... entrando en las causas de esas muertes para poder explicar la realidad de la muerte.
  • Al hablar de las personas que también mueren, sigamos la lógica que ya hablamos sobre la experiencia de las plantas y los animalitos que también mueren, de manera que el niño entienda que eso forma parte de la vida y, sobre todo, dejemos muy claro que "a partir de ese instante de la muerte ese ser querido ya no siente nada, no puede sentir absolutamente nada, no sufre ya ningún daño, nunca, nunca más (los niños tienen la creencia de que aunque algo sea inerte puede sentir igualmente como nosotros, todo está animado; por lo tanto, también las personas muertas, siguiendo esa lógica, siguen sintiendo).
  • No le alejemos del ambiente familiar, permitámosle expresar sus sentimientos en familia, ante los demás. Impedírselo sería como decirle que "esos sentimientos no se comparten" (cuando en realidad es ese compartir lo que más necesitamos en esos momentos).
  • Es importantísimo acompañarle mientras llora, patalea, grita,... y hacerlo en silencio aceptando y acogiendo plenamente sus explosiones de emotividad; si también a nosotros nos pueden las lágrimas...  no nos reprimamos tampoco, compartamos con él nuestra humanidad. Es importantísimo que se sienta y se vea acompañado.
  • Cuidar los sucesivos días, dedicándole un rato cada uno de ellos abordando las cuestiones cotidianas de la vida y aceptando hablar de su duelo siempre que quiera o necesite hacerlo. De esta forma le  expresamos que le queremos y aceptamos tal y como es y siente.
  • Si la muerte fue repentina y el niño ni siquiera tuvo tiempo de hablar con esa persona querida antes de fallecer... podemos sugerirle que le escriba una carta, a la persona difunta hablando de eso que le hubiera gustado decirle si hubiera tenido ocasión (hace años murió un alumno muy querido por todos sus compañeros de clase, los propios niños cuando se enteraron de su muerte plantearon ellos mismos escribir esa carta que luego leimos en otro día cuando visitamos el cementerio en el que estaba enterrado; fue un acto lleno de gran emotividad pero sirvió en gran medida para "descargar", expresar, soltar,... dar lugar a la despedida). Este medio da la posibilidad de expresar lo que se siente y reconfortarse dando lugar a la expresión de experiencias de momentos compartidos.
  • Animarle a que hable de la persona fallecida ayuda a asumir más fácilmente la realidad.
  • Querer guardar recuerdos materiales de la persona fallecida: fotos, utensilios u otros objetos,... es algo normal y forma parte del proceso de despedida, no hay que reprimirlo: puede contemplar esas cosas siempre que sienta la necesidad de "recordar a la persona fallecida" (otra cuestión es cuando esto se convierte en una obsesión, en cuyo caso estaremos hablando ya de la necesidad de acudir a un especialista que nos pueda orientar).
  • Notifiquemos al profesorado del niño la muerte de ese ser querido; la fluida comunicación familia-colegio no debe faltar nunca pero debe ser especialmente honesta, amplia y clara en situaciones como ésta;  los cambios que el niño experimenta en su proceso de duelo suelen ser mucho más acusados que en el adulto.
  • ...
Hechas así las cosas, acompañando adecuadamente el duelo de nuestros hijos, no tendría porqué aparecer mayores problemas. No obstante,  la realidad también nos dice que aún así... a veces se producen estancamientos, fijaciones, obsesiones, alteraciones fuertes de la conducta,...
¿Cuándo acudir a un especialista?.

Cuando observemos que nuestro hijo o hija llora durante largos, muy largos períodos de tiempo.
Cuando tiene rabietas frecuentes y prolongadas (por lo general, las rabietas infantiles tienen ciclos muy cortos).
Cuando se producen en él cambios importantes en el rendimiento escolar que van más allá de unos días o un par de semanas.
Cuando se aleja de sus amigos y deja de hacer las actividades que siempre le gustaron.
Cuando le asaltan las pesadillas y tiene serios problemas para dormir.
Cuando se queja de dolores de cabeza con frecuencia.
Cuando pierde el apetito y esta falta de apetencia se prolonga durante varios días.
Cuando evita hablar de la persona fallecida.
...
Todo esto son señales de que además de lo que ya estamos haciendo conviene otro tipo de estrategias o cambiar alguna de las que estamos empleando. En estos casos es conveniente acudir a un especialista, un psicopedagogo o psicólogo infantil, o... que nos pueda orientar y ayudar a encontrar la forma de que nuestro hijo pueda vivir su duelo de una manera más "normal".


PARA LA REFLEXIÓN Y DIÁLOGO EN FAMILIA:
Decíamos en "¿Qué es el duelo?" que hay distintos tipos de duelo; el relacionado con la muerte de una persona querida es sólo uno de ellos, hay muchos más. En los niños se producen también muchos duelos por diferentes causas, como en los adultos;  lo esencial es "el acompañamiento que llevemos a cabo en ese proceso y la forma en que lo hagamos".

  • Si nuestros hijos están pasando por algún proceso de duelo, ¿cómo lo están viviendo?, ¿lo valoramos suficientemente... o más bien tendemos a quitarle importancia analizando ese duelo únicamente desde nuestras perspectivas?.
  • ¿Qué grado de acogida de su mundo emotivo les demostramos?, ¿favorecemos con ello que nuestros hijos hablen con honestidad y sencillez de sus sentimientos sin avergonzarse de ellos?.
  • ¿Nos sirven en la práctica las sugerencias que en este artículo presentamos para ayudar a nuestros hijos a "aceptar la muerte"?, ¿qué otras apuntaríamos que pudieran ayudar también?. ¿Hay desacuerdos con alguna o algunas?, ¿con cuáles y por qué?.
  • ¿Observamos alguna señal de que estén llevando su duelo de forma dañina?, ¿cómo le estamos ayudando?, ¿qué ayudas necesitaríamos nosotros para acompañarle mejor?.
PARA AMPLIAR, CONTRASTAR O PROFUNDIZAR: