viernes, 7 de septiembre de 2012

De los 3 a los 6 años: Desarrollo psicosocial

Concepto del niño, de sí mismo (3-6 años).
El papel de los padres en el terreno afectivo es fundamental. Ya en estas edades tienen un alto concepto de sí mismos muy positivo:
  1. Creen que pueden hacerlo todo.
  2. Ellos son personas críticas, se autoevalúan, son capaces de experimentar empatía cuando ven sufrimiento, dolor, además son capaces de poner en marcha habilidades para apaciguar esos sentimientos.
  3. A esta edad el mundo social de los niños ya se amplió mucho: en primer lugar con la familia (es su núcleo principal en que giran su mundo de contactos esenciales) y en un plano secundario: los compañeros del centro infantil en el que estén inscritos.
Las decisiones que toman los padres respecto a "cómo educan refuerzan o castigan las conductas de los niños" afectan muchísimo al desarrollo emocional del niño.
Al respecto se han descrito distintos modelos con sus respectivas estrategias de persuasión, el modo en que se comunican y el nivel de exigencia que comunican a sus hijos:
Estilos educativos de los distintos tipos de padres.
(No son "puros" de hecho: muchas veces tenemos comportamientos con nuestros hijos que responden a los tres aquí expuestos; la cuestión es que nuestro estilo se parezca la mayor de las veces posible al de los "padres democráticos" o al menos tengamos esa tendencia):


Afecto

Estrategias de persuasión

Comunicación

Exigencias

Padres autoritarios
(ley)
Poco afectuosos, distantes.
Reglas que rigen la vida familiar. Alto control.
Poco comunicativos.
Nivel de madurez que exigen al niño es muy alto.
Padres permisivos
Poco afecto.
Hay muy poca disciplina (se necesitan algunas reglas).
No hay mucha comunicación.
No exigen nada a los niños.
Padres democráticos
Muy cariñosos, muy táctiles.
Ponen límites pero escuchan a sus hijos.
Hay mucha comunicación. Los padres escuchan a los hijos.
No son padres muy exigentes.
  • Los niños de padres autoritarios son obedientes pero se manifiestan poco felices.
  • Los niños de padres permisivos aceptan a sus padres como son. Exigen poco y se disponen poco para ayudarles. Son padres pocos responsables. La consecuencia de niños de padres permisivos es que carecen de autocontrol y tampoco se pueden considerar como niños felices.
  • En el estilo democrático el punto en común con los autoritarios es que marcan los límites; por contra están muy dispuestos a comunicarse, a escuchar a sus hijos y son también muy cariñosos, muy táctiles; los hijos de estos padres suelen ser generosos, atienden mucho a los demás, probablemente serán adultos bien adaptados.
La relación con los hermanos.
"Se  llevan como el perro y el gato", solemos decir. Las peleas pueden ser constantes pero el amor mutuo es muy profundo; aquí influye mucho el temperamento de los hermanos. La relación de los padres con los hijos determina en gran medida la relación que haya entre los hermanos.
El juego.
Es muy importante para el niño, es el medio por el cual aprenden.
Tipos de juegos:
  1. Sensoriomotores. Utilizan los músculos, sentidos, habilidades motoras para disfrutar de esas potencialidades.
  2. Sociodramáticas. Asumen distintos roles e interpretan el papel que están representando.
  3. Entrenamiento. Fundamentalmente físico que ayuda a adquirir habilidades cognitivas como motoras.
  4. Acoso y derrivo. Luchas, carreras...
Diferencia de género.
A esta edad hacen una clara diferenciación de género.
A partir de los 4-5 años perciben como constante su género: saben perfectamente cuál es su sexo y saben diferenciarse de quienes son del otro sexo: les desagrada que otras personas los confundan en su género.
Nuestra interacción en esta etapa en relación con lo psicosocial.
Si tenemos en cuenta los "estilos educativos" mencionados en la tabla expuesta sabremos con claridad cuál de ellos nos conviene más. Para ello:
  1. Marquemos los límites necesarios y mantengámonos firmes en ellos, con firmeza no tanto en las formas sino en relación con lo que queremos conseguir.
  2. No rehuyamos el diálogo con los hijos en sus desacuerdos; aprovechemos ese diálogo para dar razón de nuestro proceder ayudando a los hijos también a razonar sobre sus conductas o actitudes, de manera que comprendan la lógica de nuestra actitud.
  3. Establezcamos, en ese diálogo, medidas por ambas partes asumidas que ayuden a la consecución del objetivo propuesto.
  4. En las correcciones, mantengamos los siguientes criterios:
    • Lo más cercanas posible a la actitud o conducta que se quiere corregir (no al día siguiente ni siquiera al cabo de unas horas).
    • Proporcionada a la actuación que se quiere sancionar.
    • Asumida por todos los adultos que haya en el hogar: que padre, madre, abuelos,... vayamos en esto todos a una.
    • Con amor; no para descargar frustraciones o momentos de ira (nos pasa alguna vez que "perdemos los papeles" y las emociones que sentimos en un momento dado pueden dar al traste con lo que en teoría es o puede ser bueno para nuestros hijos). Nuestros hijos tienen que ver en nuestros arrestos expresión de interés por ellos, no una manera de vengarnos de algún daño.
    • Hacer diálogo, al final del arresto o corrección, sobre "lo que nuestros hijos han pensado y lo que han decidido para futuras situaciones iguales o similares" y presentarles nuestro apoyo a su decisión. Los arrestos deben servir para eso: para razonar, pensar con calma en lo sucedido, sus consecuencias e imaginar alternativas que puedan evitar situaciones similares en el futuro.
En relación con el conjunto de nuestros hijos y para ayudar a una buena relación entre hermanos:
  1. Mantener equitatividad tanto visible como real (no basta con que sea real, hay que hacerla muy evidente). Esto evitará muchas peleas entre ellos por "celos" o supuestas preferencias que los  padres podamos tener -según ellos- por uno o por otro.
  2. Tratar a cada hijo o hija en su absoluta individualidad en relación con sus logros y dificultades o errores, evitando en todo lo posible "hacer comparaciones" entre ellos; jamás incurrir en ese error (y si caemos en ello rectificar de inmediato o estar más atentos en futuras ocasiones; no somos perfectos).
  3. En los naturales conflictos que haya entre ellos, procurar intervenir lo menos posible; en todo caso, dar pautas a los hijos para "ir aprendiendo maneras de afrontar esos conflictos y resolverlos adecuadamente", de manera que no haya vencedores ni vencidos sino que todos ganen en ese proceso.
  4. Empezar por "dar ejemplo nosotros mismos", los adultos entre nosotros o con nuestros hijos. No podemos pretender que ellos resuelvan de manera perfecta sus conflictos si lo que ven en nosotros es todo menos un buen ejemplo.
Sobre sus juegos: Los adultos no sólo podemos participar de los juegos de los hijos sino que nos conviene estar en ellos; ¿por qué?, pues porque el juego es un excelente medio a través del cual los niños se abren a la experiencia de la vida adulta; en ellos manifiestan su personalidad, carácter, intereses,... de forma muy natural; el juego no es sólo fantasía y diversión -que también-, pero:
  1. No intervengamos en sus juegos tratando de hacerlos a "nuestro modo" sino respetemos siempre su manera de organizarlo.
  2. Podemos aportar ideas y someterlas a su juicio pero no de forma directiva; ellos les darán forma enseguida.
  3. Hacer diálogo sobre la experiencia del juego, lo que ellos han percibido, cómo se han sentido,... lo que hemos percibido nosotros,... También se puede educar en valores a los hijos a través del juego.
Diferencias de género o de sexo: "No hay juguetes de niños o juguetes de niñas", como tampoco hay trabajos de hombres o trabajos de mujeres. Que la identidad sexual de nuestros hijos no equivalga a clasificar a las personas ni a las diversas actividades según el género:
  1. En estas edades ir dando entender a los hijos e hijas que "las tareas del hogar", por citar algunas, son algo que TODOS podemos realizar y todas estas tareas son propias de chicos como de chicas. Para ello:
    • Tanto los niños como las niñas aprendan a tener ordenadas sus cosas, hacer las camas, colaborar en la cocina, poner y quitar la mesa,...
    • Padres y madres corresponsabilicémonos de las tareas del hogar, trabajemos o no fuera de casa: los hijos necesitan VER que nosotros tenemos clara esta teoría.
    • Valoremos por igual las tareas bien hechas y, sobre todo, el esfuerzo o empeño en hacerlas bien, más que el resultado final.
  2. Promover el aprendizaje de estas actividades y animar a nuestros hijos a plantearse cualquier meta, emprender cualquier camino, cualquier iniciativa que surja de sí mismos independientemente de si en ello hay más chicos que chicas o viceversa.
CUESTIONES PARA EL DIÁLOGO EN FAMILIA:
  • ¿Qué "estilo educativo" es el que más empleamos con los hijos?, ¿cuáles pueden ser sus causas?.
  • ¿Con cuál deseamos quedarnos?, ¿para qué de esta elección?; ¿cómo hacerlo posible?.
  • ¿Se pelean nuestros hijos entre ellos?, ¿cuáles suelen ser los motivos de esas peleas?; ¿podemos hacer algo al respecto?, ¿qué y cómo?.
  • ¿Cómo podríamos generar un mejor clima de convivencia entre ellos: que sepan disfrutar de su mutua compañía, de los juegos, aprender a compartir,...?.
  • ¿Jugamos con nuestros hijos?, ¿cómo lo hacemos?. ¿Qué nos están enseñando con sus juegos?.
  • ¿Educamos a nuestros hijos en la corresponsabilidad en el hogar, sean las tareas del tipo que sean?, ¿qué valores hallamos en que todos, sean chicos o chicas, sepan hacer de todo y lo hagan con motivación?.
  • ...
PARA AMPLIAR, REFORZAR O CONTRASTAR: