martes, 20 de marzo de 2012

Conflictos familiares

Que en la familia haya conflictos ¿es en sí negativo?. ¿Qué ocurre cuando hay un conflicto?, ¿cómo nos sentimos, qué va sucediendo, qué cambios se producen?.
A poco que nos extendamos en la respuesta a estas cuestiones descubrimos que:

  1. Los conflictos surgen muy a menudo sin esperar que sucedan: unos se pueden prevenir y trabajar antes de que se hagan presentes pero otros aparecen sorpresivamente (somos seres dinámicos y no estamos programados).
  2. No solemos estar cómodos en ellos: nos desinstalan, nos sacan de nuestra "normalidad" (salvo que la situación de conflicto sea la constante), hay un cierto desasosiego.
  3. Debido a esta sensación interior y a nuestro deseo de estar bien, o mejor al menos de como estamos en el conflicto vamos probando maneras de superar la situación realizando cambios: unas veces movidos por la influencia de quienes están con nosotros y otras veces desde nuestra propia iniciativa.
  4. Realizamos todo esto siempre desde una perspectiva: el "para qué". Podemos analizar los porqués de una situación conflictiva y elaborar extensísimos estudios y hasta hacer de ello un libro o materia para programas rosa de televisión... pero a nosotros nos interesa sobre todo el "para qué emprendemos los cambios, para qué afrontar y solucionar un conflicto".
Si hay "cambios" es porque hay vida y si esos cambios nos llevan a ESTAR MEJOR... entonces ¡bendito sea el conflicto!. ¿Dónde está el problema?.
Un vistazo a una situación de nuestra realidad.
Nuestros principalesproblemas se producen cuando un miembro de la familia "pierde los papeles"; se desdibujan los objetivos que pretendemos,... se difumina el papel que a cada cual le corresponde jugar -especialmente a los padres-. Pongo por ejemplo una discusión padre-hijo:
- "Papá, he quedado con mis amigos a la salida de clase hoy para irnos al cine, necesito unos 20 € ¿me los puedes dar ahora o me los das cuando vengas a buscarme al colegio?".
El padre, ya harto por otras veces en que ha pasado algo muy similar y viendo que el hijo no entendió muy bien lo que para el padre estaba clarísimo, le contesta:
- "¡Ah!, muy bien, has quedado ya con tus amigos y necesitas 20 € para ir al cine, ¡qué buena organización la tuya!;  ¿has pensado que quizás mamá y yo tuviéramos cosas ineludibles para esas horas?, ¿te imaginaste acaso que a lo  mejor no haya en casa ese dinero como para tenerlo disponoble justo a la  hora en que acaban hoy las clases?. No aprendes, hijo, no aprendes; sigues siendo el ignorante de siempre".
-  "Ya estamos, ¡siempre igual!, ¿cuándo vas a entender papá que ya no soy un niño y que sé dirigir mi vida?. ¡Si lo que quieres es que no salga de casa este fin de semana pues... vale, pero dímelo claramenmte y punto!, deja de sermonerame como haces siempre".
- "¡Ah!, ¿encima me chillas?, pues te vas a enterar. Va a ser exactamente como me acabas de decir: te vas a quedar en casa todo el fin de semana y aprovecha el día para despedirte de tus amigos y ya veremos si el próximo fin de semana sales con ellos o no".
Pueden imaginarse la situación y pueden ver claramente los errores de uno y otro y también cuestiones que hay de fondo y que, obviamente, no están resueltas.

Nos centramos en la parte del padre:
  • ¿Ironiza en algún momento?. Lo hace. La ironía es una forma de ridiculizar.
  • ¿Cataloga, encasilla, pone calificativos a su hijo?. También. Hacer esto es una manera de encorsetar a las personas, negarles la posibilidad de cambio, máxime si además añadimos fórmulas tales como: "Tú siempre has sido así, es que tú eres...,siempre haces igual,...". ¿A quién le apetece ser preso de la cárcel mental de alguien?.
  • ¿Grita, avasalla, se muestra agresivo con su hijo?. No escapa a eso tampoco. Cuando grito, o me muestro violento con alguien de alguna manera, estoy mostrando precisamente mi inseguridad, mi frustración por no lograr que las cosas vayan conforme a mí me gustaría pero lo hago de tal manera que en vez de lograr el efecto deseado... consigo lo contrario: el otro capta mi mensaje perfectamente no sólo a través de lenguaje verbal sino sobre todo a través del no-verbal y paralingüístico.
  • ¿Está descargando en vez de educando?. Totalmente. Justifiquémoslo todo lo que queramos, pero eso es lo que está haciendo. ¿Qué respuesta puede esperarse a ello?.
  • ¿Tiene claros sus objetivos respecto a su hijo?. Quizás... pero no lo demuestra: no maneja bien sus emociones, se deja llevar por lo que siente, no controla su impulso, dice cosas de las que puede arrepentirse luego en momentos de más sosiego.
  • ¿Hay cuestiones de fondo no resueltas o que necesitan trabajarse más?. Desde luego que sí. El hijo -está en plena adolescencia-:
    • No tiene claro que "la vida de familia se hace entre todos y contando siempre unos con los otros y que cuanto uno haga, diga, piense o sienta afecta a todos, no sólo a él". Las decisiones, pues, deben tomarse teniendo en cuanta que pueden afectar a las demás personas con quien se convive. ¿El problema es de ahora... o quizás arranca de lejos?.
    • Interpreta la intervención del padre como la de un "sermón" más, un "rollo" que hay que aguantar y punto. (Tendría que preguntarme, yo papá/mamá, qué es lo que ha pasado para que mis hijos tengan esa imagen acerca de lo que les digo).
    • Se muestra caprichoso: da por seguro que el padre le va a dar esos 20 € que le pide y, por supuesto, le dejará ir con sus amigos a donde sea; no ha consultado nada de eso antes con sus padres. ¿Siempre eso fue así?, ¿qué ha pasado para que este hijo se muestre tan seguro de que todo va a ser conforme a él le parece?.
    • ...

CONCLUSIONES:
  1. No "perdamos los papeles", tengamos siempre muy presentes nuestros objetivos, sepamos muy bien lo que queremos conseguir con cada palabra, con cada gesto, con cada expresión facial,...
  2. Conozcámonos, sepamos cómo solemos reaccionar cuando nos rompen los esquemas y adoptemos estrategias, entrenémonos para afrontar conflictos en los que con frecuencia nuestros esquemas se harán añicos.
  3. Tengamos bien presente nuestro papel de padres (somos los primeros y principales educadores de nuestros hijos); no venía en el manual del hijo todo lo que nos iba a pasar con él, eso lo hemos ido descubriendo caminando a su lado, pero si tenemos esa responsabilidad no esperemos a ciertas etapas para "empezar" a educar, hagámoslo desde el primer instante; vamos aprendiendo todo desde el primer instante aunque sea de distintas maneras.
La anécdota relatada nos muestra claramente también que "un conflicto es una oportunidad de crecimiento". Nos incomoda la desinstalación, vale, pero en vez de ver sólo el sillón que dejamos vacío nos conviene mirar si acaso no es más enriquecedor descubrir nuevas perspectivas y acompañar la vida viviéndola en vez de soportándola.
El conflicto nos lleva al cambio, a avanzar en el aprendizaje: aprendemos de nosotros mismos y de los demás constantemente. Incluso en situaciones de auténtico drama (la pérdida de un ser querido, una separación, pérdida del trabajo en el que estuvimos toda la vida, los cambios bruscos de nuestros hijos en la adolescencia,...) podemos encontrar oportunidades de crecimiento y sentido a nuestras vidas: basta con que nos preguntemos el "para qué" puede servirme esta experiencia.
"Es que son muchos obstáculos los que hay que superar", me decía una madre en una charla sobre el tema de la "Relación padres-hijos adolescentes"; pues sí, ¿quién lo va a negar?, me pasa a mí también y no poco,... pero ¿y lo que ganamos afrontándolos uno a uno o como nos vengan?. Quizás el problema no sean esos obstáculos y su abundancia sino nuestra comodidad de la que no queremos salir o bien nuestra ansiedad por querer solucionar todo, cuanto antes y de manera perfecta además.
"Es que a veces tengo la senación de que pierdo  autoridad si  mis hijos ven que cometo tremendos fallos"... "Claro, es que nosotros somos familia de Supermán, no podemos cometer ni un error, naturalmente" -así le respondí enseguida a un padre que saltó con esa frase- pero enmendé mi ironía preguntando al grupo: "¿Qué pasa cuando reconocemos un error y sencillamente nosotros mismos lo describimos y pedimos perdón?, ¿qué les estamos enseñando a nuestros hijos cuando nos mostramos con sencillez, honestidad y humildad?, ¿sabían ya nuestros hijos cuáles son nuestras fallas o acaban de enterarse ahora que lo reconocemos nosotros mismos?". Hay que puntualizar que "de lo que pedimos perdón no es de lo que les "queremos decir realmente" sino de las "formas equivocadas en que lo hacemos" (nuestros hijos necesitan tener la seguridad de que "sabemos lo que hacemos", nunca se nos olvide esto).
¿Y los obstáculos encubiertos, aquéllos que no adivinamos o no sabemos cómo afrontar?.

Una manera de detectarlos es "cuando comprobamos que aunque hablemos de ello... resulta que a la hora de la verdad no somos coherentes:  el padre va por un lado, la madre va por otro y el hijo... se marcha por en medio". Parece de chiste pero es así. No hay unidad de criterios de actuación de hecho a la hora de aplicar normas.
Otra manifestación de estos obstáculos es cuando los propios hijos nos dicen:
- "Tú mucho exigir que no te grite o que no hable así a mis hermanos... pero bien que tú vociferas cuando discutes alguna vez con... o ahora mismo: debieras grabarte para que te des cuenta".
No podemos predicar lo que no practicamos... pero sucede, nos pasa, que no dominamos la cualidad de la coherencia e incluso a veces no nos damos cuenta siquiera.
La falta de autocontrol, el no saber ordenar las pautas a seguir para reconducir historias, la tan socorrida expresión de "incompatibilidad de caracteres", el enmarañamiento de situaciones en las que está entremezclado todo y al  final no sabemos qué hacer en realidad ni por dónde empezar,... no son cosas ajenas a nuestra experiencia humana, pero... ¿son imposibles de abordar éstas y otras situaciones de conflicto incluso en nosotros mismos?. La ansiedad suele ser compañera inseparable que acude a hacer equipo con todos estos obstáculos liándola todavía más.
La mejor manera de abordar esto es "contando con nosotros mismos":
  • sentarnos madre y padre, exponer con  honestidad la realidad desde nuestras diferentes perspectivas,
  • analizar sus causas con valentía y humildad pero sin victimismos ni agresividades,
  • y proponer alternativas viables inéditas o retomando las que hasta la fecha nos hayan ido bien;
  • si necesitamos el apoyo de otros familiares con quienes nuestros hijos se relacionan con frecuencia... contemos con ellos y establezcamos de común acuerdo pautas, criterios de actuación comunes,
  • busquemos espacios en el tiempo para juntarnos todos de nuevo o ir haciéndolo sobre la marcha y revisar nuestro plan evaluándolo, detectando posibles errores para aprender de ellos y proponiéndonos nuevos planes de actuación.
Si, con todo, la cosa... no marcha... quizás necesitemos otros apoyos que complementen o refuercen nuestra iniciativa que es imprescindible.
Mediación familiar.
Siempre tengamos en cuenta que "quienes necesitan de un trato delicado y cuidadoso son los niños, por ser los más vulnerables debido a que su estructura mental, emocional y física se encuentra en formación; por lo tanto, todo cuanto hagamos por ayudar a esclarecer situaciones conflictivas y emprender caminos de solución de las mismas juega a favor de la adecuada educación de nuestros hijos". Valen la pena todos los esfuerzos y todos los recursos que podamos emplear.
Existen "recursos sociales" para la "MEDIACIÓN FAMILIAR" que no es sólo para situaciones de separación o ruptura de la pareja sino también para orientar, entrenar y capacitar a los padres y madres en la nada fácil  tarea de educar a sus hijos; si los necesitamos... aprovechémoslos.
En todo caso, insistimos:
  1. Investigar las raíces de los conflictos, para comenzar con pautas puntuales de intervención en el ámbito familiar (cortar de cuajo aquello que está haciendo daño o es contraproducente, ya de entrada).
  2. Plantear objetivos, metas a conseguir, en relación con nuestros hijos: realistas, asequibles, evaluables,... y partir del convencimiento, todos, de que podemos alcanzar lo que nos  proponemos (esa actitud positiva es esencial, tanto para generar confianza en nosotros mismos como para transmitirla al resto de miembros de la familia).
  3. Ver las respectivas realidades personales de cada miembro de la familia y su relación con los hijos para ver la manera en que puede colaborar en la consecución de los objetivos a conseguir.
  4. Establecer un plan de actuación lo más coherente posible, cohesionado y compartido, de manera que cada cual desde su realidad y capacidades relacionales con los hijos nuestros pueda tener claro qué hacer y cómo.
  5. Determinar fecha y hora para la siguiente sesión con el  "mediador familiar" en la que evaluar todo el plan trazado, revisando:
    • Los compromisos adoptados por parte de todos los intervinientes: ver lo que hemos hecho, cómo lo hemos realizado, los frutos obtenidos y análisis de las causas de los errores y de los efectos positivos.
    • Elaboración de un nuevo plan de acuerdo con los resultados obtenidos: corrigiendo errores, potenciando aciertos y enfilando nuevas metas.
  6. Llevar a cabo todo esto respetando los ritmos y posibilidades reales de cada uno de los miembros de este "equipo", aceptando los compromisos que cada cual  pueda asumir y evitando en todo lo posible -regla esencial de todos los equipos de mediación- "suplir la responsabilidad de los miembros de la familia, jamás realizar algo que pueda ser asumido por alguien de esta familia" (los mediadores no solucionan los problemas, sino que orientan, ayudan a analizar situaciones con la mayor objetividad posible y sin que el proceso se rompa o malogre por una excesiva influencia de las emociones: cuanto menos implicados emocionalmente se hallen con más efectividad podrán ayudar).

¿Puede alguien de la familia ser "mediador"?.
Puede serlo, naturalmente, pero debe cumplir varias condiciones:
  1. No ser parte implicada en el conflicto (de estar implicada en el conflicto le será muy difícil sustraerse a lo que esto provoque en ella misma y en vez de ayudar... perjudicará).
  2. Ser aceptada por todos los miembros del "equipo" y recibir la confianza de todos (de no ser así carecerá de la autoridad necesaria para marcar pautas en momentos de indecisión o estancamiento del proceso).
  3. Mostrar absoluta imparcialidad, ser totalmente neutral.
  4. Contar con las habilidades precisas para dinamizar el grupo y acompañarlo adecuadamente a la resolución del problema siguiendo las pautas que considere necesarias (según el modelo anterior u otro que crea más adecuado a la realidad que se quiere abordar).
En todo caso:
Seamos conscientes siempre de que la familia es "escuela de primer orden para la vida", es un medio educativo para todos sus miembros, fuente de socialización primaria, es la instancia que moldea pautas de conducta y las actitudes de todos sus integrantes.
Un familia que sea "nutridora" de vida en ella misma estará más capacitada para afrontar cualquier dificultad y le será más fácil de salir de cualquier situacióin conflictiva.
Una familia "nutridora" es la que:
  • Cuida su vivienda: limpieza, orden y buen mantenimiento llevados a cabo de común acuerdo, reparto equitativo de tareas según posibilidades de cada cual y procurando que éstas no  ahoguen las relaciones familiares (la comunicación en la familia debe estar por encima de estas tareas y del resto de las cosas materiales).
  • Sus miembros saben reconocer errores y pedir perdón por ellos; quien recibe la petición de perdón sabe hacerlo sin guardar rencor ni echa cuentas de todas las veces que tuvo que perdonar.
  • Expresan sus opiniones, padres e hijos, con libertad pero también con respeto a las personas, siempre. Hacen de las diferencias de opinión ocasión para el diálogo, el debate constructivo y constante reflexión que lleva al crecimiento y maduración de sus conclusiones.
  • Procuran la coherencia y complementariedad entre lo que piensan, dicen y hacen y aunque haya incongruencias puntuales (errores todo el mundo comete) no abandonan esta actitud de integridad.
  • Son pacientes unos con otros, tolerantes y cariñosos de forma sincera, nada forzada y saben reconocerse mutuamente sus respectivos logros y animar en los fracasos.
  • Saben escucharse poniendo en ello actitud de acogida no sólo de lo verbal sino también de lo no-verbal y de los sentimientos: nadie es censurado por exteriorizar sus sentimientos sino que utilizan esas manifestaciones para conocerse más a fondo unos a otros.
  • Mantienen las reglas asumidas por todos, las respetan y éstas ayudan a la  justicia en la convivencia y al respeto de cada uno a sí mismo. Éstas son las justas y necesarias, claras y no se prestan a confusión. La libertad va unida al sentido de la responsabilidad.