domingo, 6 de marzo de 2011

¿Quién debe educar: los padres o la escuela?.

Así era una de las preguntas que hoy me hicieron en una entrevista dos jóvenes universitarios con inquietud cristiana. Esta cuestión marcaba el punto central alrededor del cual giró todo el diálogo inicial.
¿Quién tiene la misión de EDUCAR, quién tiene el papel principal? (a eso se refería más concretamente la cuestión). Mi respuesta fue simple y clara:

- "Somos nosotros los padres y madres; nosotros somos los primeros y principales educadores de nuestros hijos".
¿Y la escuela?, ¿no es tarea de la escuela educar a los niños y niñas también?.
- "Sí, por supuesto, pero nunca supliendo a la familia, nunca sustituyendo a los padres sino contando SIEMPRE con ellos".
Entonces, ¿cuál es el papel fundamental de un maestro en la escuela?.

- "Complementario y colaborador con las familias. El papel de un maestro o maestra es el de dinamizador del proceso formativo integral de los niños y niñas en el ámbito docente; su tarea fundamental es orientar al alumno, motivarle, impulsarle a desarrollar sus potencialidades y posibilitar los medios que para ello sean necesarios PERO siempre con la constante participación de los padres".
...
Y en el terreno de la fe, ¿qué papel debe tener la familia en la catequesis de los hijos?, ¿es suficiente con llevarlos a la parroquia para que reciban ese servicio?.
- "La catequesis es y debe ser tarea fundamental también de los padres. Los padres son sus mejores catequistas o deben serlo al menos. Cuando una pareja decide casarse "por la Iglesia" asume el compromiso de "educar cristianamente a sus hijos" y eso implica toda la vida: no es sólo cuestión de instruir a los hijos e hijas en el conocimiento teórico de los contenidos de la fe sino también y sobre todo de hacer vida con ellos esos contenidos. ¿Qué valor tendría que yo le dijera a mis hijos que "la participación en la Eucaristía, en la Misa dominical, es fundamental para la vivencia de la fe" si luego resulta que no les acompaño jamás o ni siquiera hago de esa experiencia tema de diálogo con estos hijos?, o bien les diga que la mejor demostración de que somos cristianos es vivir el amor a los demás a ejemplo de como hizo Jesús de Nazaret... si luego resulta que no soy capaz de dar los buenos días ni a mis vecinos o no hago más que refunfuñar por algo que aquél de allá me hizo un día?".
¿Sobra, entonces, la labor de las parroquias en relación con la catequesis?.
- "Para nada. Otra cuestión es si las parroquias deben asumir el papel principal que les corresponde a las familias en primer lugar o no".
Ya, pero no en todas las familias se cuenta con una buena formación al respecto; a veces la religión se vive como una sucesión de costumbres y con no poca frecuencia no se sabe ni lo que esas costumbres significan, se desconoce el significado de los ritos, símbolos,... ¿no deben, por lo tanto, las parroquias seguir asumiendo el papel de la catequesis como hasta ahora?.
- "Sí, pero de otro modo: Los padres y madres que llevan a sus hijos a la catequesis deben ser conscientes de que esa formación en la fe les corresponde sobre todos a ellos y si el problema es la "falta de formación" la  cuestión es simple: reconocer esas carencias y solicitar la ayuda necesaria para alcanzar esa formación y que se puede lograr a través de diversas fórmulas: asistencia a cursos formativos al respecto, trabajando los temas que se abordarán con los niños con antelación mediante la ayuda y orientación de los catequistas de la parroquia, etc... puede haber mil formas de suplir esa carencia".
Bien, pero ¿no estamos muy lejos todavía de conseguir esta concienciación?.
- "No en todas partes. Cada vez son más las comunidades cristianas que están cuestionando el proceso seguido hasta hoy y están dando respuestas al estilo de como acabo de decir: implicando al máximo a las familias, haciéndoles responsables directos y principales de ese papel que nunca debieran haber delegado exclusivamente en los catequistas y sacerdotes".
¿Qué diferencias hay entre que "sean los padres quienes asuman el papel de ser catequistas de sus hijos" o que "esa catequesis la sigan dando los catequistas en las parroquias?".
- "No son apenas ninguna cuando los padres ACOMPAÑAN constantemente a los hijos en ese proceso de formación y maduración en la fe, pero son unas cuantas cuando hay excesiva delegación en otros de responsabilidades que les son propias en primer lugar. Algunos ejemplos:
  • Si las familias cristianas asumimos que somos esos catequistas que debemos ser procuraremos adquirir la  formación y coherencia de vida cristiana que nuestros hijos van a necesitar encontrar en nosotros.
  • Nuestros hijos e hijas no verán la catequesis como  algo postizo, una actividad más, realizada -además- fuera de casa, como si fuese algo extraordinario a la vida cotidiana, sino que la ven como lo que debe ser: algo propio de la misma vida, tan natural como ella misma.
  • La catequesis se podrá entender como un proceso de maduración en la fe no encorsetado en el tiempo o a unos espacios de tiempo determinados; no son las edades o fechas las que deben marcar, por ejemplo, la participación en los sacramentos sino el mismo proceso de maduración personal en la fe: "Yo no recibo el sacramento de la Eucaristía porque ya tenga 9 ó 10 años, o no solicito la Confirmación porque ya tenga 16 años... sino porque me veo con capacidad y quiero recibir esos sacramentos sabiendo plenamente lo que eso va a significar en mi vida cristiana".
  • ...
Con éstas palabras u otras -no son ellas lo fundamental- esto es lo que dialogamos y esto es lo que quise decir y comparto aquí.
Los que tenemos el deber y responsabilidad de EDUCAR a nuestros hijos e hijas debemos plantearnos "si de verdad asumimos todo lo que "educar" significa y si esa educación abarca toda la integridad de la persona de cada uno de nuestros hijos o creemos que podemos parcelar y distribuir competencias al respecto separadas unas de otras". De eso se deriva todo lo demás.
Desde mi  propia experiencia y realidad (no desde mi teoría que puede parecer fantástica) reconozco que no he tenido esto tan claro como dicen mis palabras (más bien hice lo que ahora tengo claro que no debería haber hecho).
Planteo sólo algunas cuestiones que nos pueden ayudar a ir dando pasos para que realmente seamos los padres y madres los primeros, los principales y los mejores catequistas de nuestros hijos:
- Hablemos con nuestra pareja sobre esto y debatamos sobre la forma de llevarlo a cabo.No demos nada por  supuesto, no creamos que Ya se irá viendo"... que se irá viendo, por supuesto, pero nos conviene ir orientando nuestros pasos a donde queremos llegar ya desde un principio.
- Tanto si estamos solos en la educación de nuestros hijos o, como en el punto anterior, vivimos en pareja, contemos con la comunidad y busquemos los recursos necesarios para la formación que necesitemos y vivir esa fe que queremos comunicar con coherencia y valentía. "Donde dos o más se reúnen en mi nombre... allí estoy yo en medio de ellos", dice el Evangelio.
¿Estamos dispuestos a tomarnos más en serio nuestro papel de EDUCADORES cristianos de nuestros hijos, o... seguiremos la inercia que nos ha llevado al momento actual?.
¿Queremos una revitalización de las comunidades cristianas y de la Iglesia doméstica que es cada núcleo familiar,  o... vamos a conformarnos con vivir la religión cristiana sólo como una sucesión de ritos, costumbres y actos más o menos piadosos pero a veces extraños a la vida real que vivimos?.
De cada cual depende.